ALEJANDRO CASTAÑEDA/NTRZACATECAS.COM
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El obispo Sigifredo Noriega Barceló anunció que a partir de este lunes los templos católicos que conforman la Diócesis de Zacatecas abrirán sus puertas; sin embargo, las misas se reanudarán el 15 de junio.

En conferencia de prensa, detalló que el 1 de junio también se restaurarán las misas póstumas para quienes no hayan muerto a causa del COVID-19, aunque sólo se permitirá la presencia de 20 personas y la restricción permanecerá mientras se mantenga el naranja en la semaforización.

Puntualizó que, si el estado pasara a amarillo, entonces se podría aumentar a 50 por ciento de capacidad de fieles, dependiendo del tamaño de las iglesias, pero si la entidad estuviera en rojo, los santuarios se cerrarían de nuevo.

 

Trabajo conjunto

Noriega Barceló aseguró que se tiene coordinación con las autoridades de salud del estado y la Federación, por lo que hay “un sentido de responsabilidad” para evitar nuevos contagios mediante el cumplimiento de protocolos.

Detalló que la Diócesis de Zacatecas se conforma por 35 municipios de esta entidad, cinco de Jalisco y Santo Domingo, San Luis Potosí; en total son 121 parroquias que seguirán con los lineamientos sanitarios establecidos.

Los párrocos “tienen la instrucción de no desacatar cada una de las medidas implementadas por las autoridades locales, pues a pesar de que junio es un mes de muchas festividades católicas, se debe anteponer la salud”, recalcó el obispo.

Detalló que, previo a la apertura y el regreso de las misas presenciales, la Secretaría de Salud de Zacatecas (SSZ) y la Coordinación Estatal de Protección Civil (PC) capacitaron a las personas que trabajan en los templos.

Reportan desacato

El obispo de la Diócesis de Zacatecas reconoció que se registraron reportes de misas que se transmitieron virtualmente, como se estableció debido a la contingencia; sin embargo, a los templos “entraba mucha gente”.

Entre estos casos, detalló que en Loreto y la zona de los Cañones hubo misas con más personas de lo permitido, pero explicó que se habló con los párrocos y se controló el problema. Los funerales fueron las ceremonias que más complicaciones presentaron, “pues es difícil detener a las personas en esta situación”.

Sin embargo, justificó que la diócesis zacatecana no abarca todo el territorio estatal, pues a la de Durango le pertenecen nueve municipios, dos a la de Aguascalientes y uno a la de San Luis Potosí.

 

Crisis económica y población vulnerable

Noriega Barceló aseveró que la diócesis que encabeza pasa por una crisis económica, ya que se mantiene de las aportaciones de los fieles y éstos dejaron de ir por la contingencia, pero agradeció que se ha salido adelante gracias a la solidaridad de la gente.

Ejemplificó que el Santuario de Plateros aporta más de 50 por ciento de los ingresos de la diócesis y, aunque ahí no se han cerrado las puertas de esta iglesia, no se han celebrado misas, por lo que las aportaciones bajaron considerablemente.

Agregó que el obispado puso un fondo a disposición de párrocos y sacerdotes, mediante el cual reciben entre 7 mil y 8 mil pesos mensuales cada uno.

De entre todas las diócesis, la zacatecana tiene los sacerdotes con mayor edad, con un promedio de 53 años, además de tener 57 padres mayores de 70 años, por lo que Sigifredo Noriega enfatizó que la instrucción es cuidarse y evitar contagios y complicaciones.

No obstante, reconoció que hay casos positivos de COVID-19 y posibles decesos entre las personas que se dedican a la vida religiosa, sin especificar cifras.

 

Tecnología, una nueva enseñanza

Acerca de la tecnología, el líder religioso declaró que se usó sobre todo para transmitir las misas y llegar a los creyentes, sin que éstos salieran de casa: la celebración de Domingo de Ramos tuvo un alcance de 160 mil personas, lo que habla del éxito de esta nueva modalidad.

De igual forma, citó el caso de las peregrinaciones virtuales al Templo de Plateros, que consiste en transmitir la oración por Internet a los peregrinos de toda la República.

Opinó que son tiempos en los que no se debe dejar la oración e invitó a la reflexión personal, pues “el enemigo es el virus, no la persona, y debemos hacer a un lado el miedo a las personas como principio básico”.

Finalmente, el obispo afirmó que esta pandemia “ha dejado un tiempo con enseñanzas para ser más humano y fijarse no sólo en la gente enferma, sino también en la gente que es golpeada por la violencia”.


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