Alfonso Carlos Del Real López
Alfonso Carlos Del Real López

¿Qué viene? Cuidar los ingresos

 

En muchas ocasiones, es natural que los gobernantes (o quienes aspiran a serlo) hablen de distintas acciones que piensan llevar a cabo en el marco de los planes, programas y estrategias de sus gobiernos para atacar determinada problemática.

Es muy recurrente que escuchemos que se habla de abatir la inseguridad, de crear empleos, de disminuir la pobreza, de dar más apoyos, de ofrecer mejor educación, eficientar los servicios de salud, lograr la equidad y la igualdad, mejorar la administración gubernamental, reactivar el campo, mejorar la gobernabilidad y las relaciones intergubernamentales,  ejercer mejor el gasto, modernizar la función pública y castigar la corrupción, ampliar las acciones en cultura, promover el deporte, generar mucha más infraestructura y otras tantas linduras.

Sin embargo, hay algo políticamente incorrecto de abordar, pero que surte de la mayor importancia a las acciones de gobierno: la política de ingresos. Y esto es así porque nadie en su sano juicio, cuando busca alcanzar una posición gubernamental habla de los impuestos o, como se conoce en el argot impositivo, “las contribuciones”. Todo mundo alude al gasto, muy pocos a los ingresos. Lo más que se llega a decir, sin duda, es que “no habrá aumento de impuestos” o que “se buscarán políticas de ahorro y austeridad”.

Los ingresos estatales, independientemente del ámbito de gobierno, suelen tener dos grandes venas: los impuestos y la deuda. Los primeros son una serie de propuestas que implican contribuciones que los ciudadanos estarían obligados a atender, dependiendo de ciertas actividades económicas. Por el otro lado, la deuda tiene que ver con una acción gubernamental que cubre un vació económico a través de un préstamo que se cubriría en determinado tiempo.

Los impuestos tienen una amplia discusión en la esfera legislativa, pues es donde se aprueba o no determinado tributo (y su cuantificación porcentual). Suelen estar basados en propuestas que hacen los poderes ejecutivos y las legislaturas deciden su pertinencia, o no, para solventar la política de egresos propuesta por el mismo poder, pero enfocando el fincar tasas impositivas a ciertos rubros productivos o a determinadas actividades, que en el marco de la vocación económica de los estados y sus patrones de consumo se realizan.

Por otro lado, la aprobación o no de una deuda también tiene participación de los poderes legislativos, vistos éstos como un espacio de deliberación para analizar lo que se pretende realizar en términos de empréstitos y su posible uso para los fines que al gobierno convengan.

Hoy estamos en la antesala de una difícil situación que enfrentarán los gobiernos a partir de ya, pero que se agudizará el próximo año. Seguro estoy que al momento que escribo estas líneas debe haber funcionarios de las áreas hacendarias a nivel federal, estatal o incluso municipal, que están arrastrando el lápiz para encontrarle cuadratura al círculo de cómo llenar el hueco que se está abriendo ante la ausencia de actividad económica y, en consecuencia, de ingresos gubernamentales.

El reclamo que hace un grupo de gobernadores respecto de la revisión del actual pacto fiscal es un asunto que, me atrevo a asegurar, se convertirá en un tópico de mucha importancia política y mediática de cara a las elecciones del próximo año. Los especialistas en temas hacendarios, particularmente quienes tengan especialización en cuestiones de coordinación fiscal, tendrán diferentes foros para verter opiniones a favor o en contra.

Por dolorosa que sea, la política de ingresos tendrá que ir encaminada cada vez más a evidenciar ante el ciudadano qué y cuánto ingresa, y a dónde se destina ese recurso. La transparencia en la ejecución gubernamental será una acción pública que se abrirá espacio y llegará para quedarse con más fuerza que antaño amén de tener una relación positiva gobierno-ciudadanos.

Como sea, será de gran valía que todas aquellas personas que arrastran el lápiz para buscar agua en medio del desierto (por aquello de buscar de dónde obtener dinero para que el gobierno funcione) sean conscientes de que habrá que ser racionales, justos y sensibles hacia con el ciudadano para facilitarle el pago de sus contribuciones. Tendrán que resolver no solamente el qué se hará, sino el cómo, pensando invariablemente en que hincarle de más el diente en cuanto a impuestos al ciudadano o a las empresas puede ser contraproducente, es decir, se pueden aumentar los niveles de informalidad. Ya veremos cómo van las cosas.


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