Alberto Chiu
Alberto Chiu

Para decidir…

 

A un año de la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la silla presidencial de nuestro país, tuvieron lugar ayer diversas manifestaciones (ya lo sabe, unas a favor, otras en contra) para expresar distintos puntos de vista sobre lo que se ha logrado y lo que no; sobre los presuntos avances y/o retrocesos; sobre los compromisos presuntamente cumplidos o los que faltan por cumplir.

Manifestaciones (marchas, mítines, etcétera) cuyos participantes se lanzaron, como se sabe, unos contra los otros; algunas descalificaciones, señalamientos de acarreo, supuestas evidencias de los clásicos “lonches” de acarreados, mantas y pancartas de los que “los otros” hicieron mofa. Es decir, más de lo mismo de lo que hemos visto a lo largo de los años recientes, sea quien sea el que detenta el poder temporal, sin importar el color de su filiación partidista. ¿Qué ha cambiado entonces?

Pareciera, a simple vista, que nada más que los extremos desde los que se gritan prácticamente las mismas consignas, sólo que de bandos distintos. Las críticas y señalamientos se suceden uno tras otro, y quizás también los rechazos a los mismos, con mayor o menor displicencia, con mayor o menor desprecio a quien critica. ¿Y qué no sucedía antes lo mismo, o por lo menos algo muy parecido?

Mientras unos celebran y otros lamentan este primer año de gobierno de López Obrador, al mismo tiempo vemos cómo dentro de la vida de los partidos políticos se desarrolla toda clase de luchas internas, unas acaso más virulentas y espectaculares que otras, unas con ánimos de “alianzas” y otras definitivamente cismáticas… pero nada que no se haya visto antes. ¿Y a quién le va usted a creer a la hora de que todos ellos (los políticos) le pidan un voto para lo que sea? ¿Cuáles serán sus parámetros de evaluación para decidir?

Como quiera que ocurra, me parece que cada uno de nosotros (sí, individualmente) debemos ya empezar a formar (si es que no lo hemos hecho) una especie de cedazo, un filtro para discernir quién en realidad busca hacerse del poder para beneficiar a todos, y quién lo busca para beneficio propio. O sea, quién busca ayudar, y quién busca aprovecharse. Y ahí no cuenta el que haya o no recursos públicos, o que haya mucho o poco margen de acción, pues quien pretende aprovecharse lo hace de todos modos. Y quien busca ayudar, también lo logra con suficiente imaginación e inventiva, arduo trabajo y demostrada vocación de servicio.

Ahora bien, las experiencias también nos han dado muestras de que no basta con escoger “buenas personas”, ni “líderes carismáticos” para que ejerzan el GOBIERNO (así, con mayúsculas), sino que hay que buscar personas con al menos cierta experiencia en la administración pública, con conocimientos sobre el trabajo al servicio del pueblo.

A menos, claro, que cada quien decida (personal o familiarmente, por ejemplo) elegir por “la costumbre”, por “tradición familiar”, porque “es quien repartirá más dinero”, etcétera. A cada quien nos toca decidir; a cada quien nos toca hacer ese cedazo, y filtrar personas. Y por supuesto, enseñarle a los más jóvenes a hacer ese discernimiento, mediante el ejemplo.


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