David H. López
David H. López

¿Le ha pasado? Al menos la mitad de las publicaciones que despliega mi “feed” de noticias son espumarajos irracionales. Considero un verdadero trofeo a la ecuanimidad no responder o comentar en tanta barbaridad. Si hubiera un premio para eso, usted y yo lo exigiríamos sin aceptar un “no” como respuesta. Como no lo hay, acaso nos quedan contados momentos de catarsis.

Y no es falta de argumentos para “defender” en redes nuestra posición, esté usted a favor o en contra de ciertas medidas, o del mismo gobierno. Contactos los hay con una honesta preocupación por lo que está pasando en el país, y una visión crítica. Hoy preocupan los amigos que por fin decidieron salir de sus escondites para desquitarse y decir todo lo que traían reprimido.

Aquí nos embarga un sentimiento demasiado desagradable, una mezcla de frustración, condescendencia y una enorme decepción. Puedo con las primeras dos, desde hace años he lidiado con ellas y se han vuelto una especie de flagelos inseparables para recordarnos que somos responsables en redes de ser civilizados y tolerantes; pero la última al menos a mí se me presenta como un daño colateral aparatoso, un torpedo en la línea de flotación de mi fe en la humanidad, o al menos en la humanidad de ciertos amigos y contactos.

Sí, varios amigos y conocidos han hecho gala de su capacidad para decepcionar. ¿Era necesario retransmitir ese meme? ¿En serio se vuelve gracioso jugar con una situación epidémica en la que algunos lucharán por su vida y perderán?

Algunos por años se han lucido con expresiones de odio y prejuicio que en momentos ya no sorprenden; pero de otros que no considerábamos tan irracionales como para compartir cada ruindad, se están proyectando feamente. Se comprende –por ejemplo– la urgencia contenida en “tener la razón” respecto de López Obrador, lo deleznable es que usen una grave circunstancia sanitaria para salir de su constipación verbal.

Simpática y didáctica, la creación del personaje Susana Distancia por la Secretaría de Salud; ojalá sea la heroína que mitigue los estragos de un virus agresivamente contagioso. Dichosos los que estamos atrapados en casa; hay otros que necesitan seguirse arriesgando para allegarse sustento o cumplir con obligaciones inherentes e irrenunciables en su línea de trabajo. A ellos nuestro reconocimiento y respeto.

 

De cualquier forma, el arresto domiciliario se vuelve insufrible cuando vemos tanta basura en las redes. Por ello en complemento a Susana Distancia, le propongo al lector una “sana distancia virtual” en las redes.

El “dejar hacer, dejar pasar” de otros días en redes para algunos se ha vuelto inviable. Aunque recomendable, escapar de las pantallas se torna difícil. La “cuarentena virtual” que sugerimos consiste en una sana política de no borrar contactos, pero sí espulgar necedades. Es posible de dos formas: 1) si llegan a su feed de noticias publicaciones o comentarios que ponen a prueba su ecuanimidad, bórrelas sin más. Suena a censura, pero así usted libera espacio en el disco duro de sus emociones para cosas más constructivas; 2) si el gran amigo(a) de su adolescencia es desafiante para su paciencia y reincide en publicar cosas que envenenan la conversación, recurra al maravilloso botón de “ocultar a Fulano por 30 días”; cuarentena a un “click”.

En mi última colaboración del 2019 (http://bit.ly/2ZBDp16) propuse silencio en redes para desintoxicarnos del ruido. Dicha recomendación ahora no es viable porque somos demasiado dependientes de la red, aunque cuidado: la Unión Europea pidió a Netflix y otros gigantes de la web optimizar el peso de su streaming, porque tanta carga en tráfico comenzó a amenazar con un colapso masivo de internet. Estamos lejos –todavía– de eso.

Seamos conscientes y administremos nuestra civilidad y paciencia.

Twitter: @vidolopez

 


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