STAFF | NTRZACATECAS.COM
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Dentro del naciente universo de las historietas o comics, en el año de 1940 fue creado un personaje como antagonista del hombre murciélago (1939), al que designaron Joker  y, efectivamente, estaba disfrazado de payaso. Bajo esta premisa, con el paso de los años, se convertiría en uno de los villanos más icónicos, no solo dentro en el mundo de las historietas, sino en la cultura popular. Fue en parte gracias a su traslado a la televisión, en 1966, en la serie protagonizada por Adam West como Batman y César Romero como El Guasón -como es conocido en Latinoamérica-, le imprimió un dejo de simpatía, debido al tono cómico de la serie.

Para su creación, el personaje fue inspirado en el filme El hombre que ríe (1921). Esta obra del cineasta expresionista alemán Paul Leni era una adaptación de la novela decimonónica del francés Víctor Hugo. En este filme, se relata la historia de un noble de fines del siglo XVII, quien se niega a seguir los mandatos del Rey Jacobo II y por tanto es castigado: se ordena desfigurar el rostro de su hijo, le hacen mantener una risa permanente, causándole problemas durante toda su vida, pues es incapaz de trasmitir sus emociones debido, en lo principal, por la mueca de risa. La fisionomía del personaje inspiró entonces a Bob Kane y Bill Finger, creadores de Batman, para el diseño del Joker, dos personajes ambivalentes: el hombre que ríe es un hombre inofensivo, el segundo será un criminal, sádico y psicópata escondidos en una sonrisa.

Desde entonces, los distintos escritores que pasaron por las filas para escribir las historias de Batman le dieron distintos orígenes e interpretaciones al personaje, siendo uno de los más notables el escritor Alan Moore, quien publicó The Killing Joke, explicando el origen de la locura del Joker indicando que sólo se necesita un mal día para pervertir al mejor de los hombres.

Sin embargo, con el paso de los años diversos autores plantearon otros orígenes  e incluso no sólo un Joker, sino varios, reforzando la idea de la ambigüedad del personaje y de sus propósitos; a veces atroces, como el asesinato a palos de Robin y reforzando la idea de que cualquier persona podría convertirse en Joker en una ciudad tan corrupta, violenta y desigual como lo era la ciudad ficticia de Gotham City, analogía de la ciudad de Nueva York.

Pasando por los mass media como en la pantalla chica, tal es el caso de Batman, la serie animada con la increíble voz y risa en su idioma original de Mark Hammil (Luke Skywalker en Star Wars). Una caricatura y dos películas aumentaron más la popularidad del personaje, como fue la gran interpretación de Jack Nicholson en la adaptación del director Tim Burton, Batman (1989) o con un manejo más realista y respondiendo al zeitgeist de la época de principios del siglo XXI como un terrorista en Batman: El Caballero de la Noche (2010), donde el payaso fue interpretado magistralmente por Heath Ledger, quien falleció a la edad de 27 años, poco antes del estreno del filme.

Hasta aquí llega lo que nos atañe, el recién estrenado The Joker, dirigido por Todd Phillips, quien se había dado a conocer como director de una de las mejores trilogías de comedia Hangover (¿Qué pasó ayer?), quien con apoyo de Warner Brothers se encargó de dirigir y coescribir un filme inspirado en el personaje de The Joker con un presupuesto mínimo y con margen de libertad, donde el resultado le valió ganar El León de Oro y aplausos de ocho minutos a su protagonista Joaquin Phoenix, en uno de los Festivales de cine más antiguos, el de Venecia, poniendo en ojos de críticos y opinión pública casi como una obra maestra, dando precedente a ser la primera película basado en comics de superhéroes.

Hasta aquí un paréntesis, el filme, aunque inspirado en comics como los que realizan producciones de Disney/Marvel o la misma Warner Brother como DC, debe decirse que quizá esta obra se aleja de los tópicos de esas cintas, posicionándose como un película más independiente de un género thriller psicológico, que se inspira, como su director afirmó en las películas de Martin Scorsese de los años setenta (véase Taxi Driver, y The Comedian, incluso ambos protagonizados por Robert De Niro quien también aparece en la cinta) y de hecho en un primer momento el mismo Scorsese fungiría como productor de la cinta.

Así, Phillips, inspirado en esos filmes, a través de una paleta de colores fría, nos introduce en el escenario: Gotham City en los años setenta, una ciudad sucia, contaminada, llena de pobreza y apatía social donde nuestro protagonista, Arthur Fleck, un realmente y como siempre magistral Joaquin Phoenix, se mueve, camina, deambula por estas calles de su casa donde vive y cuida a su madre y trabaja en una agencia de payasos; sin embargo sufre un trastorno que lo hace reír inesperadamente y que no puede controlar, y que lo ataca incluso, aunque emocionalmente no tenga esa sensación, condición que lo hace ir a ver a una terapeuta y esté medicado.

Aunque la condición psicológica sea el problema de Arthur en su paso a la locura máxima, por medio del guion y la escenografía, Phillips nos dará cuenta que los verdaderos detonantes serán los elementos sociales en el que se desarrolla: su propia familia, el trabajo y las políticas públicas que mantienen a la ciudad en un estado de pobreza, inmundicia y demandas sociales de la clase trabajadora y baja, pero sobre todo la apatía de la sociedad y de la clase alta simbolizada por el millonario Thomas Wayne, quien se posiciona como la persona adecuada para salvar a la ciudad postulándose como alcalde. Pero la misma sociedad normaliza esta situación viendo un programa de comedia protagonizado por el comediante Murray Franklin, (Robert De Niro), el mismo que Arthur admira, pues él quiere convertirse en un comediante.

Son estos elementos que harán la transformación completa de Athur Fleck, un hombre ignorado y violentado, hombre que encontrará la forma de dejar salir su locura como una especie de catarsis ante estas situaciones, viaje que será acompañado por una gran banda sonora cargada de armonías de un violoncelo gracias a la compositora islandesa Hildur Guðnadóttir, quien compondrá unas notas tensas y atmosféricas en este descenso. Para colmo, los enfoques telefotografiados harán una especie de enfoque alrededor sólo del personaje de Phoenix, sobre todo ya cuando ha abrazado su locura, sino nótese las escenas de baile, Joaquin Phoenix se posiciona con esta obra como uno de los mejores actores más comprometidos y entregado a sus personajes e interpretaciones; sin embargo, debido a la tonalidad de este personaje, no le auguro un Oscar.

El filme ha puesto una gran discusión sobre la mesa, sobre todo en Estados Unidos, debido al uso de la violencia a través de un personaje introvertido. La violencia mostrada es a través de un tono realista, perturbador y que incluso llega a incomodar al espectador. El mismo Phillips señala, quizá las causas de la violencia que viven nuestras sociedades modernas responden más a causas sociales que a ficticias.

Este mismo elemento vuelve más interesante al filme, ya que se trata de un producto del cine comercial, cosa que quizá no es tan común mostrar en el cine comercial y con un personaje de la cultura popular, es así que ¿nos enfrentamos o a una reinvención del género de los súper héroes, o cómo lo planteábamos más arriba, de una nueva narrativa cinematográfica comercial, alejada de tópicos simplistas y en servicio a satisfacer a los espectadores? Nótese la poeticidad de la escena al final, antes del epílogo.

Joker, el hombre que ríe

 Edgar Alejandro Palacios Gaytán / Sostiene en Facebook la página Enfoque. Cineymas.


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