CUQUIS HERNÁNDEZ / NTRZACATECAS.COM
CUQUIS HERNÁNDEZ / NTRZACATECAS.COM

CHICAGO.- Primero fueron los chiles guajillo y ancho, luego vinieron los chiles de árbol, pulla, mulato, pasilla, chipotle y, más tarde, ante la creciente demanda de los paisanos que radican en este país de migrantes, quienes anhelaban saborear los productos de su tierra, se añadieron semillas, frituras y hasta dulces hechos en México.

Hoy son más de 300 productos, en su mayoría de origen mexicano, que los connacionales radicados en Estados Unidos pueden disfrutar gracias al rey de las importaciones de productos del campo, Ernesto Hernández Muro, orgullosamente de origen zacatecano.

Ha sido tanto el auge que el ingeniero agrónomo, oriundo de Calera de Víctor Rosales, ha dado a su empresa El Campo Imports Inc, que productores de al menos 15 estados, incluido Zacatecas, que cumplen con las normas de calidad de importaciones, con Ernesto tienen la puerta abierta para vender e impulsar sus productos en un mercado diverso que está garantizado.

Y ha sido tanta la experiencia adquirida en la importación, que Ernesto ya introduce mercancías de otros países como Perú, China, La India, Sri Lanka y Sudáfrica, desde donde se traen semillas de calabaza y pistaches de la mejor calidad.

Ernesto Hernández bien puede ser llamado también el rey del chile, pues además de que ayuda a la importación de productos del campo, él, con ayuda de su hermano Gustavo, que trabaja desde Calera, también siembra y cosecha chiles de la mejor calidad y que son conocidos en varias ciudades de la Unión Americana.

De acuerdo con el censo poblacional de Estados Unidos, en Chicago viven casi 57 millones de latinos, de los que más de 63 por ciento es de origen mexicano, es decir, más de 36 millones.

Ernesto se atreve a contabilizar que ya son más de 45 millones de connacionales que han ganado terreno en este país de las grandes oportunidades.

Hasta esa mayoría poblacional oriunda de México llegan los productos que Ernesto ayuda a importar a Chicago, en Illinois, estado donde se estima que viven cerca de 12 millones de mexicanos, y que recientemente se extendió a Denver, Colorado, con la empresa El Valle Foods y a Nueva York, con Mex Trading, empresa que se fundó gracias a la sociedad con otro emprendedor y amigo.

 

Importaciones

Una vez que los hermanos Ernesto y Gustavo determinaron abrirse camino en la Unión Americana, acudieron a buscar información a la frontera, en la FDA, Administración de Alimentos y Medicamentos, que es la agencia del gobierno de Estados Unidos responsable de la regulación de alimentos, medicamentos, cosméticos, aparatos médicos, productos biológicos y derivados sanguíneos, a fin de cumplir con la serie de requisitos para comenzar la exportación.

Al calorcito de un calentón, unos tamales y café para mitigar el frío producido por una nevada reciente, en su pequeña oficina dentro de la gran bodega que tiene en el Mercado de Abastos de Chicago, Ernesto Hernández comenta que ante el éxito de la exportación de chiles comenzó a expandir su oferta.

Y es que los clientes comenzaron a pedirle más cosas, más productos de otras regiones del país “cada gente tiene sus gustos”, enfatizó.

Y así introdujo la Jamaica, piloncillo, pimienta, comino, huitlacoche, canela, hojas de maíz para tamal, Maseca, así como el amaranto y el tamarindo que llega de la Ciudad de México o el orégano de Chihuahua y Zacatecas.

Sin faltar la flor de calabaza, la hoja de plátano para los tamales oaxaqueños, algunos maíces como el de pozole, el ajo fresco de temporada, frijol en variedades, algunos limones y guayabas y una nutrida variedad de semillas y especias.

Recientemente Brozo, en su programa @Latinus, visitó el negocio del zacatecano, donde lo entrevistó como uno de los mexicanos fregones radicados en Chicago.

