Cuquis Hernández
Cuquis Hernández

Inmaculado Poder Legislativo

 

Quiero contarle esta ocasión, estimado lector, que esos diputados son unos loquiiillos.

Resulta que quiéeen sabe desde cuándo, e inventado por quién o quiénes y bajo qué preceptos, tienen una regla tan pero tan pero tan estricta, que los hace sentir casi inmaculados y su recinto lo hace ver de plano, de plano, sagrado.

Y bueno, echaré un choro para decirle por qué. Y usted más que nadie sabe que en la historia siempre ha habido diputados de todo tipo, algunos muy cretinos, algunos muy irrespetuosos (al pueblo);  que históricamente han sido tachados de flojos e irresponsables, (aunque siempre con sus honrosas excepciones); de que nada más van a calentar la sillota y de que gastan dinero a manos llenas, al fin y al cabo, como representantes populares, pooos el pueblo los mantiene.

Pero resulta que pese a todo eso, oh, sorpresa, tienen una regla medio rara y que cuidan con mucho celo: si alguien tiene la osadía de entrar con gorro, gorra, cachucha, boina uuuu lo que seaaa, es tratado como talibán.

Síiiii, como lo lee. Pues resulta –seguramente muuuy pocos lo sabrán–, que está estrictamente prohibidísimo acceder al “sagrado recinto legislativo” con esos “artilugios” colocados en la cabeza. Y si a caso alguien lo hace, como ya ocurrió este martes, es de: “quítese el gorro”. “No puede entrar aquí con gorro, no puede estar aquí con gorro”. “¿Con quién viene, qué hace aquí?”. Y todos los “guaruras”, o señores responsables de la seguridad, tienen la orden de reprender de inmediato al irrespetuoso o sacarlo, si pretende pasar del escalón que da a la salota de las curules, o sea el recinto sagrado, con algo que cubra la cabeza.

 

Nostálgicos

Por otro lado, de este jueves Lizbeth Márquez, la diputada migrante que también pertenece a la Comisión de Turismo, propuso otorgarle la presea “Juan Ignacio María de Castorena Ursúa y Goyeneche y Villarreal”, al mérito y trayectoria periodística del estado de Zacatecas, ni más ni menos que a un decano de la fotografía, muy querido por cierto en el gremio…, bueno, del viejo gremio porque muy pocos jóvenes le conocen.

Se trata de don Carlos Rodríguez Castro, quien cumplió toda una vida como fotógrafo, que se retiró cuando trabajaba en el periódico Imagen luego de entregar 40 años de su vida al oficio, aunque ciertamente nunca ha dejado de ejercerlo.

Juan Mendoza, al escuchar la propuesta de su compañera legisladora subió a tribuna para recordar algunas anécdotas de Don Charly, como es mejor conocido.

Y detalló que lo conoció cuando era reportero de la vieja nota roja, no la de ahora, la de los muertos por narcotráfico, sino la del fallecido en un accidente o muerto por otra circunstancia, y que alguna vez dijo que tanto los fotografió que se hizo su amigo.

Pues yo le cuento una, muuuy peculiar, considerando el excelente humor de Don Charly, muy amigo de Juanito, el fotógrafo del Congreso y de Don Artur, en paz descanse y que era extraordinario reportero de la nota roja, que se las gastaba para “sacar la nota de las piedras” y que atraía a cualquiera con sus cabezales.

Pues bien, en la redacción de Imagen, a Don Artur siempre le tocaba dar la bienvenida a Don Charly, que llegaba con aquella mochila al hombro y su caminar tranquilo, como muy serio él. Y comenzaba el saludo: “El viejo Charly”, le decía Don Artur. Y la respuesta: “Viejos los cerros y todavía echan palos”.

Todos soltaban la carcajada, como lo hacían en otras muchas ocasiones con semejantes ocurrencias.

En fin, los diputados abrieron paso a la nostalgia de esos viejos periodistas que hicieron su época, que corrían tras la nota y tras la mejor foto, y que ahora a su avanzada edad, bien merecen ser reconocidos.

Y de la sesión, pues… esta vez tocó a los niños estar muy aguerridos que ¡aaaaaaayyyy!, se ponen simplemente inaguantables, con su blablabla y su ir de aquí para allá.


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