GUILLERMO CHIU DE LA O | NTRZACATECAS.COM
GUILLERMO CHIU DE LA O | NTRZACATECAS.COM

“Y algunos afirman que el alma está mezclada en el todo (universo),

por lo que tal vez Tales creyó también que

todas las cosas está llenas de dioses”.

 Aristóteles, De anima A, 5

 

Si bien esta afirmación, una de las poquísimas que se le atribuyen directamente a Tales de Mileto (s. VII a. C.) no debe entenderse en sentido estrictamente literal, sí nos deja entrever la forma en la que los antiguos griegos concebían el acontecer del mundo, en donde por medio de mitos se explicaban, justificaban o desarrollaban el origen, razón de ser y causa de algún aspecto de la vida social o individual, y por supuesto, de los fenómenos naturales.

La vida entera de todas las civilizaciones antiguas giraba en torno a los dioses, ya que ellos cumplían una función de regulación social y de la naturaleza; en esta estructura organizada, existe una jerarquía donde hay un poder supremo, donde los dioses se consideran potencias que actúan en el mundo, con unas características comunes y otras propias.

Uno de los aspectos fundamentales que regulaban los dioses griegos y romanos era el mismo transcurrir del tiempo, razón por la que cada uno de los meses del calendario romano estaba regido por una deidad, dependiendo de sus rasgos y atributos personales. Y si bien este calendario ha sufrido innumerables modificaciones y adaptaciones a lo largo de los siglos (la última establecida en 1582 por el papa Gregorio XIII, llamado desde entonces “calendario gregoriano”, y que sustituyó al anterior “juliano” establecido por Julio César en 46 a. C.), ya para el s. VII a. C., todavía en época etrusca, el primer mes del año estaba consagrado al dios Ianus (Janus), del cual toma su nombre, tanto en español como en otras lenguas romances e incluso germánicas: Enero, January, Gennaio, Janvier, Januar…

El inicio del año se encomendaba a Ianus porque era el dios de los comienzos y los finales, de las puertas, los pasajes, las transiciones, el tiempo, la dualidad, el pasado y el futuro, y por eso se le representaba como un hombre con dos caras, una viendo al frente (el porvenir), y la otra hacia atrás (lo pasado); algunos relatos dan cuenta de una estatua de Janus situada en el centro de los Foros Imperiales de Roma, con una de sus caras viendo hacia el nacimiento del sol (oriente), y la otra hacia el ocaso (occidente).

Ianus también presidía el comienzo y el final de los conflictos, y por lo tanto, de la guerra y la paz; las puertas de un edificio en Roma que llevaba su nombre (no un templo, sino un recinto abierto con puertas en cada extremo), se abría en tiempo de guerra y se cerraba para marcar la llegada de la paz (lo cual no era muy frecuente). Como dios de las transiciones, tenía funciones relacionadas con los nacimientos, los viajes y los intercambios, y en asociación con Portunus, el dios de los puertos, también era el protector de la navegación, el comercio y los envíos.

Janus no tenía un flamen o sacerdote especializado asignado a él, sino que el Rey de los Ritos Sagrados (rex sacrorum) ofrecía sus ceremonias religiosas, que eran ubicuas a lo largo de todo el año, y por eso,  Janus fue invocado ritualmente al comienzo de cada ceremonia, independientemente de la deidad principal honrada en cualquier ocasión particular; los antiguos griegos no tenían equivalente a Janus, a quien los romanos reclamaban como distintivamente suyo.

Al comienzo del año, era costumbre que los patrones romanos concedieran dádivas y regalos a sus vasallos y clientes, lo mismo que en los días festivos, como augurio de buena fortuna, y se llamaban Strenae, de donde viene nuestra palabra “estrenar”, que según el Diccionario de la RAE es “hacer uso por primera vez de algo; representar o ejecutar un espectáculo público por primera vez”, y también “regalar, galardonar”, o dicho de una persona, “empezar a desempeñar un empleo, oficio, encargo, etc., o darse a conocer por vez primera en el ejercicio de un arte, facultad o profesión”.

Cabeza de Jano Bifronte de Vulci, s. II a. C.

Museo Nazionale Etrusco di Villa Giulia, Roma

guillermo.chiu@ntrmedios.com


Nuestros lectores comentan

  1. Cuan importante es deleitarse con la gran cultura grecolatina y que después de miles de años sigue vigente en la dualidad de cada cosa, de cada ser, de cada entidad y de cada época…en hora buena y siga por esa línea de la culturizacion del pueblo. Felicidades salvajius.