Óscar Novella Macías
Óscar Novella Macías

Un fantasma recorre México

 

“Nada se parece más a un fascista

que un burgués asustado”.

Bertolt Brecht

 

Después de Reino Unido, en Europa, los países mediterráneos son los más afectados por el Covid-19. España, Italia y Francia apenas ven una luz al final de un túnel particularmente atropellado. Las cifras de contagiados y muertos de estas naciones mediterráneas superaron por mucho las proyecciones para países desarrollados europeos. Para los observadores, hay un país de lengua romance que no hemos mencionado, de hecho, si no fuese por una fricción con Países Bajos, no hubiera sido protagonista de la prensa internacional. Obviamente me refiero a Portugal.

El país luso es uno de los que mejor se ha enfrentado a los estragos de la pandemia, a pesar de todos los pronósticos. El terruño de Pessoa viene de una crisis económica y política, producto de la recesión de 2008. Es un país pequeño cuya única frontera terrestre es con una de las naciones que peor golpeó el Covid-19; además de cargar con un precario sistema de salud, desmantelado por las políticas de austeridad que la derecha portuguesa aprobó en 2010. A pesar de este escenario, el actual gobierno socialista ha mantenido sus números bajos, y aprovechó su posición geográfica para ganar tiempo y así fortalecer el sistema de salud, así como dar acceso al mismo a todos los migrantes en su territorio (sin importar su situación migratoria) para evitar un colapso en las poblaciones más vulnerables.

El caso de Portugal es muy interesante, ya que vemos como una agenda de izquierda, comprometida con el desarrollo humano, ha sido profundamente útil para enfrentar la crisis del Covid-19. Es curioso como un caso de éxito como éste es olvidado por opinadores de derecha como Krauze o Vargas Llosa, quienes son incapaces de reconocer las victorias sociales que alcanza la izquierda.

Para últimas fechas, la derecha mexicana ha gustado por usar el mismo adjetivo para calificar todo lo que no le gusta: Comunista. La incapacidad de la derecha para articular un argumento sólido se ve reflejada en el constante uso de “hombres de paja” y ad hominem.  Esta falaz forma de debatir no permite que el diálogo político surja y se desarrolle, ya que se genera un ecosistema en donde las filias y las fobias priman sobre las ideas. Para muestra un botón: Hace algunas semanas el “periodista” Pedro Ferriz Hijar convocó desde su cuenta de Twitter a un golpe de Estado, bajo el argumento de que la 4T se preparaba para instaurar un régimen comunista en México. Como es obvio, la respuesta de la gente no se hizo esperar, acusando a Ferriz Hijar de llamar a la violencia, de ser irresponsable y negligente, y, sobre todo, lo acusaron de ser un analfabeto político.

Dadas estas circunstancias, no es de sorprender ver cómo los sectores más conservadores de la sociedad mexicana pusieron el grito en el cielo cuando el presidente interino de Morena, Alfonso Ramírez Cuéllar, propuso darle poderes al INEGI para censar la riqueza. Los medios afines a la derecha cabecearon esta nota como si fuese el inicio de una persecución bolchevique, dando un tratamiento particularmente tendencioso a lo expresado por Ramírez Cuéllar. A pesar, dicha propuesta pudo expresarse con mayor tacto político, creo que el subdiscurso en la misma plantea algo muy interesante: La progresividad fiscal.

Si queremos que un proyecto de izquierda funcione, necesitamos crear las mecánicas para realizar una justa distribución de la riqueza, pues ya hemos visto que los actuales mecanismos no hacen gran cosa por terminar con la dolorosa desigualdad que sufre México. No sólo es responsable, sino noble, encontrar la manera que los que se han servido hasta la saciedad de nuestro país, sus recursos y su fuerza de trabajo, contribuyan fiscalmente como es debido.

Una propuesta como ésta cimbraría por completo las estructuras de poder y riqueza que han permitido que unos cuantos se enquisten en las élites y, precisamente, por esto es que los conservadores de desgañitan y salen a gritar sobre la “gran amenaza roja”.  Esta reacción no sólo me parece ridícula e ignorante, sino también mezquina, ya que tenemos ejemplos como en España o los Países Nórdicos, que en su legislación tienen contemplada la progresividad fiscal como una forma de redistribuir la riqueza en busca de un desarrollo material, social y humano.

El llamar comunista (además como insulto) a cualquier forma de política social es el síntoma de una derecha que, como ya hemos mencionado varias veces en esta columna, no está a la altura de las circunstancias históricas, más que nada porque están aparentemente imposibilitados para reconocer las demandas de un pueblo del que están desconectados; asumir los errores que han cometido como gobierno y oposición; pero, sobre todo, no han podido ver como el modelo económico y político está virando hacia uno que debe anteponer a la gente antes que al mercado.

La invitación a López-Gatell por parte de la OMS es un claro reconocimiento de que en México el capitalismo más predador no volverá a campar a sus anchas ni volverá reinar el “sálvese quien pueda”. Si algo podemos aprender del gobierno socialista de Portugal es que las crisis se enfrentan con colaboración y justicia social. Porque, si ser comunista significa que la gente debe importar más que los mercados, entonces en la 4T somos un montón de comunistas.


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