Edgar Alejandro Palacios Gaytán / Historiador
Edgar Alejandro Palacios Gaytán / Historiador

Después de enterados de los acontecimientos en Tenochtitlan, y para hacer frente a esta amenaza, Cortés mandó mensajeros a por Juan Velázquez de León y Diego de Ordaz, a quienes después de la derrota de Pánfilo de Narváez había mandado a explorar y conquistar las tierras sobre el río Panuco y Coatzacoalcos respectivamente, cada uno acompañados de poco más de 100 hombres. Nuestro capitán emitió la orden de que cambiaran rumbo y se dirigieran a Tlaxcala, en donde nos encontraríamos.

Mientras tanto, se mandó a que los capitanes apresados de Pánfilo de Narváez fueran transportados en dos naves a la isla de Jamaica, a excepción de Narváez y de Alonso de Salvatierra, quienes permanecieron presos en la Villa Rica de la Veracruz; además, Cortés pidió que se les restablecieran sus armas a los soldados, a los cuales como había ya platicado trató de allegarlos a él por medio de buen trato y dádivas, cosa que no estuvo de acuerdo en un primer momento Alonso de Ávila, un par de años después él se volvería importante para desarrollar encargos de gran relevancia para Cortés, cosa que después platicaré. Don Alonso después  participó en las conquistas de Yucatán, junto con Francisco de Montejo, y moriría en las expediciones del norte de lo que sería la Nueva Galicia.

Iniciamos la marcha rumbo a Tenochtitlan. Éramos ya más de mil españoles y 100 caballos. Cortés lideraba la marcha junto con la caballería a paso rápido. Llegamos a Tlaxcala en la segunda semana de junio, en ésta ciudad los jefes indígenas nos otorgaron otros miles de soldados tlaxcaltecas y allí mismo recibimos más noticias de cómo mantenían sitiados a Alvarado y los demás en el palacio de Axayácatl.

Una vez abastecidos partimos hacía Texcoco, donde por los caminos observamos que estaban desiertos y tranquilos, muchos nos decían que era porque habían acudido al auxilio de Tenochtitlan. Allí nos encontramos con el Príncipe Ixtlilxochitl, quien nos contó que había atacado a los mexicas y ponía a nuestra disposición también su ejército.

Ya en la ciudad de Texcoco, Cortés mandó una canoa por el lago hasta Tenochtitlán para poder informarse mejor sobre lo que sucedía, siendo su sorpresa que ya venía precisamente otra canoa un español y un mensajero de Moctezuma. El primero nos contó sobre el cerco que mantenían los indígenas no permitiendo poder abastecerse y la muerte de 6 o 7 españoles. El mensajero del Huey Tlatoani, que le decía a Cortés que probablemente ya sabría de los hechos acaecidos y de que probablemente estaría enojado, pidiéndole que no fuera así, puesto que él también había sufrido con los acontecimientos, a lo que Cortés le respondió que no era así, puesto que conocía la buena voluntad de Moctezuma.

Una vez allí se planeó cómo sería la estrategia para entrar a la ciudad de Tenochtitlan, puesto que esta vez no podríamos ir por la gran calzada de Iztapalapa como lo habíamos hecho en noviembre pasado, planteándose que sería por la calzada de Tepeyac, que quedaba al norte y más cerca del lago de Texcoco.

Una última cosa que contaré antes de seguir el relato, es que de manera inesperada, además de los miles de hombres y jinetes y escopeteros que nos acompañaban para poder enfrentar la guerra también nos acompañaba una enfermedad que en ese momento no concebíamos que sería nuestra gran aliada para poder acabar física y moralmente con los indígenas, diezmando la población en los años venideros; eran las viruelas que ya viajaban con nosotros rumbo a Tenochtitlan, llegó con la embarcación de Narváez y rápidamente se extendería por todo el valle de México, estos detalles los contaré posteriormente.


Los comentarios están cerrados.