Alfonso Carlos Del Real López
Alfonso Carlos Del Real López

Retos para la oposición

 

He escuchado a varias personas en diferentes etapas de mi vida hablar sobre lo que significaba y representaba militar en la oposición al PRI en los años sesentas, setentas y ochentas… incluso, tengo algunos relatos interesantes de quienes, militando en el PRI, se “revelaron” contra algunas disposiciones dentro del partido. Dicho de otra forma, he tenido la oportunidad de tener un testimonio de viva voz de quienes han participado en actividades opositoras a gobiernos de antaño desde el exterior y al interior del mismo gobierno o partido.

Para muchos, ser oposición significa formar parte de un colectivo cuyas ideas –y acciones derivadas de ellas– representan una posición contraria a la del gobierno en turno, con el fin de limitarlo, ser un contrapeso y equilibrarlo en las decisiones, y evitar el abuso de la autoridad. Significa también vigilar la legalidad de las disposiciones gubernamentales y, ante los señalamientos hechos, proponer una alternativa.

Por otro lado, ser oposición representa asumir una posición de crítica y de posible exclusión política, vivir en la clandestinidad, ser perseguido y amedrentado, señalado y vilipendiado, bajo la posibilidad de que, en un estado radical, sus ideas y acciones puedan ser socavadas y aplastadas por la fuerza autoritaria del aparato represor gubernamental, donde el círculo cercano, la familia, las posibilidades económicas y la fama pública sean denostadas y carcomidas por el dedo flamígero del poder político mal enfocado.

Ha pasado ya poco más de un año de que el presidente Andrés Manuel López Obrador asumió formalmente la presidencia de la República cobijado por las siglas partidistas de Morena. También tiene poco más de un año que legisladores federales emanados de esa misma expresión política, coaligados con otras fuerzas afines, han hecho una mayoría notoria en ambas cámaras del Congreso de la Unión, y por otro lado pero prácticamente a la par, varios gobiernos estatales comenzaron su mandato. Todos ellos con un notorio respaldo popular que se tradujo en confianza electoral en las urnas.

En este contexto, vale la pena preguntarse qué está pasando con la oposición. Y, con “la oposición”, me refiero no solamente a las fuerzas político-partidistas que tienen un registro nacional o local y que se pueden considerar alternativas electorales a Morena, y la mayoría y sentido de gobierno que representa, sino a alternativas sociales, económicas y culturales que, en el contexto de la libertad de asociación y de la defensa de derechos, pueden pararse de frente a decisiones de gobierno y buscar la manera de empujar una alternativa a las mismas.

Queda claro que, dadas las circunstancias sociales y políticas del país, amén del advenimiento de las tecnologías de la información y las redes sociales, tenemos un extraordinario espacio ilimitado para proveer de mil ideas diferentes a las que soportan una decisión de gobierno, pues la pluralidad y diversidad de nuestra nación dan pie para eso y más.

Sin embargo, la existencia de ese espacio ilimitado no conlleva de manera natural que sepamos cómo utilizarlo, que seamos certeros en lo que vertemos ahí y de que eso trascienda y cambie las decisiones de gobierno; la mecánica de la búsqueda del apoyo popular como oposición ha cambiado; el apoyo social que puedan tener y la manera de ver las cosas públicas del ciudadano son un reto de enorme calado para quien se quiera enfrentar a los gobiernos dominantes de hoy en día.

Dicho de otra manera, los retos para la oposición serán erigirse como tal, tener la cola corta en proporción a la lengua larga (si les da para eso), renovar cuadros disidentes para construir figuras respetables, serias y sólidas, para que su voz sea escuchada, su crítica sea entendible y formal, y su calidad moral avale su denuncia e incida en la psique social y en los medios de comunicación.

La oposición no puede eludir el debate ni ausentarse de la discusión de los temas, por mínimos que éstos sean o por escabrosos que parezcan para ellos mismos. Pero pareciera que, lo más importante, será que a esa oposición se le vea a leguas que tiene los tamaños (coraje, capacidad, talento, argumentos, ganas y calidad) para sustituir al gobierno, es decir, para ser ella quien dirija los destinos en tal o cual tema. De nada sirve ser oposición para ver los toros desde la barrera, si no se quieren meter al ruedo. Es importante para México una oposición activa y no una testimonial.

 


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