Enrique Laviada
Enrique Laviada

Supongo que debe sentirse complacido el gobernador Alejandro Tello por la respuesta positiva de los legisladores zacatecanos a su convocatoria para estudiar las condiciones presupuestales de la entidad para el próximo año, incluidos sus graves riesgos, según se relata en el informe oficial del evento, realizado en la capital del país.

El encuentro en mención era un primer paso necesario para enfrentar, de común acuerdo, las necesidades más apremiantes y la gestión de los grandes proyectos de infraestructura en los que la actual administración ha insistido son los prioritarios. Vale decir que todo esto llega tarde. Que durante todo el periodo previo el gobernador aparecía aislado, sin capacidad de convocatoria suficiente. Su soledad se había convertido en desánimo. Pero al parecer, por fin, ha podido reponerse. En la reunión pudo constatarse que se encontraban suficientemente bien representadas las distintas bancadas parlamentarias, ahí estaban en una misma mesa todos los partidos.

Sin embargo, eso sólo es un comienzo, tardío, pero mucho más alentador que la parálisis o el desgano o la pusilanimidad que pudo observarse con anterioridad. Sin duda. A lo que deberán seguir muchas más reuniones y acuerdos y valoraciones con el mismo sentido común. Algo elemental. Que de ahora en adelante deberá completarse o construirse entre todos. Poniendo el interés de Zacatecas por delante de cualquier otro criterio, tal y como lo advertimos, con la debida impaciencia desde hace buen rato. Por la simple y sencilla razón de que se trataba de una vox populi, de las que bien se sabe que existen, pero no siempre se les escucha, y menos a tiempo.

Así como no comparto la parsimonia con la que suele conducirse el gobierno actual, tampoco su tono suplicante. Eso de “estamos en sus manos” me suena a debilidad de carácter. Creo que existen muchas formulaciones alternativas que podrían darnos motivos para sentirnos confiados y hasta orgullosos de quienes nos gobiernan, pero no. Esa dejadez puede convertirse en pretexto o excusa para no actuar. Lo que sería muy lamentable. Y en el peor de los casos, podría tratarse de un doble discurso. Lo que sería ridículo. El caso es que un gobernador poniéndose en manos de sus legisladores, en modo pasivo, no suena muy alentador que digamos. Por cierto, ya no pega, creo, aquella imagen que tanta devoción intentaron sembrar en la mentalidad local, de un gobernador bonachón, simple, con cara y gestos y actitudes de ciudadano común, no aplica a las actuales circunstancias. Además de que era muy tonta.

Tal vez sea mucho pedir, pero se requiere un gobernador echado para adelante, fortalecido por contar con la razón, resueltamente firme en sus propósitos, acuerpado -se dice en el argot de la política mexicana-, sin complejos de inferioridad, aunque sea tarde, pero sin sueño. Aunque usted, estimado lector, piense que se trata de una ironía, esta vez tejida en forma un tanto abusiva, sólo puedo decirle que seguro estoy de que, aunque sea mucho pedir, vale la pena pedirlo. Mal haríamos en contagiarnos, en el lado de los medios, de tanta indolencia y abulia quinquenal. No sería ni justo ni correcto.

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Acertijo

En lo que pedimos peras al olmo, habrá que plantar perales.

 


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