Ricardo Monreal Ávila
Ricardo Monreal Ávila

De las cinco figuras históricas que dan identidad al gobierno de la 4T (Miguel Hidalgo, José Ma. Morelos, Benito Juárez, Francisco I. Madero y Lázaro Cárdenas), la de Madero, “el apóstol de la democracia”, es la que concita mayores opiniones y referencias desde que fue presentada la iconografía de la actual administración, hace 17 meses, en la etapa de transición.

La aportación histórica de Francisco I. Madero que más ha destacado, retomado y honrado el gobierno de la 4T es sin duda su “revolución democrática”. Hablamos de hacer efectivo el sufragio en las urnas, de desterrar cualquier modalidad de reelección y de garantizar el ejercicio de las libertades básicas propias de una democracia política (prensa, asociación, reunión, manifestación, tránsito, elección y promoción de los derechos humanos).

La vena maderista de la 4T ha quedado manifiesta con la aprobación de la reforma electoral que considera como delito penal grave al fraude electoral, en cualquiera de sus modalidades: compra de votos, reparto de despensas, desvío de recursos públicos para financiar campañas, etc. Pero también en la promoción de los mecanismos de la democracia participativa directa, como el plebiscito, el referéndum, la iniciativa popular y la revocación de mandato.

Sobre la no reelección, el presidente AMLO ha cerrado cualquier posibilidad de regreso o instauración de ésta a nivel presidencial, y en su lugar ha promovido la figura exactamente contraria, la revocación de mandato, para un poco después de la mitad de su administración. De esta forma, por primera vez en la historia de México, en marzo de 2022, el presidente AMLO se someterá al ejercicio de ratificación/revocación de mandato, bajo la organización, supervisión y validación de los órganos electorales.

La reciente conmemoración del 107 aniversario del derrocamiento y asesinato de Francisco I. Madero, motivó en la prensa algunos comentarios y consideraciones sobre la posibilidad de que un evento de este tipo se repitiera en nuestra vida pública. Las coyunturas parecen animar el imaginario de quienes hacen estas comparaciones.

Los puntos en común de estas coyunturas están a la vista: un cambio de régimen político que está afectando intereses y privilegios creados, un sector de opinión pública permanentemente exacerbado o manipulado por esos intereses, y los inefables rumores espasmódicos sobre conspiraciones y golpes de Estado.

Sin embargo, las coyunturas se presentan sobre condiciones estructurales o realidades de fondo que en el caso de los presidentes AMLO y Madero son diametralmente opuestas. Las más evidentes: no tenemos en el Ejército mexicano a un Victoriano Huerta a la vista. La relación entre los gobiernos de México y Estados Unidos se encuentra en un punto de entendimiento óptimo; en la actual embajada norteamericana no despacha un Henry Lane Wilson. La prensa “fifí” está más que circunscrita en sus alcances territoriales y mediáticos, acotada y desplazada por un fenómeno de comunicación que no existía en 1913: las redes sociales.

Y así podríamos seguir enunciando las diferencias de fondo entre las circunstancias que rodearon a Madero y las actuales sobre las que gobierna el presidente AMLO, las cuales a los 15 meses de gobierno hicieron caer a Madero, mientras que al presidente López Obrador lo tienen con la aprobación y el respaldo social más altos que a ningún otro mandatario en los últimos 25 años.

Twitter y Facebook: @RicardoMonrealA


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