Felipe Andrade Haro
Felipe Andrade Haro

El Rey va a una entrevista

 

Había una vez un Rey medio torpe, pero en el fondo (muy en el fondo) sentía que era buena onda. Ésta es una de tantas historias.

PRIMER ACTO. El Rey se prepara para ser entrevistado en la radio del reino.

ESCENA IV

─Duque de Tarabilla: Y por favor milord, tiene que ser una entrevista que lo muestre como un auténtico estadista, como un político moderno. Yo sé que está difícil, pero trate de serlo.

─Rey: Sois un perfecto botarate. ¿Acaso no sabes que la prole me eligió por mis dotes de político de altura? Además, aprendí perfectamente en el Manuel para ser un Auténtico Político, del destacado intelectual Chumel de las Altas Torres.

─Duque de Tarabilla: ¡Es cierto, milord! No recordaba que a usted se le da mucho la lectura de altos vuelos. Usted es todo un politólogo.

─Rey: Aunque lo digáis con cierta sorna. Además de mi alta preparación, he aprendido muy bien en estos años, sin olvidar los sabios consejos que me ha dado Wikipedia. Tanta lectura me ha hecho sabio. Tengo ganado el aprecio y respeto de la prole y, por supuesto, de la clase política del reino. Nada se hace sin mi sabia opinión.

─Duque de Tarabilla: No lo dudo, milord, todos los indicadores económicos y sociales del reino así lo indican. Estamos en último lugar en todo. Menos en inseguridad y desempleo.

─Rey: ¿Sabes que hablas como un opositor? ¿Cómo se me hace que andas cambiando de bando?

─Duque de Tarabilla: Vos me conocéis, milord, siempre he sido muy derecho y el día que no esté de acuerdo con usted, me pinto de colores. Así de fácil.

─Rey: Bueno, ya basta de charadas y a lo que sigue. Tengo que hacer esta entrevista y quiero que toda la prole la escuche. Pongan bocinas fuera de palacio y en las principales calles del reino. No quiero fallas.

─Duque de Tarabilla: Ya está todo listo, hasta mandamos a preparar agua de horchata para que la prole se refresque y esté atenta a sus palabras, milord.

El rey sale del palacio y se dirige en su carruaje a la estación de radio del reino para ser entrevistado.

­─Locutor: ¡Oh, alteza! Esta humilde estación se viste de gala con su presencia. Qué honor excelencia.

─Rey: Ya lambiscón, déjate de boberías y a lo que vine.

El rey pasa a la cabina e inicia la entrevista.

─Locutor: Amigos, bienvenidos a este programa especial. Hoy tenemos el honor de contar con la presencia de nuestra majestad, quien viene a hablarnos de cómo anda el reino.

─Rey: Así es. Saludo con mucho cariño a la prole que me escucha con atención. Y quiero decirles que estos años he actuado siempre en beneficio de todos sin excepción. Que a pesar de las desgracias que han caído sobre nuestro reino, no nos hemos rendido ni nos vamos a rendir, que esta epidemia que hoy nos aqueja nos deja muchas lecciones para que el futuro sea más promisorio.

─Locutor: Qué elocuencia, milord, qué grandes noticias para todos. Sabemos de su generosidad y capacidad, que sólo unos cuántos pelados no ven ni con lupa.

─Rey: Así es. Sabemos que es una minoría la que no habla de los grandes avances que hemos logrado, unos cuantos pelafustanes que sólo viven para criticar, pero nunca para proponer, a pesar de mi llamado a juntar esfuerzos por el reino. Pero la prole sí sabe de nuestro trabajo, a ellos les saludo a través de este programa.

─Locutor: Nos llega un mensaje de Nepomuceno Picoy, quien dice que no vaya a robar tanto como el otro.

─Rey: ¿Quéeeeeeee? ¡Ah méndigo, Chiricuto, ni que fuera tú! Sepan que ni un sólo centavo he tomado para mí. Que todo lo he dedicado para mandarles despensas y para ayudarlos durante esta epidemia. Pero si falta lana, es porque el emperador nomás no me ha mandado ni un quinto el muy…

─Locutor: Bien amigos, vamos a unos comerciales y regresamos.

─Duque de Tarabilla: ¡Chingao con usted! ¿Qué le dije? Luego, luego, a echarle cacayacas al emperador. Así menos nos va a mandar billete para el Año de Hidalgo, digo para salir de la crisis.

­─Rey: Pues este méndigo locutor de cuarta. Y eso que lo tenemos en la nómina. Ya sé que todos se andan acomodando para el que viene, chapulines desgraciados. Pero ya verán. Por cierto, Duque, ¿está la prole atenta a la entrevista?

─Duque de Tarabilla: Lo siento mucho, milord, pero fíjese que se volteó un carretón doble con varios cientos de cartones de cerveza y andan en la pepena. Ya hasta el locutor se fue para ver qué alcanza a agarrar. Le dije que comprara cheve para llenar los aguajes, pero ni caso me hizo. Si me permite, milord, deje ir a poner orden, mientras léase un poema de Amado Nervo en lo que llegamos.

─Rey: Hijos de toda su “#$%&)(¿=

¡SIN SALIR Y SIN CERVEZA, EL ZACATECANO PIERDE LA CABEZA!

 


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