Enrique Laviada
Enrique Laviada

En un denodado esfuerzo mediático, el gobierno de Alejandro Tello anuncia, nuevamente, el levantamiento del bloqueo en la mina Peñasquito, ése que tantos dolores de cabeza le ha causado a la actual administración, tan mal manejado y peor negociado.

Éste ha sido uno de los lamentables casos en los que el gobierno local se ve, desde el principio, completamente rebasado no por la intensidad, la representatividad o la fuerza de quienes ejercen su derecho a la protesta, sino por la incapacidad de los funcionarios encargados de atender el problema y buscar la mejor y más pronta solución.

Sin que se dieran cuenta o de manera despreocupada, los depositarios de la impericia oficial permitieron que José Narro pusiera en jaque la producción minera, dejando a la empresa, a sus trabajadores y empleados, así como a las decenas de empresas proveedoras de servicios en completa indefensión, frente a los abusos y los desplantes y la fanfarronería de un archiconocido mercachifle, léase comerciante de poca monta profesionalmente dedicado a “administrar” conflictos sociales. El mismo subsecretario de Gobernación a nivel federal, Ricardo Peralta, nos dijo que era sorprendente cómo Narro parecía, de pronto, tener la llave maestra para cerrar y abrir minas a su antojo. De ese tamaño.

En repetidas ocasiones, el gobierno de Tello clamó por una solución negociada, mientras Newmont–Goldcorp organizaba una manifestación multitudinaria en la capital del estado y se quejaba de padecer intentos de extorsión, se habló de millones de dólares, sin que hasta el momento se hayan esclarecido, hasta llegar al anuncio o amago de la trasnacional sobre la posibilidad de cancelar sus operaciones en la mina de Mazapil, con el consecuente impacto no sólo en nuestra economía, sino como una mala señal para las inversiones del sector en el país.

El gobierno estatal, desafortunadamente, ha fincado su intervención en los recursos mediáticos, más que en la efectividad del diálogo, sin operadores políticos con la destreza necesaria para marcar una ruta y hacer valer la autoridad del gobernador, al grado de que ha tenido que ser él mismo el encargado de hacer la tarea que a otros les correspondía, para ponerse de nueva cuenta en los reflectores de la crítica. Sé que les molesta que lo diga, pero fue una tontería en redondo, simular una apertura de la mina y un regreso a sus operaciones normales, para tener que reabrir el expediente mediático de nueva cuenta ayer. Por cierto, con la misma falsa pretensión de que ha quedado resuelto el conflicto.

Lo que sabemos es que la empresa ha puesto como condición indeclinable que el bloqueo fuese levantado para continuar con las negociaciones, lo que al parecer se ha logrado, en un “nado sincronizado”, según la expresión utilizada por Peralta, es decir, con la participación de los ejidatarios, la empresa y los gobiernos federal y estatal. Pero eso de ninguna manera significa que todo haya regresado a la normalidad, o para decirlo en términos coloquiales, “esto no se acaba hasta que se acaba”, y tiene que ser confirmado en la realidad, no en boletines o declaraciones mediáticas confeccionadas a la medida por los mediócratas (léase burócratas mediocres) del quinquenio.

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Acertijo

Por causas no ajenas a nuestra voluntad, nos encontraremos en estas mismas páginas hasta el próximo miércoles, por lo pronto ahí queda la víbora chasqueando.


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