Felipe Andrade Haro
Felipe Andrade Haro

El Rey en los tiempos del coronavirus (2)

 

Había una vez un Rey medio torpe, pero en el fondo (muy en el fondo) sentía que era buena onda. Ésta es una de tantas historias.

PRIMER ACTO. El Rey es dado de alta, junto con los Guardias, por el médico real.

ESCENA II

─Rey: ¡Qué méndiga felicidad es estar fuera de esas cuatro paredes mugrientas, pasojientas y todo lo que termina en entas! Me siento fuerte como un roble. Ahora sí, a gobernar como se debe este reino globero.

─Duque de Tarabilla: ¿Ahora sí a gobernar? Pues anteriormente ¿qué estaba haciendo? ¿Jugando?

─Rey: Me refiero a que voy a enfrentar con firmeza el prole virus que afecta al reino. No es posible que se detengan las actividades económicas por un simple resfrío. ¡Todos a trabajar bola de holgazanes!

─Duque de Tarabilla: Entiendo que es usted muy respetuoso del sistema milord pero, ahora que estuvo enchiquerado, el Emperador emitió un decreto por el que se establece que la Sana Distancia se prorroga por otros 15 días más. Y se señala muy claramente que todo aquél que viole el decreto se irá derechito al infierno, aparte de la confiscación de sus bienes.

─Rey: ¿Quéeeeeeeee? Eso va en contra de los más sagrados principios del mercado libre. ¡Nos va a llevar la rechin….!

─Duque de Tarabilla: No se acelere, milord, que según el Emperador todo está fríamente calculado. Mañana estará por estas tierras el marqués López-Gatell para informarle la forma en que deberá de contribuir durante la cuarentena.

─Rey: Ah, chingá, ¿y yo por qué? ¿Yo no la maté? Además, ya emití un decreto para hacer frente a la epidemia en el reino. Un decreto que pasará a la historia porque salvaré las instituciones y el sistema económico. Gracias a mí el libre mercado estará a salvo de epidemias y populismos. ¡Toda la lana destinada a la prole y a los latosos mini empresarios!

─Duque de Tarabilla: Tampoco sea mentiroso, milord. Sólo se está destinando una lanita y ya. Además, es mi deber decirle que las empresas trasnacionales del reino no se han puesto la del Puebla.

─Rey: ¿Pero qué dices, ingrato? El ministro de economía me ha dicho que la gringa-canadiense empresa minera ya se mochó con 100 cubre bocas y 10 litros de alcohol. Y la empresa de las cheves donó veinte cartones de serpientes bien frías para la perrada. Anuncia que la carnita asada se va a hacer.

─Duque de Tarabilla: Pero, excelencia, no sea irresponsable, recuerde que la Sana Distancia dice que…

─Rey: Me vale madre la sana, sana, colita de rana. Aquí el único de que rifa soy yo. Y por cierto, he pedido a mi grandioso equipo de comunicación una campaña propia para que salga por le radio y tv del reino, con mi maravillosa voz anunciaré las medidas a tomar para enfrentar el prole virus.

─Duque de Tarabilla: (Este pinche loco debió quedarse otros quince días encerrado). Cómo usted ordene milord.

─Rey: Traédme inmediatamente a mi diseñador de campañas en el acto.

Sale el Duque para llevar ante el rey a Cuco López, especialista en comunicación.

─Rey: Adelante, Cuco, no te apenes conmigo, recuerda que somos amigos desde la primaria.

─Cuco López: ¿De plano? Pues a tus órdenes panzón.

─Rey: Tampoco, méndigo, digo una cosa es que nos conozcamos de hace tiempo y otra que me faltes al respeto,

─Cuco López: Nunca se te quitó lo creído, pero bueno. A sus órdenes, milord.

─Rey: Que diferencia. Ahora bien, dime la estrategia de comunicación para enfrentar el prole virus.

─Cuco López: Clarín, corneta. Le traigo la mejor campaña para que la prole se quede en su casa y no se propague el virus en el reino. Se llama “El que se mueve no sale en la foto”. También traigo otra, con música de Rigo Tovar, que se llama: “Mi Matavirus del alma, pronto te voy a chentar”. Pero el de Sir Chabelo es genial, es un pequeño sketch en el que el amigo de todos los niños, nos enseña que portándose bien con sus papás, se llega a los 150 años que él tiene.

─Rey: Apreciado Duque, llévate a este cabrón derechito a la guillotina. Y búscate a alguien de comunicación que me ayude.

¿Encontrará el rey a alguien capaz en su equipo de comunicación? No deje de leer el siguiente capítulo.

¡QUE SE QUEDE EN SU CASA, CHINGAO!


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