Manuel J. Jáuregui
Manuel J. Jáuregui

Es más fácil detener una locomotora parándosele al frente que a estas alturas frenar el movimiento femenino del 9 de marzo (9M). Como bola de nieve que rueda, el paro de mujeres del lunes 9 está sumando apoyo en todos los sectores de la sociedad mexicana.

Es tan obvio este fenómeno descrito que no se entiende cómo un político astuto, como se supone que es el Presidente López, no se haya percatado de su fuerza y siga insistiendo (con bastante torpeza, debe decirse) en menospreciarlo, minimizarlo y colgarle epítetos completamente en “faul”, que lo único que han logrado es fortalecer más el movimiento de paro, del cual estamos ya seguros que llegado el día resultará MAGNO, fuerte, contundente.

Es de esperarse que a partir de ese momento cambie de actitud el Gobierno y no sólo escuche, sino que atienda las voces femeninas que claman por un trato justo y equitativo hacia las mujeres por parte de Gobierno y sociedad mexicanas.

Luce muy machista (y conservador) el Presidente al poner oídos sordos al clamor por los feminicidios, lo que manifiesta la incapacidad de su Gobierno para atender los más graves problemas de inseguridad que azotan a la sociedad mexicana. Resulta evidente decir que su respuesta de buscar chivos expiatorios ante este fenómeno en lugar de SOLUCIONES denota incapacidad. Entre más se esfuerza el Presidente por salirse por peteneras respecto a este tema, más enciende el ardor femenino por defender su justa causa.

Pero no sólo las mujeres responden al llamado del 9M: POR SOLIDARIDAD, ya que en México siempre hemos vivido lo que el poeta califica como un “dulce matriarcado” -de ahí nuestro fervor muy mexicano de enaltecer a las MADRES, como queda evidente cada 10 de mayo-, TAMBIÉN los hombres, de manera individual, pero lo que es más importante: igualmente institucional, APOYAN decididamente el llamado de las mujeres a hacer sentir su ausencia el 9 de marzo.

Ha cobrado ya tanta fuerza este movimiento en la sociedad, que el Presidente ha cometido un grave error de cálculo político y de una manera por demás insensata se ha colocado JUSTO FRENTE A LA IMPARABLE LOCOMOTORA en la que se ha tornado esta expresión femenil. A menos que altere radicalmente su postura en los próximos días, estamos ciertos al pensar que para el 10 de marzo, lucirá el Presidente muy aporreado y bastante mal parado ante la sociedad y el mundo.

Da la impresión que, anclado en un pasado que México ya rebasó holgadamente, el Presidente no ha captado que el movimiento femenino mexicano es uno que emana de un chispazo global, que marca que el tiempo del respeto a los derechos de las mujeres ha llegado, ello de manera universal e irreversible. Este movimiento no lo gestó uno de sus “adversarios” sentado en un escritorio como parte de un libreto titulado “Cómo Fastidiar a AMLO”. No, su gestación es multifactorial y multifacética, forma parte de la “disrupción” del viejo orden machista para dar paso a un nuevo orden de plena equidad.

Tan no se puede aislar México de esta tendencia como no lo pudo hacer en el 68 con el movimiento estudiantil que dio paso al activismo de las nuevas generaciones, dándoles voz en la generación de las avanzadas sociedades tecnificadas, plurales, que comenzarían a surgir a partir de ese parteaguas.

Cualquier persona dotada de una mínima dosis de sensibilidad se percataría que el 9M ya tomó MASA CRÍTICA, no sólo se ha convertido en una fuerza arrasadora, sino que se ha tornado en un polo de atracción inescapable, pues es tan simple y fuerte su mensaje que nadie puede evitar tomar ante él una POSICIÓN DEFINIDA: o se está a favor de la equidad o se está en contra, no ha quedado margen de titubeo o evasión.

Lo que ha resultado evidente es que la gran mayoría de la sociedad mexicana, hombres y mujeres, ha decidido respaldar el 9M, ello plena, pública y claramente.

A estas alturas, sólo el Presidente y algunos de sus subalternos (que incluso modificaron su postura original a favor de sumarse al paro, como la Secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero) se han pronunciado EN CONTRA del 9M, y evidente les debe resultar a todos que en esto se han quedado prácticamente solos.

Y si esto es hoy, vaticinamos que a partir del 10 de marzo esta soledad -de no haber cambio de postura- se hará aún más palpable en detrimento de la imagen presidencial, hoy por hoy convertido en el típico machista que se resiste a otorgarle a la mujer el lugar que ésta se merece en la sociedad mexicana. Y ello, amigos y amigas, conlleva un enorme costo político. Ya verán.


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