ALBERTO MORONES/NTRZACATECAS.COM
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Preocupaciones como la falta de alimento y de trabajo por la crisis, así como el aumento de la inseguridad y las carencias en servicios, compiten contra el miedo al contagio de COVID-19; en las localidades de la capital y Guadalupe, se sufre también el aislamiento, desde hace más de dos meses.

Para la señora Agustina Palafox Ledesma, una mujer viuda de 88 años, la cuarentena trajo complicaciones hasta para cubrir las necesidades más básicas, como tener comida. Antes del encierro, ella salía a caminar por las calles, donde recibía algunas monedas o insumos.

Sin embargo, con la contingencia y menos gente que sale, lamentó: “ahora ando en las tiendas pidiendo fiado”. “Hoy la de la tienda me fio 5 pesos de arroz, con esto voy a comer hoy y mañana, pero los demás días ¿cómo le hago? Necesitamos mucho de la ayuda”, expresó.

En La Luz, Guadalupe, son pocos los negocios que se encuentran abiertos, regularmente los de productos esenciales, como tiendas de abarrotes, fruterías y tortillerías. Agustina Palafox resaltó que, como ella, hay varios adultos mayores que viven solos y carecen de un sustento para resguardarse por largos periodos en casa.

En Casa Blanca, del mismo municipio, algunos establecimientos mantienen las cortinas arriba, pero los que las cerraron fue “más por miedo que contagiarse”, aseguran los transeúntes, pues refirieron que, desde que inició el aislamiento, los actos delictivos han aumentado. De acuerdo con testimonios, algunos fueron “obligados a entregar mercancía o lo que se quieren llevar”.

Un vendedor de productos para cuidado de animales, quien se reservó su nombre por temor a represalias, declaró que los hechos de delincuencia en las comunidades repuntaron en 2020 y, durante el poco más de un mes que va de la emergencia, los robos han aumentado y la presencia de las autoridades de seguridad es mínima.

Consideró que los habitantes de Casa Blanca han sido responsables con las medidas que se han implementado por la pandemia, como evitar salir de casa. Como prueba de ello, mencionó la cancelación de la fiesta patronal por el día de la Santa Cruz, muy importante para la localidad: “nadie salió, sólo el cohetero; el pueblo respetó y no se hizo nada, aunque es una fiesta importante aquí”.

 

Hambre y sed

En comunidades como García de la Cadena, mejor conocida como El Visitador en la capital, una de las principales preocupaciones para sus habitantes es la escasez de agua potable, indispensable para acatar medidas de prevención como el lavado de manos, mantener espacios limpios o simplemente hidratarse.

Vecinos del lugar explicaron que, regularmente, la cantidad de agua que recibe la localidad es poca; sin embargo, luego de que se quemara la bomba del pozo, que proporciona el líquido a las más de 200 viviendas, la gente sufrió por falta de dinero para repararla.

Juanita tiene 81 años, vive con su esposo y ninguno tiene trabajo por su avanzada edad. “Desgraciadamente, en este tiempo (de aislamiento) se puede vivir hambre y sed”, lamentó.

Su único sustento es el apoyo que reciben del Programa para el Bienestar de las Personas Mayores que, desde que inició la fase 2 de la contingencia se adelantó el pago bimestral mayo-junio, otorgando un total de 5 mil 240 pesos; sin embargo, el adelanto no contribuyó mucho, pues los pagos de servicios como luz y agua, así como gastos en comida y medicinas, agotaron el recurso en sólo un mes.

“¿Cómo le vamos hacer con el tiempo que falta?, hay muchos viejitos que no tienen quién los ayude, tenemos que salir a buscar con los vecinos”, lamentó la mujer.

Mismo problema

La falta de recursos económicos ha generado frustración para muchas personas, no sólo de las comunidades, también en zonas marginadas de la ciudad. Carlos Gutiérrez, de la colonia Filósofos, diario sigue trabajando “de sol a sol” con su carrito de paletas, pues la necesidad no le permite resguardarse.

Con un semblante cansado, quemado por el Sol mientras empuja su carrito de paletas, Carlos confesó que el aislamiento ha hecho que la jornada laboral sea más agotadora, ya que sus ventas se han reducido hasta a cuatro paletas por día.

“Esto es todo lo que he sacado: son apenas 30 pesos; desde las 8 de la mañana salí de mi casa, son las 4 de la tarde y apenas esto llevo. He caminado por más calles, con sólo un taco en el estómago. Ya voy de regreso, con la esperanza que mañana sea mejor”, dijo.

En la colonia donde vende sus productos hay pocas viviendas y resaltó que muchos sufren carencias; ésta es una de las consideradas como zonas de atención prioritaria. Expuso que, como trabajador afectado, acudió a oficinas gubernamentales del estado a solicitar apoyo. “Nadie me atendió, todo está cerrado, todos están descansando”, reclamó.

Reiteró que cada día saldrá a intentar vender paletas. “Aunque nos digan que no se puede, que nos protejamos; ¿cómo le puedo hacer?, ¿qué va comer mi familia?”.

 


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