Miguel Moctezuma L.
Miguel Moctezuma L.

El Principio de la Incertidumbre en la Ciencia

 

Fundar escuelas de pensamiento social, aunque es posible, ha sido un objetivo que se persigue hasta por quienes que tienen poco que aportar. Como resistencia, se afirma que existe una confrontación de ideas, a las que se cree defender, cuando con frecuencia lo que tenemos es sólo una misma temática, pero donde la unidad de análisis es distinta o donde el contexto condiciona su desenvolvimiento. Cuanto más difícil resulte ubicar espacialmente un problema de investigación habrá mayor necesidad de seguir sus huellas, pero, al hacerlo, tropezaremos una y otra vez con las fronteras delimitadas por los conceptos tradicionales y estaremos ante una realidad distinta al modelo que se desprende de una teoría; por tanto, en lugar de encapsularnos en ella tendremos que buscar otras respuestas.

Desde décadas atrás inició el cuestionamiento abierto a la imagen social dominante de la modernidad; actualmente ese cuestionamiento se ha convertido claramente en incertidumbre. Por doquier se van derrumbando las verdades reiterativas hasta el cansancio. Por supuesto, el conocimiento científico seguirá siendo, sin exagerar, lo más cercano a la objetividad y por tanto a la certeza para la humanidad; pero, la actividad científica necesita justificar su razón de ser, entonces, no sólo enfrentará periodos de estabilidad sino también desafíos cambiantes que implican dislocaciones del pensamiento; por tanto, ante esos hechos, la ciencia se ve compelida a reformular sus preguntas y a la búsqueda de nuevas respuestas; entonces, no es la certeza la que debe orientarnos a seguir adelante, por el contrario, es el cuestionamiento y la duda permanente lo que debe conducirnos a la elaboración de otras explicaciones o por lo menos, al complemento de las ya existentes. Por supuesto, esta afirmación resultará inapropiada para la conciencia cosificada que postula que el ser humano ha transformado y conquistado la naturaleza y el universo, cuyo poder y control se ha vuelto incuestionable desde que se logró conquistar la luna o se descubrieron los antibióticos, se elaboraron las vacunas hasta llegar al descubrimiento del genoma de las semillas y de los seres humanos. Para ese tipo de pensamiento instrumental, la ciencia seguirá ininterrumpidamente su marcha. Sin duda, estamos ante logros importantes de la humanidad, pero, la pandemia del Covid-19 viene a mostrar una crisis generalizada de los paradigmas de las ciencias naturales y de las ciencias sociales sobre los cuales hemos construido la sociedad, probando fehacientemente que el orgullo científico se ha derrumbado. De continuar igual, la racionalidad se habrá convertido en irracionalidad donde solamente sobreviven las creencias, la fe y el dogma.

Sólo para incursionar en el cuestionamiento de las certezas. La modernidad nació como ruptura con el predominio de la ciencia sobre la fe, pero, fue la física de Kepler, Galileo, Newton y la biología darwiniana las que marcaron el despegue de esta forma de pensar; después nacieron las ciencias sociales, por supuesto, influenciadas por el método de las ciencias naturales. Hoy estamos ante un problema similar, las ciencias sociales se han convertido en dogmas, la misma modernidad y su crítica son dos obstáculos que hay que superar para la reconstrucción del conocimiento. Según algunas opiniones fundadas, estamos transitando por ese camino; pero, para avanzar, es necesaria una gran ruptura teórica y eso es justamente la resistencia que hay que vencer. El filósofo tradicional afirma que lo infinito es inalcanzable, en lo incognoscible. El matemático lo formula así: N= {1, 2, 3, 4, … ∞}. La expresión indica que lo infinito es inalcanzable y, por tanto, incognoscible. El sociólogo crítico postula que lo infinito es parte de la finitud, por tanto, es aprehensible teóricamente; en decir, lo desconocido se conoce a través de lo conocido. La representación con el cero es esta: N= {1.0, 1.01, 1.001, 1.0001, 1.00001…}; es decir, entre dos dígitos encontramos la infinitud. Entonces, la invención del “cero” representa una revolución en el pensamiento que viene a cuestionar muchos de los dogmas existentes y que hoy vuelve a ser crucial ante el dislocamiento de las verdades congeladas. Revisemos con cuidado nuestro razonar y tratemos de ir más allá del maniqueísmo. Por otro lado, en términos de método, la investigación social suele basarse en modelos de pensamiento en los cuales el dualismo entre lo microsocial está enfrentado a lo macrosocial, lo global vs lo nacional, regional vs local. Se trata de dos modelos de pensamiento que se presentan como antitéticos, sin embargo, son dos maneras de presentar una misma realidad desarticulada. En efecto, el cero representa para la humanidad una revolución en las formas de pensamiento (Conde, 1994). Por esta segunda vía se reconoce que la verdad es parte de la incertidumbre; es decir, que la verdad es el punto de partida para nuevas dudas que buscan respuestas. Esto por supuesto está muy lejos del pensamiento dogmático.

Un segundo problema es el que se presenta entre las estructuras vs los procesos sociales. Las instituciones y todas las estructuras sociales han sido creadas por los procesos sociales, por las luchas, por las prácticas, por la agencia de los sujetos (Giddens, 1976); pero ya una vez que aquellas existen y ganan en legitimidad, se internalizan en la conciencia hasta estructurar la vida social (Bourdieu, 1991); entonces, el dualismo entre unas y otras no deja de ser parte del pensamiento simplificador y reduccionista.

 


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