Cuquis Hernández
Cuquis Hernández

Pedir disciplina a los diputados, es pedirle peras al olmo

 

En asuntos generales de la sesión ordinaria de este día en el Congreso local, Javier Calzada pidió inscribirse para hablar sobre la pandemia y el drástico cambio de vida al que ha obligado a cada ciudadano, y sobre lo que representa hacer un cambio de cultura sobre la manera como vivimos.

En este caso, recordó que, según el panorama, nada halagador, respecto de que puede haber un repunte de contagios de COVID-19 apenas comience la temporada de frío, como ya ocurrió en otros países como España, Calzada Vázquez consideró que es tiempo de adecuarse a las necesidades actuales y definitivamente ya utilizar las plataformas digitales para sesionar.

Consideró que no se debe esperar a que haya un contagiadero de diputados o de personal, todo por insistir en que las sesiones se sigan haciendo presenciales. Si los estudiantes lo están haciendo, dijo, el resto también debe adaptarse y ellos no serían la excepción.

Y es que ya a todo mundo el coronavirus “le ha pasado rozando”, con contagios de amigos o seres queridos, o sea “no es una enfermedad de mentiritas”, sino que es un problema grave, espetó.

El gran dilema, —qué bueno que lo reconoció—, es que para hacer eso toooodos los diputados deben tener la suficiente madurez y la responsabilidad de hacerse cargo de la obligación que tienen porque, “no es un descuento en la nómina lo que está en juego, sino la vida”, y por tanto deben trabajar de manera confiable y segura y no tapar el pozo una vez ahogado el niño.

Susy Rodríguez respaldó a su compañero. Recordó que el tema se discutió hace meses con dos iniciativas que no llegaron a buen término, y de pasito le dio su raspón a la Comisión de Régimen Interno y Concertación Política (CRICP). “Es una cuestión simplemente de voluntad”.

Pero reiteró lo expresado por Calzada y por lo que tooooooodos sabemos de los 30 jefes del recinto sagradísimo: Si así, en ocasiones apenas se completa el quórum legal para sesionar o muchas otras lo rompen con tal facilidad como acaba de ocurrir, ¿qué sucedería cuando sean llamados a trabajar a distancia?

Aquí se trata, dijo Susy, quien sigue usando collarín por el accidente sufrido, de ver cuánta responsabilidad y compromiso pueden mostrar los diputados, y si todos asumen, si no hay ningún obstáculo, sólo se tendría que revisar la parte jurídica técnica —y que todos tuvieran la decencia— de poner atención durante las sesiones virtuales, y sobre todo, estar presentes…

Emma Lisset López Murillo también opinó. Dijo que es muy lamentable que después de seis meses de las iniciativas presentadas no se haya dictaminado al respecto –qué rarooo- y que la CRICP no ha tomado un acuerdo en función de sesionar con las herramientas técnicas que les da la facilidad. O seaaa, naaaaada nuevo bajo el sol.

Con este antecedente, le anticiparé estimado lector, el desgarriate que se armaría si los diputados determinan sesionar a la distancia. Figúrese usted que este jueves la presidente de la mesa directiva, Carolina Dávila Ramírez tuvo que llamar a los niños diputados al orden naaada más y naaada menos que en cuatro ocasiones.

La sesión constaba de 18 puntos más los generales y en seguida hubo otra sesión cortita para votar algunas propuestas.

La primera ocasión que tuvo que pausar Carolina fue cuando estaba en tribuna Héctor Menchaca; si bien, su discurso fue pesado, la única obligación que tienen los diputados es al menos estar atentos (¡ajá!), pero nooo, se les tuvo que llamar la atención para que respetaran.

Dos ocasiones más en los que Carolina tuvo que intervenir para pedirles atención y de plano que guardaran respeto al recinto sagrado, sí, ese mismo al que no se permite a cualquiera persona entre con gorro porque uuuy, según es un recinto del todo sagrado y casi santificado porque ahí sesionan los ungidos representantes del pueblo.

La realidad es que ellos son los primeros en pasarse por el arco del triunfo ese respeto que deberían tener, dejando a un lado el cotorreo, el jijiji, el jajaja, y ahora en tiempo de pandemia dejar de hablar más por aquello de trasmitir el virus y, sobre todo, guardar la sana distancia.


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