Óscar Novella Macías
Óscar Novella Macías

Gobernando desde los símbolos

 

 «Un líder es un negociador de esperanzas».

Napoleón Bonaparte

 “Gobernar no es mandar, por mucha mayoría que se tenga.”

Juan Luis Cebrián

 

La semana pasada, las redes y los medios de comunicación dieron importancia capital a una noticia en específico: La propuesta de AMLO aquí para rifar del avión presidencial. Esto que podría considerarse “una nota de broma” o simplemente irreverencia, pero el ecosistema donde se viralizó esta noticia es complejo y digno de análisis.

Sin importar si uno es o no afín a la 4T, sería imposible no aceptar que el presidente López Obrador es la figura más preponderante  de la palestra política mexicana (y seguramente está bastante alto en la escena continental). Las mañaneras se han convertido en el epicentro neurálgico del debate político nacional. Desde ahí dirige a diario, de forma casi unilateral, cuál será el tema de debate de los subsecuentes días. El presidente López Obrador comprende perfectamente que los símbolos son fundamentales para gobernar. Orbitamos alrededor de nuestros objetos simbólicos, y a partir de ahí generamos nuestros discursos y opiniones.  Obrador entiende la máxima de Foucault: “el poder no se tiene, se detenta”.

Los detractores de la 4T pueden quejarse de varias cosas, excepto de estar en un régimen represivo. El titular del poder federal ha mantenido un clima de apertura y no confrontación. En El País dicen al respecto: “Nada ha movido el talante conciliador del presidente. Ni Trump y sus provocaciones, ni los gobernadores de oposición, ni la prensa crítica con y sin razón, ni los policías inconformes”. Andrés Manuel sabe que si se apropia del discurso simbólico no tiene que enfrentarse a la masas, de hecho, ésas masas pasan a ser gobernados.

La violencia del Estado nunca ha estado en la agenda de gobierno federal por dos razones fundamental: es incongruente ideológicamente con el discurso de la 4T y, sobre todo, es totalmente innecesaria.  El filósofo esloveno Slavoj Zizek en su obra Viviendo en el final de los tiempos hace una precisión fundamental entre violencia y poder: “Por ello resulta decisivo distinguir entre poder y violencia: el poder es psicológico, una fuerza moral que hace que la gente quiera obedecer, mientras que la violencia obliga a la obediencia por medio de la coacción física. Los que utilizan la violencia pueden conseguir imponer temporalmente su voluntad, pero su dominio siempre es tenue, porque cuando la violencia acaba, o su amenaza disminuye, todavía hay menos incentivos para obedecer a las autoridades”.

El control mediante la violencia exige una vigilancia constante. Poca violencia no es efectiva; demasiada violencia genera descontento social. La violencia puede destruir al viejo poder, pero nunca puede crear la autoridad que legitima al nuevo (ni una Guerra contra el narco puede legitimar a un presidente). Citando de nuevo a Zizek: “La violencia es, por ello, la base más pobre para construir un gobierno. La violencia es el arma que eligen los impotentes: los que tienen poco poder a menudo intentan controlar o influenciar a otros utilizando la violencia. La violencia rara vez crea el poder. Por el contrario, los grupos o individuos que utilizan la violencia a menudo encuentran que sus acciones reducen el poco poder que sí tienen”. Los grupos que se oponen a los gobiernos a menudo tratan de compensar su falta de poder utilizando la violencia (como queda de manifiesto con los intentos de desestabilizadores y polarizantes de la oposición). Cuando un gobierno recurre a la violencia es porque siente que el poder se le está escabullendo (como en los sonados casos de represión de la administración peñista). Los gobiernos que actúan mediante la violencia son débiles. Los dictadores siempre han tenido que apoyarse en el terror contra sus propias poblaciones para compensar su falta de poder. La violencia prolongada provoca una disminución del poder que hace necesaria más violencia.

Andrés Manuel, dados sus niveles de aprobación y pericia política, podría sucumbir a actuares autoritarios: censurar a detractores, hacer uso de la fuerza pública, condicionar los programas sociales (ya saben cómo el PRI y el PAN), pero en vez de recurrir a los recursos del dictador decide utilizar las tácticas del demócrata. En las “Mañaneras”, el presidente combate con discurso, utiliza los argumentos malintencionados y las preguntas “hechas pa´chingar” para darles la vuelta y mostrar las contradicciones de la oposición. En medio de un astuto ejercicio dialéctico, el presidente ha sabido convertir cada revés en una forma de reproducir su propio mensaje.

Violeta Vázquez-Rojas sobre el avión presidencial, hace un análisis muy agudo del “performance” montado por el presidente: “Lo que logra AMLO con la idea de la rifa es, figurativamente, poner el problema del avión en nuestro patio, y a nosotros en la piel del presidente. A la vez, nos llama a involucrarnos de la mejor manera que sabemos: riéndonos y soñando situaciones improbables, pero que nos ayudan a apreciar la dimensión enorme del problema. También, sutilmente, nos invita a plantearnos una posibilidad: ¿se imaginan qué habría pasado si, antes de hacer este gasto delirante, Felipe Calderón lo hubiera sometido a la consulta pública? No sabemos”.

 


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