XIMENA LOERA/NTRZACATECAS.COM
XIMENA LOERA/NTRZACATECAS.COM

Querían encontrarla: “muerta, viva, como fuera” y después de hallar a San Juana, su pequeña hija de 9 años víctima de feminicidio, su dolor se convirtió en una exigencia de justicia. Más de un año y medio después se les dio, apenas para un dejo de tranquilidad. El castigo llegó y Jorge Rodolfo, declarado culpable del atroz crimen, permanecerá 37 años en prisión.

Sumaron 35 años de condena por el delito que segó una vida que apenas comenzaba y dos por el de robar la infancia a otra niña, quien también sufrió abuso sexual; San Juanita y su amiga, ambas fueron víctimas. El juicio 680/2018 fue atípico, durante cinco días desfilaron al menos 37 testigos, tanto de la fiscalía como de la defensa.

Édgar Medina, fiscal de la Unidad de Feminicidios de la Fiscalía General de Justicia del Estado (FGJE), logró que se estableciera la culpabilidad de Jorge Rodolfo; para el feminicida, se exigió la sentencia máxima, de 50 años, además de la “reparación del daño”. De frente al fiscal, una defensa conformada por dos mujeres arguyó que el caso fue manipulado, por lo que insistió en la absolución.

Cada día, Jorge Rodolfo permaneció inerte, indiferente. A los cuestionamientos del juez presidente del Tribunal, contestaba apenas con un hilo de voz, por lo que constantemente repetía sus respuestas para que el registro. El juicio oral inició el 3 de marzo a las 9:38 horas; en esa primera audiencia pública, la sala se llenó de estudiantes de derecho que debían presenciar el procedimiento.

Según los registros oficiales, desde que se tipificó el feminicidio a nivel local, San Juana fue la primera víctima que, aunque menor, fue calificada como “infantil”, no adolescente, y, entre muchos otros casos que se acumulan, en éste el agresor sí fue castigado.

Relato de horror

La parte acusadora, la fiscalía, inició con el desahogo de pruebas: cada testigo, uno a uno narró su participación en el caso. Cómo desapareció San Juana, quiénes intervinieron en su búsqueda, cómo se establecieron las líneas de investigación, entre otros datos que, poco a poco, fueron dilucidando la culpabilidad de Jorge Rodolfo.

Conforme a los testimonios avanzaban, el ambiente en la sala se tornaba cada vez más pesado, con momentos de impotencia entre los presentes y una terrible tristeza cuando, en una sala adjunta, el padre de la menor narró cómo perdió a su hija mayor y cómo, durante tres días, minuto a minuto no descansó junto a su esposa hasta hallarla, para sólo tener, de vuelta en sus brazos, el cadáver de la niña.

“Lo que quería era encontrarla. Se va a escuchar feo, pero era tanta mi desesperación que lo que quería era encontrarla: muerta, viva, como fuera”, se lamentó. Recordó que San Juanita era la mejor estudiante de su clase, que le decía que cuando fuera “grande” lo sacaría de trabajar porque ella sí terminaría sus estudios, porque la vida estaba frente a una pequeña, que apenas la comenzaba.

En ese momento, la voz se le quebró al hombre, padre, y no resistió las lágrimas, por lo que el juicio se pausó.

Minutos después, tocó el turno a una madre que no volvió a ser la misma desde aquel julio de 2018, pero que acudió con fuerza al juicio para exigir justicia. En sus palabras, se sentía el peso del recuerdo cuando narró cómo vio por última vez a su hija, a la primera que parió, cuando la mandó a la tienda para que comprara una bolsa de basura. Para ella, su niña nunca regresó, sólo su cuerpo, vejado.

Los relatos configuraron una historia de terror, desde la desaparición hasta el hallazgo de un cadáver maltratado, ultrajado y abandonado en un baldío. Uno de los peritos detalló cómo lo encontró, pero la sala debió ser desalojada. Se enumeraron los indicios encontrados en la escena: una cobija cerca del cuerpo, un par de zapatos, colillas de cigarro… algunos cruciales para la decisión del tribunal.

