Felipe Andrade Haro
Felipe Andrade Haro

El Rey tiene al enemigo en casa (2)

 

Había una vez un Rey medio torpe, pero en el fondo (muy en el fondo) sentía que era buena onda. Ésta es una de tantas historias.

SEGUNDO ACTO. El Rey descansa plácidamente en el palacio. Mientras, en el hospital la gente sufre.

ESCENA I

─Rey: ¡Ayyyyyyy, Diosito santo, qué flojera! Todos los domingos así son, pura hueva. Ver televisión y comer. ¡Qué méndigo sufrimiento! Así debe estar toda la prole en estos momentos, gozando felizmente de vivir en un reino donde no le falta nada porque, gracias a mi trabajo y a mis acciones, son felices.

─Guardia 1: Shht, shht, Canicón ¿ya oíste las babosadas del panzón?

─Guardia 2: No. ¿Ahora qué dice el méndigo? Seguro el mismo rollo desde su informe, que gracias a él somos mejores y más felices.

─Guardia 1: ¿Cómo supiste?

─Guardia 2: Porque todos los días dice las mismas idioteces. Nomás él y sus lambiscones se la creen.

─Guardia 1: Sí, tienes razón, debería de darse una vuelta al hospital para que vea cómo estamos de fregados. Tengo dos familiares enfermos del virus y no hay camas. Están en el suelo en un petate que les llevamos.

─Guardia 2: ¿En serio? Lo siento amigo, no lo sabía.

─Guardia 1: Sí. Deja te cuento.

El guardia le platica a su compañero el sufrimiento de la gente en el hospital por la pandemia.

─Aldeana 1: ¡Señor, por el amor de Dios, vea a mi viejo! Ya tiene varios días con mucha calentura, le duele todo el cuerpo y se le dificulta respirar.

─Médico 1: Pues a ver si encuentra un lugar allá en el fondo, que no tenemos ya lugar para meter a tanta gente.

─Médico 2: ¿Y ya mandaron las autoridades los medicamentos que pedimos? Por cierto, ya se terminaron los cubrebocas.

─Médico 1: Dijo El Rey que iba a mandar apoyo. ¿Ya llegaría?

─Médico 2: Sí, la semana pasada mandó un galón de alcohol. Pinche viejo tan miserable, pero míralo en las redes sociales, haciendo carnita asada en el Bellagio.

─Médico 1: Eso es no tener…. el más mínimo de vergüenza. Y tiene el descaro de andar diciendo a los medios que nos ha dado miles y miles de ducados para atender a la gente.

─Enfermera 1: Doctor, con la pena, pero acaban de fallecer dos personas. Y le informo que tomamos la decisión de acomodar en el sótano a los más graves. ¡Es que ya no hay lugar para atender a tanta gente! Debería decirle al director del hospital que ya estamos hasta el copete, que mejor los manden al otro hospital que acaban de inaugurar.

─Médico 1: ¿Nuevo hospital? En sus sueños compañera. Lo que dijo El Rey de que se construyó un nuevo hospital es mentira. Eso lo inventó el panzón para llenar su pinchurriento informe. El gel, los cubrebocas y los termómetros se los llevó a palacio para revenderlos en el mercado negro. Recuerde que es el Año de Hidalgo.

─Enfermera 1: ¿Y qué vamos a hacer? Yo tengo más de ocho días sin ir a mi casa. Le dejé encargados a mis hijos a una hermana. Dígale el director que por lo menos nos dé chance de salir un día, para ver cómo anda la familia.

─Director 1: Lo siento mucho, compañera, pero por la falta de personal los permisos están suspendidos. Ah, y también está prohibido la contratación de personal. Dice el panzón que no hay lana porque en sus sueños construyó un hospital.

─Enfermera 2: Urge se presenten en la sala principal, acaban de mandarnos 10 enfermos del hospital de la comunidad “La Mañanera”, porque a su hospital ya no le cabe nadie más. Azotea y sótano están llenos.

─Director 2: Ni modo, compañeros, nuestro deber es aguantar. Vamos.

─Aldeano 1: Oiga, señor doctor ¿me pueden entregar el cuerpo de mi mujer? Quiero darle cristiana sepultura.

─Guardia 1: Así las cosas. Mientras este méndigo feliz. Míralo tragando y bebiendo cómo si nada. Deja le echo más purgante al vino (Cintinuará).

¡HAY DOS COSAS INFINITAS: EL UNIVERSO Y LA ESTUPIDEZ HUMANA; Y DEL UNIVERSO NO ESTOY TAN SEGURO!


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