MIRIAM SERRANO Y CUQUIS HERNÁNDEZ | NTRZACATEZAS.COM
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VALPARAÍSO. Un homenaje póstumo por demás emotivo y envuelto en el desconcierto y también tristeza de la gente del pueblo, fue el que se vivió la tarde de este lunes, para despedir al director de la Dirección de Seguridad Pública Municipal (DSPM), Adalberto Ochoa Escamilla, quien falleció durante un enfrentamiento contra civiles armados en una de las principales avenidas de la cabecera, este sábado.

Las autoridades municipales, encabezadas por el alcalde Eleuterio Ramos Leal, funcionarios y regidores del Ayuntamiento, rindieron el homenaje de despedida al responsable de la seguridad de Valparaíso, en un acto en el que hubo toque de la Banda de Guerra que acompañó el trayecto del cuerpo hasta el panteón, al igual que lo hizo la música de banda que entonaba tristes melodías para despedir al hijo que se iba para siempre.

Don Beto, como le decía el alcalde, tenía 49 años, dejó a su esposa y cuatro hijos, era originario de Ameca El Viejo y estaba a cargo de los 42 elementos con los que cuenta el Ayuntamiento.

Durante las pompas fúnebres se destacó la trayectoria de quien en cumplimiento de su deber cayó abatido por presuntos criminales.

Más tarde, luego de una misa, también conmovedora, que logró estremecer los más sensibles sentimientos de los asistentes al recordar a Adalberto Ochoa, el cortejo, encabezado por los familiares más cercanos que cargaban una fotografía del finado, partió hacia el panteón municipal, en tanto el féretro viajaba en una carroza y detrás, decenas de personas que se sumaron a la despedida.

La barca en que me iré era la melodía que la banda tocaba cuando el cortejo fúnebre llegaba a la última morada.

La emotividad se sintió aún más porque una valla de adornos y coronas florales alegraban, aunque sea en menor medida, el día nublado.

La tristeza se palpaba en el ambiente, mientras el pueblo le daba el último adiós a Beto, hijo de Don Polo y Doña Lencha, quienes de manera incansable recibieron, incluso vía redes sociales, el sentido pésame por su pérdida.

A un momento de silencio de la banda, el ingreso de la gente al panteón fue en silencio, mientras la música se hizo de nuevo para sacar el cuerpo envuelto en un féretro de madera, que fue cargado por los elementos de Seguridad a los que Alberto dirigió.

Nueve policías cargaron la caja, que era resguardada por un amplio número de acompañantes, mientras en un momento íntimo, se dio la despedida final.


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