Luego siguieron los médicos forenses y los rostros en la sala se desencajaron, eran expresiones de horror, entre tecnicismos. A la par, se desahogaban las pruebas para demostrar que el ahora sentenciado era culpable y, entonces, se añadió el peritaje de un psicólogo forense que agregó una víctima más, amiga de San Juana, en un caso en el que se añadían cada vez más argumentos.

Después, rindió declaración el “testigo estrella de la fiscalía”, referido así por la defensa, fue otro hombre quien vio a San Juana aún con vida y acompañada por el acusado. Esta persona, total para la parte acusadora, había proporcionado información para el retrato hablado del presunto responsable.

Cada uno de los testigos presentados por la fiscalía fueron severamente cuestionados por las mujeres defensoras, quienes constantemente interrumpían las declaraciones, argumentando que las respuestas no eran satisfactorias.

Cuando llegó el turno a Jorge Rodolfo, se mantuvo en cómo fue detenido, a lo que la defensa se aferró para insistir en que fue de manera arbitraria, “con actos de tortura y fabricación de pruebas para inculparlo”.

Aparentemente tranquilo durante su relatoría, el feminicida detalló cómo fue abordado en reiteradas ocasiones por policías de investigación, e incluso aseguró que siempre estuvo “dispuesto a cooperar”; a cada oración que decía, agregaba un “sinceramente”.

Cuando la fiscalía le preguntó si denunció las supuestas irregularidades, respondió que no y que sólo las conocían sus defensoras. Sin embargo, se supo que el ahora sentenciado, a través de sus asesoras legales, interpuso una queja en la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Zacatecas (CDHEZ), de la que desistió.

Pese a que el feminicida dio detalles muy puntuales con respecto a la presunta detención, maltrato y obtención de pruebas periciales, provenientes del cabello y saliva a través de un cigarro, esto no logró sustentarse por la defensa.

Sin dudas

En los alegatos de clausura, ambas partes, acusadora y defensora, se esmeraron en sus discursos para convencer a su favor. Luego de dos horas, los jueces dieron la voz a los padres de San Juana, para que emitieran su opinión. La madre sólo dijo: “queremos que se haga justicia y lo vamos a dejar en sus manos: ustedes han visto todas las pruebas y ustedes van a decidir lo mejor”.

Una vez clausurado el debate, hubo un receso de aproximadamente una hora para la deliberación. A las 00:20 horas de este miércoles, se reanudó la audiencia en la que la jueza relatora comunicó el fallo y expresó que la determinación fue por unanimidad.

Reconocieron que la defensa se esmeró en el desahogo de sus pruebas, así como en los alegatos de clausura, pero no tuvieron sustento, pues se basaron en que la fiscalía confunde su función de persecución de justicia con la fabricación de delitos, incumplimiento en el protocolo de feminicidio con perspectiva de género, violaciones al debido proceso y que, según la genética, el acusado no fue quien mató a la menor.

Por el contrario, expusieron, hubo circunstancias probadas que, entrelazadas, dieron sustento de la responsabilidad penal del acusado, más allá de toda duda, de acuerdo con la conclusión. Destacó el hallazgo de la cobija, que contenía evidencia científica con material biológico que correspondía plenamente con el perfil genético del acusado y de la menor.

Además, fue clave el testigo que vio a una persona con las características correspondientes, minutos posteriores a su desaparición, a escasos metros de donde se encontró el cuerpo, lo que se conjuntaba con los detalles proporcionados para el retrato hablado y el reconocimiento del sujeto.

También se tuvo información de la presencia del acusado en esa colonia y de la cercanía con las víctimas, previo a la desaparición de San Juana, por lo que se determinó que no puede existir la posibilidad de que se hayan construido las pruebas, calificadas “con valor, aptas y suficientes”.

Al unir con los testimonios, se concluyó que todo guardaba una relación lógica para demostrar los hechos, por lo que el tribunal de enjuiciamiento sentenció a Jorge Rodolfo, en ese momento con una expresión más desencajada, y los padres de San Juana abandonaron la sala, con miradas agotadas, pero afirmaron que seguros de haber obtenido algo de tranquilidad.

 


Los comentarios están cerrados.