Óscar Novella Macías
Óscar Novella Macías

1 de diciembre: Los dos Méxicos

 

¿Es lícito confundir la prosperidad de

una clase con el bienestar de un país?

Eduardo Galeano

 

I

Este 1° de diciembre también fue la fecha en que se realizó la llamada “Marcha Fifí”,  una protesta que tenía la intención de reunir las voces opositoras a la 4T. Como concentración de personas fue poco significativa, algunos cientos desperdigados, pero como fenómeno social tiene matices más interesantes. En primer lugar, ¿quiénes son los que convocan? Pues los sectores más conservadores, reaccionarios y privilegiados de la sociedad mexicana. Pudimos ver entre los asistentes, personajes que abiertamente se han revelado homofóbicos, clasistas y machistas.

No puede dejar de indignarme cuando se reveló que varios “fifís” obligaron a ir y cargar las pancartas a sus trabajadoras domésticas. De la misma forma, no permitieron realizar su trabajo a periodistas que no les eran ideológicamente afines. No podemos dejar de mencionar a los empresarios que coaccionaron a sus trabajadores para asistir a la manifestación (y aun así los números fueron bastante lamentables).

Los organizadores de esta manifestación (figuras prácticamente en el olvido de la política mexicana) no comprenden que el México que quieren conservar es un país que lastima a la enorme mayoría, y por tanto, está condenado a desaparecer. Sólo basta mirar las consignas y pancartas para ver el tipo de sociedad que busca este sector: son un grupo que simpatiza con el golpe militar ultraderechista en Bolivia; que reivindica consignas racistas y clasistas; que abraza el fundamentalismo religioso más intolerante; que considera afrentosos los derechos de las mujeres  y la comunidad LGTB+. En fin, son aquellos que ven en la integración de los otros la vulneración de su supremacía.

Fox, Calderón, Quadri, la señora encopetada que les grita a los periodistas, buscan preservar el México de las prerrogativas, quieren conservar las dinámicas de discriminación por género, orientación, raza o clase social. Los asistentes a esta marcha estaban tan acostumbrados al privilegio que la búsqueda de la igualdad les parece opresión.

Ante este escenario podemos ver que el motor de la Marcha Fifí está movido por el odio, la discriminación y el elitismo. Los organizadores y asistentes tienen que entender que su conservadurismo virulento no tiene cabida en este México. Como bien diría el presidente Juárez: “el triunfo de la reacción es moralmente imposible”.

 

II

Ha pasado un año desde la toma de protesta del presidente Andrés Manuel López Obrador, así como va, a secas, lo decidió el país antes de que arrancaran las campañas, antes del primer debate, antes del primer volante con la palabra “vota”.  Votamos por él porque quisimos ver a nuestro país en medio del cambio, porque quisimos que se rompiera el círculo vicioso en el que estábamos, para que todos veamos el México que es posible. Tachamos en esa boleta el símbolo al que le tuvieron que arrancar el águila juarista, aunque no pudieron arrancar a Juárez y  lo que representa.

Hace un año y medio, votamos por AMLO por las mismas razones que muchos; mi voto fue por mi convencimiento de que está haciendo la diferencia. Mi voto, así como lo fue el de millones, fue porque quiero que construyamos un futuro como sociedad, que destruyamos  la pared de malas decisiones y malos manejos, que se encienda la pólvora y un nuevo México se nos revele.

Este año es el producto del cambio, ya no podemos apostar al inmovilismo, por el México del statu quo, ahí donde se cuidaba la macroeconomía para que sigamos siendo pobres a meses sin intereses, ahí donde los moches y reformas tecnócratas combaten todo, menos la pobreza, ahí donde la corrupción ya a nadie sorprendía, ahí donde vivíamos desesperanzados. Prefiero la transformación, el cambio, la destrucción creativa, la carta de intenciones transformada en nuestro testamento, prefiero eso que seis años más del país donde no pasaba nada.

Este primer aniversario me llena de optimismo, porque cuando pasen seis años, producto de los cambios sociales y progresistas, surgirán más voces que eliminen para siempre el conservadurismo, la desigualdad y la injusticia que han destrozado este país. Porque hoy, a un año del inicio de la 4T, terminamos con el aislamiento que a nuestro alrededor quisieron levantar. Nos encontramos los que nos sentíamos huérfanos ideológicamente, que vomitamos frente el pragmatismo más bajo, que escupimos a los tecnócratas que quieren gobernar desde los números.  En medio de la soledad de una democracia que nos había fallado pudimos reagruparnos los que repudiamos a un rey chiquito que se erige sin escrúpulos y ha hecho de la traición su moneda de cambio, que rechazamos a una clase política que se presenta como independiente sólo porque no tenían suficientes canicas para jugar en sus partidos.

Este año, Obrador nos confirmó su cara real, esa que muestra desde hace 18 años. Esa cara que nos recuerda a  Mujica,  Kirchner, Lula, Evo, Correa, a toda esa fuerza popular que por fin se enfrenta a las grandes desigualdades, a los poderes que apostaron por  injusticia y administrar la falsa abundancia, esos que vestían Hugo Boss, que fueron ineptos, corruptos, autoritarios y pensaban que de alguna forma extraña eran dueños de  México.

 


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