Felipe Andrade Haro
Felipe Andrade Haro

CRÓNICAS RANCHERAS (26)

 

Ésta es una de tantas historias, tan comunes y tan cerca de nosotros, que parecen la pura neta. Pero la realidad es más méndiga. Chale.

Los vecinos de la colonia “Yeidckol Polevnsky” se reúnen para organizar las posadas de la temporada decembrina.

–Doña Jovita: Pos yo estoy de acuerdo. Nomás hay que decirle a los chamacos que no traigan tanto vino, porque luego andan haciendo muchas figuraciones, que Dios nos tenga de su santa mano.

–Doña Chilo: Pos se van a aburrir juar, juar, juar. Pero estoy de acuerdo y hay que decirles a las muchachas que tengan recato. El año pasado la Chuchena traía un vestido, si así se le puede llamar, que no le tapaba nada. A mí se me afiguraba que azotaba de una pulmonía la pobre.

–Doña Mere: Pos que enseñen, están muchachas. Usted porque ya no está para eso, sus mejores tiempos ya pasaron Chilo.

–Doña Chilo: Uyyy ya habló la Miss Universo. Aunque lo dude todavía tengo mis cachos buenos que atraen a los hombres. Es cosa de cuidarse y tomar mucha agua serenada.

–Doña Jovita: Pero no nos salgamos del asunto. Ya acordamos hacer las posadas. Cada vecina recibirá a los peregrinos, cantaremos y rezaremos antes de comenzar a pecar. Digo, por lo de la comelitona y la bebida, porque yo sí me tomaré una cervecita.

–Doña Mere: Y los viejos se echarán sus mezcales, a poco cree que nos la van a perdonar. Nomás hay que poner reglas, hay que cuidar la seguridad de todos y la moral para evitar lo de cada año.

Llegan otras dos vecinas.

–Doña Mili: Y por favor que la música sea decente. Ya vieron hace dos años que el chamaco de la esquina se puso como loco que bailando no sé qué y quedó trabado el pobre. Tuvo que venir la ambulancia a llevárselo.

–Doña Titina: Pero sobre todo seamos buenas católicas. No hay que olvidarnos de rezar como debe de ser y, si se puede, un rosario como Dios manda. La vez pasada no habíamos pedido posada y los chamacos de la tienda ya andaban cayéndose de borrachos. ¡Qué horror!

–Doña Chilo: Ahí andaba su hijo también, no se le olvide, para que le diga que sea recatado y no ande diciendo malas palabras.

–Doña Titina: ¡Qué cosas dice! Mi hijo es un alma de Dios, ya lo quisieran sus hijas para dominguear. Además se baña y se perfuma, no anda oliendo a zorrillo como otros.

–Doña Jovita: ¡Silencio, caramba! Cada año es lo mismo con ustedes, nomás criticando todo y a la hora de la cooperación se hacen guajes. Por eso en la presidencia nunca nos ayudan con nada. De los diputados ni hablar.

–Doña Mili: Sí es cierto. El panzón diputado mandó cacahuates rancios el muy jijo. Y de los quinientos pesos pidió factura. ¡Eso es no tener mamacita! Con perdón de ustedes.

–Doña Mere: Ya ni me recuerde a ese desgraciado. Pero va a venir a pedir votos y le voy a dar unos madrazos. En fin, entonces ya sabemos lo que vamos a hacer: tamalitos, buñuelos y un bailecito decente. Nada más porque no tenemos dinero para más.

–Doña Titina: Pero que todos cooperen, porque hay algunos que nomás se hacen.

–Doña Chilo: No sea mala alma. ¿Cómo le vamos a pedir coperacha a los del 33? El señor no tiene trabajo y anda de cargador en un camión, la señora sale a vender semillas con sus hijas. ¿De dónde los pobres?

–Doña Titina: Pos que se traigan unas bolsitas de semillas por lo menos. Pero todos parejos, como en la danza.

–Doña Jovita: Tiene razón. Y como usted el año pasado no trajo nada, que porque estaban en la quinta chilla, le toca traer el doble esta vez. Nomás para que se le quite lo mala alma. Y dígale al catarrín de su marido que si quiere ponerse briago, traiga su propio veneno porque aquí nomás viene a ponerse hasta las chanclas de pura gorra.

–Doña Titina: Pues gozarán de mi ausencia, porque me invitaron a una posada de a deveras en el nuevo trabajo de Hilario. Hasta rifas van a hacer, al cabo para el gobierno.

–Doña Chilo: En caridad de Dios que no va a venir. Así que cúchila con su catarrín, méndiga vieja creída.

Las mujeres se retiran.

–Doña Jovita: Cada año es lo mismo. Creo que mejor me voy a enfermar para no verles la jeta. ¡Pinches locas!

¡PERO AHORA SÍ, LLEGARON LOS GORRONES!


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