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El historiador Robert Fossier dedica la primera parte (“Un mundo multicultural”) de su libro La sociedad medieval, publicado por editorial Crítica, al tema que considera de mayor importancia para la conformación de lo que posteriormente será el mundo medieval occidental: comprender los rasgos propios y distintivos de los dos grupos representativos que se fusionarán para dar a luz al medievo: los romanos y los bárbaros.

Para entender como ocurrió esta fusión social, cultural y política Fossier pretende rehuir las explicaciones tradicionales, pues considera que se basan en falsos supuestos, el más importante es la tendencia a considerar que el inicio de la Edad Media representó un retroceso —culpa de los bárbaros, por supuesto— en los avances que Roma había logrado.

Mediante testimonios de la época muestra poco a poco que en realidad los bárbaros no eran tan distintos de los romanos. Por ejemplo, el repudio a los bárbaros por su excesiva violencia es en realidad una idea moderna y los romanos ejercían un nivel de brutalidad muy parecido. En la época en que estas prácticas de extrema violencia ocurrían, las esporádicas quejas al respecto provenían  de una diminuta élite conformada principalmente por los escasos clérigos.

Una cuestión que se analiza y se pone en entredicho es  el papel de la Iglesia. Otros autores han hablado de las ventajas de la adopción del cristianismo como religión oficial y de las facilidades y ventajas que la conversión representó para los reyes bárbaros. Pero esa forma de mirar la historia de un pueblo resulta simplista y quizás incluso cándida. Sin menospreciar la fuerza que dicha religión cobraría en tiempos por venir, la realidad es que alrededor del siglo VII aún está perdiendo la batalla contra el paganismo.

Si bien es cierto que lenta pero constantemente aumenta el número de cristianos, también lo es que esos cristianos pertenecen a una muy reducida élite: eclesiásticos, reyes y ministros, principalmente. El grueso de la población continúa con sus prácticas religiosas e incluso resurgen cultos agrarios paganos que habían caído en desuso.

Resulta ridículo asumir que solamente porque un rey (o unos cuantos reyes) más un puñado de nobles (sus ministros) se han bautizado y abrazan con o sin entusiasmo el cristianismo, sus súbditos automáticamente lo harán también. Las mentalidades no cambian con esa facilidad, las sociedades son mucho más complejas y no renuncian a sus prácticas con tanta facilidad; y en muchas ocasiones, cuando cambian la forma, conservan el fondo.

La Iglesia en realidad no podía contrarrestar la fuerza del paganismo y terminó por ceder un poco y ser ligeramente transigente con los paganos para poco a poco colarse en la esfera de las prácticas cotidianas, meterse lentamente en el colectivo social para terminar siendo la religión de masas por excelencia.

Por esto es que resulta explicable y hasta natural que los obispos terminen santificando a los dioses de la antigüedad pagana u otorgando bendiciones a las enormes piedras sagradas de los cultos celtas. ¿Qué más podían hacer en esta etapa? Adaptarse o perecer.

Al consolidarse la fusión de bárbaros y romanos la Iglesia tuvo mayor libertad e injerencia en la vida de los hombres y aumentó su campo de acción. Una de las cosas que facilitaron este proceso fue el hecho de que el cristianismo dejara de ser una religión exclusivamente urbana y se desplazara al campo, lo que resultó en una propagación enorme de estas creencias.

Otro punto a destacar es el papel del ejército. Los campesinos se rehusaban a servir en la milicia, los bárbaros conformaban la mayor parte del ejército e incluso hubo momentos en que el único romano en el ejército era el emperador, por lo que se veía obligado a adoptar ciertas costumbres militares bárbaras. En el siglo IV se crearon las “agrociudades”, las cuales incluyen el establecimiento de un campamento militar ligero con el propósito de ir acercando poco a poco a los soldados y la población. Esto resultó en una ventana por donde los bárbaros pasaron a tener contacto con los campesinos nativos y lentamente comenzaron a ganar peso social.

Así pues, el fenómeno de aculturación sufrido por estos pueblos “antagónicos” es mucho más complejo de lo que parece a primera vista, pues no puede dejarse de lado el hecho de que no se trata solamente de un emperador y sus aristócratas entrando en contacto con un rey bárbaro y sus nobles, se trata de dos culturas al completo sufriendo estos cambios.

Por: Minerva Anaid Turriza


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