Alfonso Carlos Del Real López
Alfonso Carlos Del Real López

Los municipios zacatecanos, nueva realidad y la salud pública (III)

 

Con esta colaboración termino una serie de tres textos que, como diría el Chavo del Ocho, “sin querer queriendo” se convirtieron en el proemio de la posibilidad, quizás histórica, de que muchas y muchos actores políticos de la actualidad dejen de lado asuntos superfluos -pero con hervidero en redes sociales- y puedan voltear la mirada a algo realmente trascendente: los municipios, la nueva realidad posterior a la pandemia del SARS-CoV-2 y la salud pública.

Aprovecho para dejar constancia de mi agradecimiento, reconocimiento, respeto, crítica, cariño y admiración a mi hermano, el “Dotorrrrr Del Real”, porque sin él darse cuenta me dio una cátedra de elementos de salud pública que cualquier gobierno, de cualquier partido y en cualquier época podría adoptar, sin perderse en la mezquindad que la inmediatez del cargo puede implicar. Honor a quien honor merece. Te quiero, Brody.

Cerré la colaboración anterior anunciando que le daría a conocer la propuesta de iniciativa de modificación a la Ley Orgánica del Municipio del Estado de Zacatecas en la que, con la urgencia de la pandemia y en el marco de debates domésticos, se pensó como la vía más adecuada para generar un primer paso que construyera condiciones al municipio zacatecano para abrirse participación en la definición, determinación, ejecución y evaluación de medidas circundantes con la salud pública.

La iniciativa, hasta el borrador del día de hoy, busca solamente adicionar un par de fracciones a los artículos 60 y 98, para que el municipio zacatecano tenga una serie de atribuciones en materia de salud pública, como realizar diagnósticos e informes del estado de la salud pública del municipio, de acuerdo a las necesidades de los programas del ayuntamiento; coadyuvar con las entidades estatales y federales para mejorar la coordinación y asistencia de atención y mejora a la salud pública; emitir opiniones en cuanto a los planes y programas del municipio que requieran orientación en cuanto a salud pública, tales como el plan municipal de desarrollo, de desarrollo urbano, de medio ambiente y recursos naturales, entre otros; vigilar el cumplimiento de las normas de salud pública en la prestación de servicios municipales; identificar los potenciales riesgos a la salud pública en la demarcación territorial, para trabajar de manera coordinada con las autoridades federales y estatales en su mitigación y; coadyuvar en las acciones afirmativas de promoción de la salud. Para esto, se propone que los municipios en nuestro estado contemplen como dependencia sugerida una Dirección Municipal de Salud Pública.

No tiene mucha ciencia la propuesta: se pretende que el municipio tenga la posibilidad de crear dentro de su estructura administrativa una dirección que pueda generar acciones -o empatarlas- con los esfuerzos federales y estatales en relación con distintas deficiencias del sector salud y la referencia informativa de un lugar específico. El municipio es la célula básica de la organización política y administrativa en el país, y puede actuar así. Necesita un espacio en la ley que le permita opinar en cuanto a las determinaciones de salud pública en su territorio, pues malas decisiones en esa materia pueden poner en riesgo la viabilidad económica, social y hasta política. No se pretende de ninguna manera quitarle atribuciones a los ámbitos federal o estatal en la materia, mucho menos la rectoría que ejercen a través de ese amplio, complicado y a veces engorroso entramado jurídico que ya existen, sino que se tengan un tercer espacio de apoyo en el municipio para evitar problemas graves.

El espíritu de este esfuerzo, si llegara a tener un espacio de discusión en la legislatura local, estaría centrado en crear estructura capacitada a nivel municipal; mejorar la instrumentación de convenios de colaboración entre los tres ámbitos de gobierno; que haya mayor y mejor información sobre los problemas de salud pública en los municipios para que las decisiones en cuerpos colegiados; posibilidad de eficientar la coordinación con los diferentes organismos externos federales y estatales, y dar seguimiento oportuno a posibles acuerdos y estrategias en materia de salud, así como el desarrollo de indicadores generados en programas especiales o municipales de atención a la población; por último, el espíritu también radica en mejorar incluso las decisiones comunicacionales de las campañas de salud.

Ya hay un borrador; quizás hay que depurarlo. Pero ahí está la idea. Estamos en vísperas de “una nueva normalidad” y habrá que cambiar la perspectiva del trabajo gubernamental. En consecuencia, eso aplica para el municipio. La salud pública es un tópico que estuvo descuidado, pero la pandemia lo trajo a la primera fila. Eventualmente buscaremos algún acercamiento con algún legislador o legisladora para ver qué pasa con el proyecto, pero, por lo pronto, insisto, la idea ahí está… y el borrador también.


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