Felipe Andrade Haro
Felipe Andrade Haro

EL REY CONTRA EL FEMINISMO

 

Había una vez un Rey medio torpe, pero en el fondo (muy en el fondo) sentía que era buena onda. Ésta es una de tantas historias.

SEGUNDO ACTO. El monarca se queja con el Duque.

ESCENA I

–Rey: Pues ya os digo, mi apreciable Duque, eso de que las mujeres tienen derechos es la tontería más grande que he escuchado en mi vida. ¿Acaso están locas? ¿Perdieron el juicio y los valores? Os digo que en la vida me han pasado muchas cosas, pero esto de que tenga yo que ver a una muchedumbre de locas desfilando y gritando como poseídas, nunca.

–Duque de Tarabilla: Pero, majestad, los tiempos ha cambiado, la sociedad ha tenido cambios y debemos de aceptarlos. Hoy día las mujeres se han ganado a pulso el derecho de hacerla de tos, de gritar y demandar respeto. ¿Eso tiene algo de malo?

–Rey: ¡Claro! Eso no está en las sagradas escrituras. La ley de Dios es muy clara y la mujer debe de obedecer al hombre. La esposa al marido y las hijas al padre. Por eso es que expedí el real decreto de que el viejerío que quiera salir a la dichosa manifestación el 9 de marzo, debe de llevar permiso por escrito del marido o padre. Si no lo llevan, calabozo.

–Duque de Tarabilla: De eso quería hablarle. El parlamento vetó su decreto por considerar que es violatorio de los derechos humanos. Recuerde que hay una ley que protege el derecho de las mujeres a manifestarse pacíficamente.

–Rey: ¿Quéeeeeeee? Pero mira qué jijos, les dije claramente que cualquier ley que concediera derechos a las mujeres debería de desecharse por ser contraria a nuestros valores. Ya ni la lana que les mandé. Pero ahorita voy a expedir un decreto disolviendo el parlamento y convocando a nuevas elecciones.

–Duque de Tarabilla: Y ¿con qué pretexto piensa disolverlo?

–Rey: De que son portadores de un virus muy peligroso que se trajeron de China en su última excursión.

–Duque de Tarabilla: No fueron de excursión, se fueron con usted para fortalecer los lazos económicos y de amistad con el reino asiático. De manera que ¡usted también es portador del virus! ¡Guardiasssssss!

–Guardia 1: ¿Y ahora qué pasa? Méndigo gritote, nos despertó, pensamos que era el panzón en grave peligro.

–Duque de Tarabilla: Pronto, arrestad al rey por poner en peligro la estabilidad del reino y por violaciones muy canijas a nuestras leyes.

–Guardia 2: Ah, méndigo Duque, con que dando golpe de estado al panzón ¿verdad? Te dije, Patotas, el Duque es un gandalla y tarde que temprano se quedará con el poder. ¿Te acuerdas cuando en la primaria nos acusó falsamente con la directora, para quedarse con la presidencia del Consejo Estudiantil?

–Guardia 1: Sí me acuerdo, yo era el presidente. Por sus acusaciones falsas me suspendieron un año de la escuela, pero ahorita me desquito y se la rajo.

–Duque de Tarabilla: Sereno, moreno. Dame las gracias por haberte salvado de ir a chirona. ¿Te acuerdas que te salvé de la deshonra? Te iban a mandar al calabozo infantil por haberte robado la lana de la cooperativa escolar y ¿quién se echó la culpa? ¡Yo méndigo! Te salvé y ¿así me lo agradeces?

–Rey: ¡Guardias! Agarren al méndigo Duque y métanlo al calabozo a pan y agua por tres meses.

–Guardia1: Espérate, panzón, deja arreglamos nuestras broncas. Sí, pero tú rajaste que yo me estaba clavando la lana y por eso me corrieron. ¿A poco no?

–Duque de Tarabilla: Nel, carnal, ¿sabes quién rajó? Ahí tu cuate el Caimán. Dile, méndigo.

–Guardia 2: Perdóname, carnalito, pero me dio un chingo de coraje que no me dieras ni un ducado de los que te estabas apañando. Y sí rajé leña en la dirección. Perdóname, brother. Además yo me he echado la culpa de muchas broncas tuyas aquí en el palacio y el panzón me ha mandado al calabozo varias veces, así que estamos a mano.

Los guardias se abrazan chillando, perdonándose mutuamente.

–Duque de Tarabilla: Bueno, todo arreglado. Vayan a la taberna a tomarse una buena jarra de cerveza por cuenta del palacio y ya dejen de andar de transas.

–Rey: (En voz baja dirigiéndose al Duque). Duque, no se te olvide repetirles que me deben meter al calabozo preparado para mí. Y checa que ya hayan conectado el cable.

–Duque de Tarabilla: Y de pasada alojen al rey en el calabozo, en la habitación azul por violaciones graves a la constitución.

–Guardia 2: Con gusto. ¡Arre, panzón!

–Rey: No te pases, méndigo, que te mando cortar la cabeza. Más respeto.

–Duque de Tarabilla: (al oído del rey). ¡Cálmese y camine antes de que se den cuenta que es puro show! En el bote nadie vendrá a molestarlo con la manifestación de las mujeres. Y si viene su vieja latosa, perdón, la querida reina, le diremos que usted se pasó de lanza y estará un ratón en el bote. Ya después lo soltaremos como quedamos.

–Rey: ¡Lo que tengo que hacer para no enfrentarme a los demonios que recorren el reino! ¡Méndigas viejas alborotadoras!

¡QUE DICE EL REY DE LA ALDEA QUE LES DA PERMISO DE HACERLA DE TOS UN SOLO DÍA!


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