Miguel Moctezuma L.
Miguel Moctezuma L.

Carta a la UAZ:

 

Mi estimada UAZ, sé que tienes muchos problemas por resolver y que a veces no te agrada que te lo recuerde, pero sólo quiero que no lo olvides, ni pospongas por más tiempo la búsqueda de una solución institucional al respecto. No quiero importunarte, pero te recuerdo que hace poco te comenté que tu principal problema era la concepción dominante que en tu seno se produce y se reproduce sobre el ser humano, la naturaleza, la vida, las relaciones entre nosotros, el aprendizaje, etc. Estas formas de pensar se convirtieron en códigos de comportamiento reiterativos que hoy ya son una traba, que para salir de ella necesitas descifrar.

Te lo explico, mi Alma Mater: los códigos de comportamiento que anidan en tu seno estructuran enteramente el comportamiento de docentes, funcionarios y trabajadores; esa estructuración alcanza las formas de pensar que habitan en nuestra conciencia y que encarnan y se materializan en cada rincón universitario. Pierre Bourdieu lo señala: “El habitus se define como un sistema de disposiciones durables y transferibles… que integran todas las experiencias pasadas y funciona en cada momento como matriz estructurante de las percepciones, las apreciaciones y las acciones de los agentes de cara a una coyuntura o acontecimiento que él contribuye a producir” (Bourdieu, 1972: 178). A estas alturas, si deseas superar tus barreras, tendrás que trascender ese habitus y eso implica revolucionarte, mirándote en el horizonte Post COVID-19.

Lo ilustro a partir del recorrido de mi propio curso de vida. Cuando arribé a tus aulas, me sentí cuestionado en mi primera socialización pueblerina y familiar. En el aula, la primera tesis que cuestionó todo mi pensamiento fue la frase del químico Lavoisier: “En una reacción química ordinaria la masa permanece constante, es decir, la masa consumida de los reactivos es igual a la masa obtenida de los productos”, o dicho en palabras directas: “la materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma”. Esta aseveración científica me condujo a cuestionar lo que había aprendido desde niño; esto es, que el universo había sido creado por un poder sobrenatural. Pocas personas tienen el valor de reconocerlo, pero, en mí, esto desencadenó mi primera crisis de pensamiento. No fue poca cosa, en realidad me condujo a dudar; entonces, la duda fue una de las primeras enseñanzas que me indicaste.

Más tarde tuve que enfrentar otros problemas propios del pensamiento que me acercaron al marxismo de manual, de los cuales me fue más difícil salir, pues nuevamente me planteaste el desafío de enfrentar esas formas de pensamiento. Esta vez me ganó la comodidad de asumir un comportamiento similar al de mis compañeros; un habitus universitario. Esto se convirtió en el principal obstáculo y, por tanto, en la resistencia emocional para el acceso a otras lecturas que tu misma no habías asumido. Esa historia aún sigue siendo dominante, pero desde hace tiempo dejé de compartirla. En efecto, desde fines del siglo pasado, intenté convencerte de que tendrías que repensarte; pero te resististe.

Reflexiona lo que hiciste: produjiste egresados que alcanzaron los más altos niveles de reconocimiento, mientras otros creyeron llegar el cielo sin esfuerzo. Te dejaste conducir por lo segundos y marginaste a los primeros. ¡Hoy tocas fondo! Todos estos años creíste ir por el camino correcto, cada fin de año, la crisis te amenazaba y siempre encontraste cómo posponer la solución. Te decían que la crisis finalmente se resolvía. Cada quincena pagada se fue convirtiendo en indicador de que todo estaba bajo control, pero el camino se fue cerrando. Hoy te puedo decir sin vacilar que aprendiste a controlar la crisis, pero no supiste cómo resolverla.

Primero dijiste: “pagaré con edificios” y lo hiciste a pesar de que en ellos había historia que debía cuidarse con esmero. Lugo encontraste en el gobierno del estado a una mujer como aliada que puso en ceros la deuda universitaria. No te bastó lo anterior, seguiste por el camino equivocado, tu planta de funcionarios creció como nunca, además del crecimiento en la contratación precaria de docentes y trabajadores. Lo más delicado fue engañarte: promoviste tu propia reforma universitaria, te comprometiste a crear un modelo académico por áreas del conocimiento y, sin embargo, no hiciste nada para caminar en ese rumbo.

Hoy tienes otro problema: tu deuda se ha vuelto inmanejable. No has querido reconocerlo, pero, ya perdiste el control de la gestión, no tienes credibilidad y tus indicadores de calidad se rezagaron. Es cierto, mejoraron, pero, lo hicieron por abajo del promedio de la dinámica de las universidades públicas de las entidades que nos rodean; entonces, te he de decir que equivocas cuando de buena fe crees que tenemos un déficit financiero y un superávit académico.

Desafortunadamente ya es tarde para enfrentar estos dilemas, pero, si algo puedes hacer todavía es prescindir del grupo de élite en el poder, su justificación política raya en el conservadurismo, en la pobreza racional y en la ausencia de imaginación; además de cargar con el desprestigio de ser los artífices de la situación en la que nos encontramos. Universidad Autónoma de Zacatecas: te invito a que decodifiques o deconstruyas tu habitus de comportamiento, muestra tu vitalidad y danos una luz de esperanza que nos permita acceder al porvenir que como tus hijos nos merecemos.


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