Cuquis Hernández
Cuquis Hernández

La escuelita-mercadito del Congreso

 

Y agotaaados quedaron los diputados casi al final de la sesión en la Legislatura local este jueves, luego de descargar la hiper-hiper-hiperactividad que se cargaban todos, salvo uno que otro que, como en la escuela, sí puso atención al maestro y a quienes pasaban a tribuna a plantear sus sendas iniciativas.

Noooooo, no, no, no, no si nomás es que les den tantita cuerda a nuestros representantes ciudadanos, nomás es que les digan “mi alma” y se vuelan todiiitos. Andaban con una cuerda, estimado lector, a tooodo lo que da.

Y fue tanto el desorden que traían, que el presidente de la mesa directiva, Pedro Martínez, cuya paciencia, –me consta– es muuuchaaa, tuvo que llamar en un primer momento a que tooodos los que andaban parados y en el vil chal, tomaran su lugar; en la petición, iba inmersa la amenaza como la de las mamás que echan a sus ‘bendi’ sendos ojotes de: vas a ver cuando lleguemos a la casa, para que también guardaran silencio.

De nada sirvió porque nadie le hizo caso y los diputados siguieron en lo suyo, como en el mercado con el típico páasele, páasele, sí tenemooos, cómo nooo.

Ya de plano el presidente a la 1:22, entre la entradera y salidera de gente en el recinto y el parloteo que no paraba, al momento en que el diputado Guadalupe Correa planteaba en tribuna su propuesta de Ley de Movilidad, Pedro Martínez volvió a tomar el micrófono para pedirles a los niños de la Escuela Legislatura 63 “a ver si le pudieran permitir al diputado continuar su lectura”.

Y sí, adivinó, tampoooco le hicieron caso. Recuerde usted, estimado lector, que son 30 patrones, 30 jefazos que pueden arreglar el mundo o hacerlo pedazos con su bla bla bla, sin que nadie les diga nada. La duda queda en, si de verdad están muuuy empapados de los temas que cada diputado lleva a tribuna, como para no escucharlos. Saabe…

 

Sala de

prensa

Y siguiendo con el desorden de este jueves, afuera los reporteros no cantaban mal las rancheras. De pronto Mario Padilla preguntó que cómo se podía llamar la sala de prensa, a lo que Víctor respondió: Mario…Padilla. Las carcajadas no se hicieron esperar: “aaaay no maaa”. Eso dio pie a que otros opinaran, como Raquel, que bien pudiera llamarse las 15, por aquello de que muchos salen directito a la cantina que está a unos pasos. Luego Mario comentó que podría llamarse Gorditas Congreso, Gorditas el Decreto, Punto de Acuerdo, en fin…

Y mientras… Aaaahhh, ya huele a Navidaaad.

Aunque de la cocina del recinto no salían más que cafés, tés, uvitas verdes, cacahuatitos, el olor que aromatizaba el ambiente era como de ponche. En tanto, Lolo Hernández, que por lo regular no tiene nada, pero nada qué hacer, más que votar cuando se requiere o irse a su oficina y desaparecer, este jueves, apenas vio a Juanito con su cámara, asshhh, vanidosiiillooo, posó alegremente mostrando sus brackets, y pidió que le tomaran una foto sentado en el tablón que ocupan los camarógrafos, “a ver qué se siente estar aquí”. Ya entrado en la sesión, pidió una más con el brazo recargado en la sillota de la curul de Aída Ruiz… Mientras Juanito andaba más que asoleado complaciendo a sus 30 patrones con fotos tras fotos. Pero como que dentro de todo el desorden de esta sesión, los empleados de prensa nomás no pararon toda la mañana corriendo de allá para acá, al igual que lo hicieron las niñas del lonche. Por cierto, que al medio día Emma Lisset de plano se paró a ver qué había de comer porque regresaba de México y ya temblaba de hambre….

En un instante, los reporteros desaparecieron de la sala de prensa. Estaban afuera, entrevistando a uno que dijeron, es “el gato” de Soledad Luévano. Su nombre, Ernesto González “de Luévano”, quien venía en pos de ser escuchado sobre el tema JIAPAZ, por los abusivos aumentos al servicio del agua potable.


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