Rafael Calzada Vázquez
Rafael Calzada Vázquez

Del Estado fallido al Estado con fallas

Vertiginosamente fue recorriendo el país y el mundo la noticia: El ejército tenía detenido a Ovidio Guzmán y lo soltó.

Versiones, todas con cierto grado de credibilidad, muchas sustentadas en videograbaciones de teléfonos inteligentes, dieron cuenta de la agresividad del equipo de los Chapos contra de la población de Culiacán y especialmente contra la familia de los soldados que se encontraban viviendo en las habitaciones de las edificaciones que justamente con ese propósito realiza la SEDENA.

Sun tzu, (El maestro Sun) en el arte de la guerra nos indica que un general que quiera resultar victorioso ha de escoger el campo de batalla a donde le resulte conveniente.

La táctica para detener a un probable delincuente, fue el detonador de la violencia.

Escogieron para celebrar la batalla un campo inadecuado: La ciudad. El refugio de familias donde han encontrado en la muchedumbre la protección, la ayuda mutua y el intercambio de bienes, servicios y favores. Ahí donde ciertamente se encontraban los miembros del ejército de los chapos, y donde viven además las familias de Culiacán.

Quienes determinaron esa táctica se equivocaron. Pusieron en riesgo a todo Culiacán. Pusieron en riesgo al Estado Nacional, en la estabilidad, gobernabilidad y credibilidad.

La contraorden vino de muy alto. Dicha instrucción, más o menos, consistió en decirles: dejen ir a, “Don Ovidio, El nuevo gobernador de Sinaloa” (Luis E. Mercado Dixit). Ya habrá oportunidad de echarle el guante.

Esa sensata orden evitó el baño de sangre que inmediatamente exigían los que le declararon la guerra al narco, los que soltaron al Chapo y pactaron con él; los que soltaron al Mencho, los que llevaron en una espiral ascendente la violencia asociada a la delincuencia muy organizada, los que tuvieron a la Secretaría de Seguridad Pública al servicio de dicha delincuencia. Los responsables de Ayotzinapa, de Atenco, de San Fernando, de la desaparición del Estado de Derecho en Morelos, Tamaulipas, Michoacán y Guerrero: La Conserva.

En mi opinión, quienes idearon, deliberaron, resolvieron e instrumentaron la detención de Ovidio Guzmán, lo hicieron inadecuadamente.

No debe pagar ni política ni moralmente el presidente por esos equívocos.

Considero que va contra la naturaleza de la nación quien le regateé su respaldo al presidente.

La nación y el Estado, conjuntamente debemos revisar sin tapujos la estrategia de pacificación y la implementación del Estado de Derecho.

Oigo quienes llaman a esta experiencia el Estado Fallido. Les falta información.

Hemos tenido síntomas de Estado Fallido desde hace mucho. Pero hoy sólo tenemos un Estado Fallando.

Aún así retroalimentándose de la información correcta, evaluando y corrigiendo. Ello no es, por mucho, síntoma de Estado Fallido.

Sólo es un ejercicio de pacificación basándose en pruebas de acierto y error. Es decir, es obvio que cuando menos en ese operativo falta planeación, comunicación, integración y resultó en un error.

Lo positivo del caso es que no tenemos, como si lo hemos tenido en otras épocas, un gobierno pactando con los criminales. Ceder a las presiones no es pacto. ¿Cómo forzar una sinapsis para que lo entiendan los enemigos del régimen? El pacto es un acuerdo de voluntades para crear, derechos y obligaciones. El Acuerdo para la realización de una actividad. Por el contrario, en esta ocasión contra su deseo y voluntad, el régimen cede y libera al probable delincuente para salvar el bien mayor que es la vida, la integridad física de los habitantes de Culiacán, sus bienes y restablecer la paz pública.

Este error lo pudo capitalizar políticamente la derecha.  La paradoja es que del evento el presidente sale oliendo a rosas.

Espero la renuncia de los responsables. ¡Por el bien de todos!


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