Alejandra Acuña
Alejandra Acuña

Qué medidas tomas contra la COVID-19

 

Recientemente la OMS (Organización Mundial de la Salud) pidió convencer a las personas que siguen sin creer en la pandemia, pues aún hay personas que siguen pensando que no existe o que es una manipulación por parte del gobierno, o un sin fin de cosas; sin embargo, en lo personal, considero que el coronavirus por sí sólo no rompió nuestro mundo, simplemente expuso un mundo que ya se estaba quebrando en todos los sentidos.

Por una parte, hemos visto el colapso de nuestras infraestructuras económicas, de gobierno, salud y hasta estructuras globales y con miles de millones de personas en todo el mundo, incluidas las más vulnerables y en riesgo, nos encontramos en un momento de transición para nuestro planeta.

A nivel de convivencia social, también hemos colapsado y resulta complicado fijar una postura respecto a las personas que vemos en las calles de Zacatecas; por una parte, es una oportunidad para los negocios que bajo las medidas de seguridad ya operan, pero por otro lado la falta de concientización de la ciudadanía pone en riesgo ese pequeño avance, ya que en ocasiones la falta de credibilidad respecto a la pandemia y en otras el hartazgo, vulnera ese regreso a la normalidad.

En el sentido más estricto, luchamos contra la propagación de la pandemia que ha recorrido el mundo; sin embargo, debemos estar conscientes que, como consecuencia de la evolución del virus, podría haber un patógeno aún más letal a la vuelta de la esquina.

También debemos construir una mejor infraestructura para contrarrestar todas las pandemias que puedan surgir en el futuro, y eso solamente podría suceder con la voluntad y dispoción de todas y cada una de las personas acatando las recomendaciones que nos lleven a todos a una mejor situación.

Lo que estamos viviendo hoy en día nos permite observar desafíos colectivos, para lo que socialmente no nos hemos preparado, pues cuando se ha requerido hemos sido reactivos, por lo que deja cada vez más claro que el problema final que enfrentamos hoy no es el coronavirus o los patógenos mortales, ni ninguna otra amenaza. El verdadero problema es nuestra incapacidad para resolver la mayoría de los desafíos existenciales compartidos que enfrentamos.

Conforme se abren más actividades, surgen noticias sobre los rebrotes, lo que genera alerta por el impacto social y económico que esto implica, pero también identificamos que hay realidades muy distintas dentro de lo que vivimos en el mundo, y resulta complicado ver que todavía hay personas que no están tomando las medidas contra la COVID-19, porque simplemente no creen que existe.

Si bien es cierto que los negocios tienen que abrir, que hay fábricas que no pueden parar operaciones o hacer home office porque no pueden trasladar máquinas, que cuando exista menor riesgo los niños podrán regresar a las aulas bajo ciertos protocolos, es necesario estar concientes de que si cada persona hace desde el control de nuestras acciones todo lo necesario para reducir la exposición al virus, puede haber progresos significativos.

Si este virus nos ha enseñado algo, es que todos somos parte de una humanidad que se enfrenta a un enemigo que no diferencia significativamente entre nosotros.

El virus se ha hecho presente en diversos países, no ha distinguido condición social, económica o situación política; no ha diferenciado entre hombres y mujeres, jóvenes o de la tercera edad, realmente nos ha vulnerado como especie, y nos ha colocado en un mismo plano por lo que una vez que reconozcamos completamente esta interdependencia.

Nos daremos cuenta de que ayudar a otros no es caridad, es una de las mejores inversiones que podemos hacer para ayudarnos a nosotros mismos, pero no es suficiente con sólo reconocer nuestra interdependencia.


Los comentarios están cerrados.