*Pedro de León Mojarro
*Pedro de León Mojarro

El día primero del año, con motivo de la reforma al Sistema de Protección Social en Salud, desapareció el Seguro Popular y en su lugar surgió El Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi).

Revisando las distintas editoriales y comentarios en radio, televisión y periódicos, es sorprendente la andanada de los medios de comunicación en contra del Insabi.

Seré de los pocos que coincidan con el nacimiento de este instituto, haciendo propios los razonamientos de Salomón Chertorivski y Julio Frenk, dos ex secretarios de salud que incuestionablemente merecen todo el respeto y que en su análisis publicado en el diario Reforma el domingo pasado concluyen con lo siguiente:

“Por el bien de las personas más vulnerables sugerimos mantener las reglas del Seguro Popular mientras no existan las del Insabi, definir con claridad un calendario de transición, restablecer los fondos para seguir cubriendo la atención de alta especialidad sin elevar el cobro a los usuarios, iniciar un proceso de evaluación continua que permita introducir los ajustes necesarios y retornar a la fructífera práctica de basar las políticas públicas en evidencia. De lo contrario la incertidumbre avizora una crisis que puede acarrear muertes de pacientes y dolor irreparable en una sociedad a la que urge sanar”.

El Seguro Popular como el Prospera e incluso las estancias infantiles desaparecidas el año pasado, incuestionablemente fueron tres programas de alto calado que lamentablemente fueron contaminados por el cáncer de la corrupción.

Ésa es la enfermedad que el Presidente López Obrador está decidido a exterminar y efectivamente, hablando en términos médicos, no hay de otra más que extirpar el tumor. El Seguro Popular con todo y que resolvió muchos problemas de salud a las familias de más bajos recursos, a otras muchas las dejó sin el servicio

No vale la pena desgarrarnos las vestiduras por la desaparición o no del Seguro Popular. Lo importante es asumir con puntualidad la reflexión de Julio Frenk y Salomón Chertorivski, quienes efectivamente no se oponen al Insabi, pero que advierten en la necesidad de pensar un proceso de transición que contribuya a que el nuevo instituto, no sólo iguale los resultados, sino que los duplique. No perdamos de vista que los beneficiarios del seguro popular eran 53.5 millones y que según datos del nuevo director del Insabi, el nuevo padrón rondará los 70 millones, 25% más del padrón actual, cantidad que duplica el número de beneficiarios del IMSS, del ISSSTE y de otras instituciones de salud que existen.

Para quitar las dudas del presupuesto, retomo la declaración del nuevo director del Insabi que afirma, “habrá 40 mil millones de pesos adicionales”, esto es casi 60% más de incremento a lo ejercido en el 2017.

El Seguro Popular nació como una institución federalizada, a la que en teoría los gobiernos estatales aportaban una cantidad adicional, la realidad es que en lugar de aportarle le quitaban, de manera que eso será lo que haya que corregir.

Concluiría sobre dos aspectos básicos: uno, no perder el principio de la solución Federada al enorme problema de salud que tenemos, máxime con las enfermedades crónico degenerativas que, además de la vida de millones de personas, amenazan la precaria economía del país; y segundo, que la nueva institución de salud dé un mejor servicio a menor costo a los nuevos beneficiarios de este instituto.

*Coordinador Estatal del Movimiento Nacional Ruta 5

 

 

 


Los comentarios están cerrados.