Rafael Calzada Vázquez
Rafael Calzada Vázquez

Los retos de la democracia mexicana

 

Leyendo a Ma. Aidé Hernández García, en su texto referente a los retos de la democracia mexicana,  me vienen a la cabeza las formas de aplicar al nuevo estado nacional, el de la 4T, las preguntas que se formula el libro, respecto a la construcción de ciudadanía y la inclusión de las capas sociales discriminadas: mujeres, adultos mayores, personas con discapacidad, indígenas, no heterosexuales, niñas.

Actualmente está en la mesa de las discusiones sociales el debate que plantea Kymlicka,  “para lograr el desarrollo de las democracias modernas es necesario el fortalecimiento de una ciudadanía multicultural; sin embargo, en México, a pesar de las exigencias teóricas, el ciudadano no respeta la diferencia, y por el contrario, existe el fenómeno de discriminación en un alto porcentaje hacia diversos grupos sociales. Por ello no se ejercen derechos básicos de las minorías y se evita el desarrollo social, al padecer de una sociedad mutilada por la discriminación de grandes sectores, entre los que sobresalen, por supuesto, las mujeres y más si son niñas, los adultos mayores, las personas con discapacidad, los naturales (indígenas), los de preferencia sexual diferente y los que no tuvieron acceso a la educación y al empleo.

Los sujetos formados en la adversidad, no se creen dignos de exigir sus derechos, ni siquiera los que ya tienen concedidos en la ley.

La autora Hernández García, atribuye dicha discriminación la característica de ser producto de una construcción cultural, resultado de una socialización en donde participa la familia, la escuela, los medios de comunicación masiva, el trabajo, los amigos, las asociaciones. Y además se reproduce de generación en generación. Señala que muchos mexicanos ni siquiera somos conscientes de ello.

Si eso no cambia la existencia de una ciudadanía plena, con conocimiento y en ejercicio total de sus derechos, será muy difícil de alcanzar, con las consecuencias que esto acarrea para la democracia. Consideramos, y en ello coincido con la autora, que se debe poner en la agenda pública la formación de una cultura de la no discriminación y del respeto a la diferencia social.

Es menester señalar que los derechos, como lo señala Kymlicka, “no tienen que ser iguales para todos los ciudadanos”. En justicia, un ciudadano pleno es fundamental para lograr la consolidación de la democracia.  Si el ciudadano no cuenta con educación es muy difícil que tenga el capital cultural que le permita informarse correctamente.

Ahora bien, eso se explicita muy claro en la lectura con las aportaciones de T. Marshall y de Will Kymlicka respecto a qué derechos necesitan los ciudadanos para lograr las condiciones fundamentales para su desarrollo.

Donde el Marshall  propone que en un territorio determinado los ciudadanos gozan de derechos y obligaciones garantizadas en la ley. Parejo, sin distinción.

Kymlicka, autor de Ciudadanía multicultural, distingue tres tipos básicos de culturas: a) Minorías Nacionales, b) Grupos Étnicos y c) Nuevos Movimientos Sociales.  Por ello propone tres categorías para fortalecer el multiculturalismo: 1 Autogobierno, 2 Derecho Poliétnico, 3 Derechos especiales de representación. Con los derechos diferenciados podrán fortalecer una sociedad plural y democrática, empero nunca considera que la cultura pueda ser una barrera para garantizar el fortalecimiento de los derechos  y que debe atenderse la discriminación cultural por la diferentes razones, entre otras las señaladas en el tercer párrafo de este resumen.

La 4T incluye ahora a un sector muy minoritario en sus políticas públicas (los indígenas mayores de 62 años) a los que no se ha incluido realmente (ni siquiera a los más jóvenes) en las decisiones políticas nacionales.

La inclusión es la clave del inicio de la justicia social.

 

 


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