Alfonso Carlos Del Real López
Alfonso Carlos Del Real López

Perfiles y equipos de unidad y suma

 

En cada elección que viven quienes se definen como políticos profesionales o gente de partido, hay un hecho contundente: es el espacio para que se contrasten perfiles y equipos afines a ellos que buscan detentar el poder público.

La serie documental de Netflix “1994” explica las circunstancias políticas alrededor de la definición de la candidatura de Luis Donaldo Colosio. Sobra decir que la serie es una pieza única por la capacidad de incorporar testimonios de muchos de los protagonistas de la historia en la época y particularmente los que se refieren a una situación específica:  la posibilidad de que él (Colosio) encabezara una nueva vertiente para la definición del desarrollo del país con un PRI renovado, acompañando el despertar social y no siguiendo la línea del presidencialismo todopoderoso.

Con la designación de Colosio, hubo quienes quedaron “fuera de la jugada” por la naturaleza de la designación y porque, obviamente, el malogrado abanderado priísta ya había construido su equipo político cercano y, a partir de ahí, se tenía que dar la famosísima “operación cicatriz”. Con esto como telón de fondo, había que “echar a andar la carreta para que se acomodaran las calabazas”, es decir, comenzar la operación política para sumar perfiles y equipos para lograr un equipo superior que se dispusiera a gobernar México no solamente en el plano federal, sino también en lo local y en las cámaras del congreso.

Y es ahí donde está el detalle. Los perfiles no son creados por generación espontánea. Son personajes cuyas características personales coinciden con una situación política, intereses de la misma naturaleza y circunstancias sociales. ¿Usted, hoy por hoy, cómo vería a Vicente Fox de candidato a la presidencia de la República para suceder al presidente López Obrador? ¿Votaría por él? ¿Y cómo ve a Zedillo, a De la Madrid, a Peña Nieto o al propio AMLO… votaría por ellos? La conclusión de esto es que estos personajes, como candidatos y eventuales gobernantes, fueron producto de su tiempo y sus circunstancias, y éstas ultimas están ligadas a perfiles y a equipos.

El próximo año, Dios mediante, habrán de elegirse 15 gobernadoras y gobernadores en el territorio nacional. Será la mayor jornada electoral de la que se tenga memoria en la que no esté en juego el cargo de presidente de nuestro país. Y, hoy por hoy, es notorio que ya están dándose los movimientos políticos al interior de las entidades federativas en los diferentes gobiernos y partidos políticos para que quienes aspiran a llegar a gobernar sus entidades, o hasta sus municipios, puedan hacerlo.

Hemos sido testigos de que a nuestros respectivos teléfonos celulares llegan sendos archivos para dar cuenta de los resultados de tales o cuales encuestas. Todas y todos tenemos contactos que, independientemente de la afinidad que tengamos, la relación fluida o la confianza fraterna construida, nos comparten mediciones políticas, columnas y extractos de notas que buscan incidir en el ánimo político o en la percepción a favor o en contra de tal o cual opción. Ya podríamos anticipar quién jala con quién, y hasta por qué.

A final de cuentas, estoy seguro de algo: la del próximo año será la elección madre que definirá en grandísima medida en destino de las decisiones políticas a nivel nacional y local. Estoy mas que seguro que desde el presidente de la República hasta el más humilde de los presidentes municipales de los ayuntamientos a renovar autoridades, participarán abiertamente para tratar de imponer su voluntad política. Será una verdadera batalla campal, como se dice en el argot de la lucha libre.

Eso me lleva a lo siguiente: no pueden quedar sueltas las definiciones de las candidaturas, al juego solamente de los partidos políticos, principalmente las de gobernador o gobernadora. La posibilidad de que éstas queden sujetas al libre juego de los partidos políticos o de opiniones de liderazgos que nunca lo fueron o que han visto disminuidos sus días de influencia caciquil implicaría dejar en manos de un disminuido, pero organizado grupo de primates la posibilidad de seleccionar los perfiles adecuados para que dirijan los destinos de los estados del país en medio de la gravísima espiral de violencia, las consecuencias de la pandemia cada vez más difícil de entender y dimensionar y, por supuesto, lo que viene en camino, pero a veces nos negamos a ver: una crisis económica de antología.

A nosotros, como ciudadanos, nos tocará elegir mediante el voto a quienes consideremos los mejores perfiles con la esperanza (por lo menos mía) de que esa elección y su equipo serán lo mejor para Zacatecas no por ser un activo “histórico” de un partido o producto de la empatía de un gobernante, sino porque posee el carácter para insertarse en la nueva historia que México necesita y, sobre todo, emancipar el carácter combativo, federalista y de búsqueda de justicia que tuvo Zacatecas. ¿Qué perfil y su potencial equipo puede generar unidad en la clase política estatal (la mayoría de los partidos) y, posteriormente, sumas para Zacatecas?


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