Óscar Novella Macías
Óscar Novella Macías

El templo de Maat

Más que la civilización, la justicia es la necesidad del pueblo

Pietro Colletta

 

Para el filósofo británico Thomas Hobbes, el estado natural del ser humano es una guerra de todos contra todos. Para él, antes de la civilización vivíamos en constante miedo y peligro, la vida era solitaria, pobre, fea, brutal y corta. Según Hobbes, el ser humano cedió su libertad para asesinar a cambio de una autoridad que lo protegiera de ser asesinado. Es comprensible que Hobbes tuviera esta trágica idea de la naturaleza humana al presenciar los horrores de la Guerra Civil Inglesa. Pudo entender cómo vivir en constante ambiente de injusticia continua puede acabar con facilidad con la fe en la sociedad y sus instituciones.

Comienzo con esta oscura referencia porque la fe colectiva en la justicia comienza a recobrarse. Con lo tranquilo que había estado julio, comenzaron a llover criminales encerrados. Desde el día 1 de su gobierno, la 4T ha iniciado una cruenta cruzada contra la corrupción y la desigualdad jurídica, entendiendo que se trata de anquilosados problemas sistémicos que habían acompañado la gobernanza durante décadas. Por demasiado tiempo, tener la combinación de poder y dinero era prácticamente un cheque en blanco de impunidad.

Junto a la libertad y la igualdad, la justicia es uno de los pilares fundamentales de la civilización. Es la cláusula de reciprocidad del Estado en el contrato social, es por ello que es totalmente imperativo construir las condiciones para que la impartición de justicia se ejerza de la manera más eficiente posible. La corrupción y la impunidad son tan lesivas precisamente porque son el síntoma de un Estado desigual hasta la médula. Son síntomas de un Estado al que las grandes mayorías no le importan. Es por esto que la captura en Florida de César Duarte y la localización en Líbano de Kamel Nacif Borge, me parece que significan más que un simple proceso judicial.

El ex gobernador César Duarte es infame por la forma en que (a la usanza de los gobernadores peñistas) saqueó y endeudó a Chihuahua, con un descaro tal que a nadie sorprendió que la administración peñista no hiciera nada, a pesar de la enorme cantidad de denuncias y evidencias en su contra. El caso de Nacif es aún más desgarrador. Nacif fue señalado en 2005 como cabeza de una red de pederastas, junto con gobernadores y otros empresarios. Durante mucho tiempo el “Rey de la mezclilla” fue prácticamente intocable por su relación con las élites más corruptas, permitiéndole continuar con sus atrocidades. El hecho de que, a pesar de su poder, contactos y fortunas, se hayan iniciado de verdad procesos en su contra, es una clara muestra de que por fin está terminando el invierno de injusticia que había reinado en el país.

Justo cuando se comenzó a escribir este texto, estaba despegando a España el avión que trasladará de regreso a Emilio Lozoya Austin.  Quien fuera director de PEMEX en el sexenio de Peña Nieto, y quien regresará a rendir cuentas. Acordó con la justicia mexicana la confesión de los nombres de sus presuntos cómplices, a cambio de la reducción de su condena por actos de corrupción y desvíos de fuertes sumas de dinero a su paso por la paraestatal.

Tanto la corrupción como la impunidad son dos prácticas simbióticas que se han reproducido en México desde hace varias decenas de años por los tres poderes del Estado mexicano. Incluso hubo un presidente que se atrevió a asegurar públicamente que la corrupción estaba “en la cultura mexicana”. Al respecto, la tesis del presidente López Obrador es que el cáncer de la corrupción es un círculo vicioso desarrollado por la clase política y que, de una u otra manera, permea al resto de la sociedad y las relaciones, y no al revés. Lo cierto es que esta aberrante conducta ha dado al traste con las instituciones mexicanas, provocando su desmantelamiento, el desvío millonario de recursos, que cada instancia se haya convertido en un feudo de poder para los jefes en turno, la parálisis burocrática, en fin. Para el caso del Poder Judicial la cosa no ha sido diferente, sólo con el agregado de que la lógica nos diría que sería el garante de la impartición real de justicia, pero la realidad nos ha demostrado lo contrario. La impunidad se ha convertido en el común denominador.

¿Cuál es la diferencia entre las demostraciones de justicia de la 4T y los montajes de sexenios anteriores? De Salinas a la fecha, puede que incluso antes, se han conocido persecuciones, detenciones y encarcelamiento de Chivos Expiatorios que han tenido el objetivo de legitimar al gobierno recién arribado a la silla, también para ocultar acciones que resultaría inconveniente que fuesen del dominio público. A saber: La “Quina” con Salinas; Raúl Salinas con Zedillo; Zhenli Ye Gon con Calderón; Elba Esther Gordillo con Peña Nieto. Que quede claro, no estoy diciendo que las personas mencionadas no merecieran ir a la cárcel, sólo quiero hacer hincapié en el uso faccioso de la justicia, y el cómo la captura de estos personajes sólo fue una simulación que detuvo las investigaciones y las demandas populares de justicia, que, obviamente, implicaban a altos mandos de esos gobiernos.

Me es más que evidente que la 4T es consciente de este pasado y sabrá estar a la altura de la responsabilidad histórica que implica recobrar nuestro fundamental derecho a la justicia. Voltaire tenía muy claras las consecuencias de no hacer caso a esta necesidad como civilización: “Los pueblos a quienes no se hace justicia, se la toman por sí mismos más tarde o más pronto”.


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