David H. López
David H. López

Hace meses dejamos inconclusa una reflexión sobre el dinamismo y la opciones que nos otorgan las redes http://bit.ly/2HyR01Z

“Libertad responsable” fue el apelativo que quedó pendiente, pero antes de abundar en él, vale la pena el contraste que nos es accesible ahora para quienes vivimos la transición de la televisión de 4 canales, a 8, 16, televisión de paga con cientos, y a la vorágine de Internet: Youtube, Netflix, y su oferta ilimitada. Tanto, que empleamos más tiempo seleccionando contenido que viéndolo. Son otros tiempos con otros problemas.

¿Tiene más de 40 años? ¿Recuerda cuando veía la televisión en familia? ¿Recuerda a su folclórico pariente que gritaba improperios ante jugadas inverosímiles de futbol, decisiones arbitrales injustas, y resultados adversos? El deporte en vivo era el ejemplo más vívido de querer hablarle al televisor. Sólo si los contertulios estaban sintonizados con nuestro estado de ánimo, podíamos encontrar empatía, de lo contrario nos tildaban de locos.

Era el sentido común anidado en nuestras mentes que nos estimulaba a emitir respuestas espontáneas al televisor. Luego, ver y escuchar una noticia nos enardecía o serenaba, porque estar informados en el trasfondo, nos hacía sufrir por un televisor unidireccional al que no le podíamos responder.

¿Recuerda cuando salir en la televisión era todo un acontecimiento?  Para quien la fama de salir “a cuadro” era un acontecimiento irrepetible, no desaprovechaba la ocasión de mandar un saludo “a mi mamá que me está viendo”. Entre aquellos tiempos y estos hay una brecha de 20 años.

Llegó Internet y la autotransmisión; la época de la comunicación unidireccional murió con el nacimiento de las plataformas basadas en Internet y los contenidos “en demanda”; esto es, tener lo que queremos ver a la mano para cuando querramos y sin molestas interrupciones publicitarias. Lo anterior cambió la dinámica de consumo de información.

Aunque “no hay lonche” gratis: la publicidad sigue existiendo, y los comerciales también. Todo termina siendo rehén de la operancia de los contenidos para atraparnos o perdernos.

Antes dependíamos de cambiar de canal mediante una perilla y nuestras madres y abuelas nos usaban de niños como control remoto, “cámbiale al canal 2 que ya va a empezar la novela”. Era tal la cautividad que salvo en esos casos, un canal duraba horas sintonizado y con él el consumo publicitario. Era la edad de oro de la televisión. Ahora bien, ¿recuerda cuándo la vio por última vez?

“Tienes cinco minutos para captar mi atención”, decía un antiguo empresario implacable, asertivo, feroz para aprovechar oportunidades atractivas de negocio o desechar pérdidas de tiempo. Quien lograba la proeza de conseguir 10 minutos de su tiempo en su oficina, podía llegar con una presentación de máximo 2 hojas de rotafolio u hojas tamaño carta para, precisamente, atrapar su atención.

Ahora nosotros somos ese empresario. Conforme deslizamos la pantalla hacia abajo en el menú de videos de Youtube o en el muro de noticias de Facebook, las cosas nos atrapan o nos pierden para siempre. En esto último Facebook se ha vuelto más eficiente para educar a su algoritmo y desplegarnos cosas con mayores probabilidades de interesarnos. Sobre esto ya comentamos. http://bit.ly/2UtVFXO

Estamos en el umbral del consumo libre y de la navegación libre, lo que ya nos lleva también a la interacción libre. Un Twitter 100 por ciento interactivo, un Youtube y Facebook con secciones de comentarios en tiempo real. La oportunidad tangible de responderle a la televisión para quienes la vimos unidireccional y dictadora, y el sueño de nuestros antepasados que no alcanzaron a verlo.

¿Nuestra respuesta está a la altura de una libertad responsable? Sobre eso platicamos la próxima.

 

Twitter: @vidolopez


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