David H. López
David H. López

¿Qué es dar la vida por México? Pregúnteselo al personal médico que, mientras usted lee esto, se la juega en un hospital lleno de COVID-19 atendiendo a otros seres humanos que bien podrían ser nuestros padres, hermanos, hijos o abuelos.

Desde Estados Unidos los paisanos hacen el esfuerzo de mandar dinero. No disminuyen, ni siquiera se mantienen: los incrementan.

Todo podría indicar que tienen la justificación más apremiante para no hacerlo, ¿Quién podría juzgarlos por retener algo de dinero en detrimento de quienes se quedan de este lado? Un racional posible, diciendo a la familia, “los tiempos están canijos, te mandaré menos dinero, pero como quiera vas a recibir; todos debemos ajustarnos y esperemos que esto pase pronto”. ¿Alguien hubiera objetado?

Pero no. El aumento fue de un 53 por ciento en México y 18 por ciento en Zacatecas, según Banxico (https://bit.ly/3b76aHk).

Por ello proponemos sumar al gran honor de nuestros héroes de servicios de salud (médic@s, enfermer@s y personal administrativo y de apoyo) estos otros héroes, los paisanos que están en una nación particularmente golpeada en salud por el COVID-19 y sus coletazos económicos, como el desempleo, quienes lidian con empleos que suelen no esperar exponiéndose al contagio o peor aún, se despojan de algún aprovisionamiento para enviar derrama.

Ayer recordamos a los héroes del 5 de mayo encabezados por Ignacio Zaragoza, junto a Díaz, Berriozábal, Lamadrid, Tapia y Negrete. Este último un militar que peleó en el bando conservador y al perder el conflicto doméstico y ver la integridad de la patria en peligro, se presentó ante el presidente Juárez a ofrecer su experiencia y servicios con un desinterés que en su momento despertó sospecha, pero resultó ser genuino.

Sí, Miguel Negrete abrazó los ideales de Zuloaga en la Guerra de Reforma. Negrete era conservador y peleó con ellos, pero ante el peligro de la patria ante la invasión extranjera puso a “descansar” los rasgos beligerantes de su ideal y optó por México.

El 5 de mayo de tan dado por hecho, tan desgastado en su repetición, ha provocado una desafortunada inoculación, y ya no nos impacta. Pero recordándolo bien, nos deja el testimonio de héroes cuya mística de patriotismo hoy hacen mucha falta.

El general Ignacio Zaragoza –por ejemplo– se ganó a pulso el cariño de sus tropas porque se preocupaba por ellos. En días posteriores, contra todo consejo, fue a ver a los heridos de batalla y allí se contagió de la tifoidea que al final lo mató el 8 de septiembre posterior.

Para los desmitificadores iluminados esta gesta está «sobrevaluada» por muchas «razones históricas». La más sobada de todas es que «como quiera invadieron un año después».

 

Y en una valoración más completa, pueden tener razón. Pero invadieron a un pueblo que sabía que podía pelear y ganar. A un pueblo a quien el 5 de mayo le generó una identidad y un sentido de defensa y de pertenencia. Un verdadero patriotismo de hombres que no usaron la bandera para –por ejemplo– festejar en el Angel un campeonato de la Copa de Oro, sino un patriotismo que los hizo jugarse la vida y ofrendarla para que nosotros hoy tuviéramos patria y los recordemos junto a nuestros hijos.

Lo mismo sucedería si en los siguientes meses las remesas se desplomaran. ¿Dónde quedaría el heroísmo de nuestros paisanos? Haremos bien en usar hoy su ejemplo como prendas de esperanza. Las necesitamos.

¿Qué es dar la vida por México? Pregúnteselo al personal médico que, mientras usted lee esto, se la juega en un hospital lleno de COVID-19 atendiendo a otros seres humanos que bien podrían ser nuestros padres, hermanos, hijos o abuelos.

Esas prendas deben llenarnos de esperanza en días como éstos, donde respiramos con cierta desconfianza (no nos vayamos a contagiar). Nos queda –ya lo hemos dicho– hacer nuestra parte, y atender el #QuédateEnCasa.

Provenimos de héroes en el pasado, convivimos con héroes en el presente y saldremos adelante.

@vidolopez

 

COLUMNA: EDITORIAL

AUTOR: David H. López

dhlopezg@gmail.com

CABEZA: Héroes y esperanza


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