Brozo llamó a Ernesto como un surtidor de nostalgias, pues ha logrado acercar a los mexicanos productos que no se imaginaban que podrían volver a saborear. “Más que mercadería importa identidad […] cultura”.

Una vez que Ernesto Hernández se instaló en Chicago, comenzó a explorar nuevos mercados que permitieran ofrecer más diversidad de productos. Así llegó a Perú, donde sin pensarlo vivió una de las experiencias mejores de su vida, ya que contribuyó en la mejora de la producción de chile gracias a su experiencia como ingeniero agrónomo.

De este pasaje de su vida, el calerense recuerda que fue invitado por su amigo Renzo Gómez a visitar los campos de Perú. Ahí se le comentó que la producción de chile “no pegaba bien”, ya que no alcanzaban a crecer, por lo que ofreció sus conocimientos y les explicó que lograr un buen producto tenía que ver con la temperatura.

El “chisme” de su visita se corrió rápido a más productores quienes de inmediato lo buscaron y le pidieron asesoría para producir chiles anchos, pasillas y pullas. Recuerda que lo trataron “como rey”, ya que los ayudó a abrir mercado y ser realmente competitivos, “es una de las experiencias más bonitas que he pasado y que me llevaré siempre”, resalta el zacatecano, pues además les ayudó a comercializar otra variedad de productos. Esto ocurrió luego de dos años de instalarse en Chicago.

 

El comienzo

El agrónomo explica en una charla amena, entre las probaditas de semillas y pistaches, que su despegue al mercado internacional surgió de una crisis padecida a inicios del año 2000.

Lejos de tirarse al piso a sufrir por posibles pérdidas de su compañía Agroinsumos El Campo que a la fecha mantiene en Calera, debido a una afectación climática que bajó al máximo el precio del chile, aprovechó esa oportunidad para buscar otro tipo de comercio. Gustavo, su hermano, estudió Mercado Internacional y por ese tiempo realizaba un estudio para abrir mercado hacia China para el Tecnológico de Monterrey, donde estudió.

Su empresa se dedicaba entonces a prestar servicios agrícolas, como asesoría técnica a los productores y prestaba también recursos a los campesinos en coordinación con Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura (FIRA).

Ante la crisis generada por el sobremercado de chile, había el riesgo de que 25 productores no pagaran su deuda con Agroinsumos y él, a su vez, perdería ante el banco al que entonces le debía 140 millones de pesos.

Así se propuso producir junto con sus acreedores, chiles bajo normas estrictas de calidad de exportación, con la utilización adecuada de pesticidas y fertilizantes.

A un año de distancia de abrir mercado en Estados Unidos, Ernesto logró liquidar la deuda que parecía impagable, y los productores hicieron lo mismo con él; con ello coadyuvó a evitar un problema grave. Recuerda que ese primer año logró exportar 600 toneladas de chile, de las que Nueva York fue un buen comprador.

Ernesto recuerda que su hermano Gustavo comenzó con la exportación, pero a los dos primeros viajes se rindió porque no le gustó y entonces se cambiaron los roles; Gustavo se quedó dirigiendo la empresa desde Calera mientras Ernesto exploraba el mercado. La idea era quedarse solo por un año, pero tras la convicción de su esposa Verónica determinó adoptar Chicago como su ciudad para vivir de manera definitiva.

Ernesto se apoyó de dos jóvenes para emprender su viaje. El primero, conocido de Calera, le ofreció vivienda en tanto se establecía; el segundo, originario de Michoacán le ofreció su licencia de conducir, para buscar compañías compradoras de chile zacatecano.

Hoy, Ernesto y su esposa prueban el éxito, aunque a base de mucho trabajo y sacrificios, como lo hace la mayoría de los mexicanos que se van a probar fortuna. Nada es fortuito, pero al final satisfactorio, de tal manera que se queda el reconocimiento de esa vida entregada a poner en alto el nombre de su natal Calera a la que ayuda a generar empleos y a crecer su economía.

 


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