Luis Ernesto Olvera Rosas
Luis Ernesto Olvera Rosas

La serie ambiental. Desaguados

 

No tendríamos que remontarnos a milenios, para conocer que existía un paisaje todavía intacto; qué mejor presentación que la de los magníficos cuadros de José María Velasco, captando la naturaleza en la región centro del país en el siglo XIX, en el Museo Nacional de Arte, admiramos en sus obras pictóricas, sus paisajes. Sería interesante, busque su obra en los medios digitales, para que conozca pinturas como Valle de México desde el Tepeyac y El Valle de México desde el Cerro de Santa Isabel, desde varios horizontes en que inmortalizó los lagos del Valle de México y los volcanes al fondo, Iztaccíhuatl y Popocatépetl. El pintor fue un naturalista excepcional, sus lienzos de flora y rocas también impresionan.

Ese lago de Tenochtitlan lo desaparecimos en una lógica que, en la actualidad, nos parece una de las barbaries en contra de la naturaleza; los pobladores españoles y mexicanos lo taparon, con la idea de poblarlo y que no inundara lo construido sobre el mismo. Todavía en los años cincuenta había canales como el de la Viga; quedan, el Lago de Texcoco que ya lo querían secar con el aeropuerto, y los canales de Xochimilco. Si reviviera el gran artista José María Velasco, se moriría de nuevo.

Sucede que hemos compactado las arcillas que almacenaban el fluido en superficie y en subsuelo de la cuenca, por la excesiva extracción de agua, la recarga del subsuelo se imposibilita por el crecimiento de la ciudad con la pavimentación inadecuada y los millones de viviendas sobre su superficie, quedando escasos lugares para que el flujo del líquido retorne a los lugares de filtración. La planeación urbana fue inexistente y menos tomando en cuenta el problema de los recursos naturales. Desde los años cincuenta debió pensarse en las contrariedades del agua y suelos, ante las evidencias de hundimiento de la ciudad.

El vertido de las aguas residuales no se ha atacado de manera contundente. En décadas, aun conociendo el problema, las autoridades gubernamentales y las dependencias encargadas del recurso hídrico, no han puesto atención a la contaminación que han generado, existen escasos cauces de río que no están contaminados. La promulgación de la Ley de Aguas Nacionales en 1992, que reglamenta las aguas residuales, las manifiesta de utilidad pública, señalando: el mejoramiento de la calidad de las aguas residuales, la prevención y control de su contaminación, la recirculación y el reúso de dichas aguas, la construcción y operación de obras de prevención, control y mitigación de la contaminación del agua, incluyendo plantas de tratamiento. A la fecha, casi es letra muerta. Los recursos para efectuarlas se dejó a la recaudación de los organismos operadores de los estados o los municipios. Imposible de colectar recurso para obras de tratamiento de las aguas, dado que los mismos, en ocasiones, son la caja chica o irregular el manejo de sus ingresos. Agregue, que los funcionarios que las dirigen no han tenido la experiencia en el área técnica y menos administrativa; el ejemplo lo hemos tenido en los organismos de agua en Zacatecas, la mayoría en licenciaturas diferentes a hidrogeología o hidráulica, el currículo de los directores de los organismos operadores de las dependencias gubernamentales responsables los dos sexenios anteriores y principios del actual lo dice todo.

El país tiene problemas en su abastecimiento, en las zonas semidesérticas por la escasez de lluvias, pero principalmente por la falta de proyectos en su acopio y manejo de los acuíferos. Parecerá sorprendente que en las regiones con mayores caudales en ríos, como en el sur de México, también tengan necesidades de agua potable. Sí estuviéramos en zonas desérticas como Israel, ya hubiéramos despoblado México.

Casos como el aparente desabasto del fluido en la región de la ciudad de Zacatecas -que también se da en todo el país- no es comprensible, culpando al cambio climático, sin presentar estudios precisos. Hace meses, para justificar la construcción de la presa de Milpillas expusieron las autoridades en Zacatecas, estudios dispersos e insuficiente sustento hidrológico, sin datos de  los acuíferos, proyecto de restauración ecológica de la cuenca hidrológica, del uso racional del líquido en la industria, comercio y vivienda, del mantenimiento de la red de agua potable para disminuir el 35% de fugas y tratamiento de aguas residuales.

La restauración ambiental de la región no la vimos por ningún lado, más suspicaz resultó que en cuanto dijeron que no había recursos para la construcción de la presa Milpillas, ante la presión social, apareció una solución que los funcionarios han llamado temporal. Perforaron nuevos pozos y dieron mantenimiento a los existentes; la ciudad de Zacatecas y poblaciones aledañas siguen contando con el líquido. La tentación es que se pueda hacer negocio con el tandeo por particulares, es un riesgo latente, aunque el pretexto tenga controversia, ¿de dónde traerán el agua? ¿de los ríos de los cañones? Tendrá que ser de los pozos, forzosamente.

La Comisión Nacional del Agua (CONAGUA), puede cambiar sus estrategias y acciones, muchas veces sospechosas en el pasado. Con la Dra. Blanca Jiménez, titular de CONAGUA, se dificulta la existencia de obras sin justificación precisa técnica y económica en el país. Con auténtica planeación ambiental es posible recuperar los recursos hídricos, así, no habrá obras desaguadas.

luiserol@hotmail.com


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