Enrique Laviada
Enrique Laviada

Este lunes toca el turno de acudir ante la actual Legislatura del Congreso del Estado, como representante del Ejecutivo, al aún secretario de Gobierno, un tal Jehú Salas, quien tendrá una oportunidad incomparable para confirmar (por si acaso quedara alguna duda) su completa incapacidad.

Que yo sepa, no hay registro en la historia reciente del estado, acerca de que alguien con tan escasa experiencia, trayectoria y dotes que hubiese ocupado ese cargo, con el agravante de que las circunstancias fuesen tan complejas y el contexto de tal manera inédito, que le hacen aún más pequeño en la escena.

A decir verdad, creo que es perfectamente predecible que les recete a los diputados un documento, armado en parrafadas inconexas, dedicado a justificar el desastre en el que se ha convertido la política interior desde su llegada al puesto, seguramente adornado (es ironía) con descoloridas alabanzas a quien ahí lo puso.

Le comparto, estimado lector, que la principal fuente que tenemos para documentar la inutilidad del tal Jehú provienen del propio gabinete del gobernador Tello, tan distraído como se encuentra en sus propios dilemas, de modo que no hace falta mucha perspicacia para saber que su permanencia obedece a una natural propensión hacia la mediocridad, lo que hace francamente ocioso buscar cualquier otra posible explicación.

De todas las barbaridades cometidas por Jehú, la que me parece más notable, por sus repercusiones nacionales e incluso internacionales, ha sido la de simular la solución del conflicto de la mina Peñasquito, mediante un montaje bastante ridículo, que exhibió a Tello como un mentiroso y puso al gobierno en un serio predicamento ante las autoridades federales y ante el propio presidente López Obrador, quien ha tenido que enmendarles la plana y poner las cosas en su lugar con el evidente objetivo de cuidar la inversión en esa industria, tan importante para el país y en especial para Zacatecas, lo que se convirtió en uno de los episodios, insisto, más sonados, con todo y la pena ajena que produjo.

Pero el recuento de los daños es mucho mayor, prácticamente afecta a todas las áreas que corresponden a las atribuciones legales de la Secretaría de Gobierno, lo que incluye la coordinación del gabinete, la solución de conflictos, la representación ante otras instituciones, el resguardo de la legalidad, las relaciones con otros poderes y con los partidos y las fuerzas políticas y los distintos sectores de la entidad. Todo está suelto, sin la atención debida, y de la seguridad pública mejor ni hablamos, porque eso, además, provoca miedo nomás de pensarlo.

La Secretaría, en tiempos del tal Jehú Salas, se ha convertido en una oficina en la que habitan y orbitan los tinterillos, los cartuchos quemados y los plumíferos a sueldo, dejando sin oportunidad a la existencia de verdaderos operadores políticos, con eso de que en la ideología tellista (ironía extrema) la política es sinónimo de algo malo, habrase visto semejante versión de la inmediatez. Vendrá, pues, el turno inútil en la glosa de gobierno.

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Acertijo

A veces son peores por la cuantía


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