Rafael Calzada Vázquez
Rafael Calzada Vázquez

Color de Esperanza

 

Nunca en mi vida he visto con tanta esperanza a la gente. Tener la vacuna contra el COVID-19 se volvió un asunto de sobrevivencia de la humanidad.

He leído cualquier número de teorías de conspiraciones respecto al tema. Desde aquellas que señalan que los ricos y poderosos del mundo están diseñando un nuevo orden mundial, donde no solo los pueblos de las naciones, sino también sus gobiernos y sus financieros se someten a un nuevo cacicazgo global, hasta aquellas que señalan que se está aplicando una especie de Guerras Floridas o de soluciones Maltusianas para disminuir la población mundial, especialmente las de las personas mayores y enfermas porque (nos hemos) se han vuelto improductivas.

Leí una explicación que me pareció muy sencilla de entender para que moralmente estemos obligados (aunque ahora en Zacatecas es por ley) a portar cubre bocas y narices: que imagine que una persona que va contigo en un elevador no trae ropa y se va orinando, y si crees que te orinará. La respuesta es coincidente con todos. SÍ, por supuesto. ¿Qué pasaría si además tu tampoco trajeras ropa? Pues evidentemente también me mojaría la piel. Y ¿qué pasaría si el que se va orinando trae calzón y pantalón y tú también? Lo más probable es que solo moje el suelo que tu pisas y quizás hasta puedas esquivar la orina.  Pues más o menos así funciona el cubre bocas si se usa correctamente.  La precisión se debe a que muchos lo traen de hamaca para la papada y otros muchos no se cubren la nariz.

Parece lógico que la pandemia pudiera disminuirse, atenuarse y controlarse con esa simple medida. Si además le agregáramos el uso del alcohol en gel y el lavado frecuente de manos, parecería que estaría sencillo de controlar la epidemia a nivel local, y sumar los esfuerzos locales al control y combate de la pandemia toda.

Sin embargo, no sé cómo les explicaremos a las generaciones próximas que tuvimos un gran número de enfermos y defunciones, porque no fuimos capaces de quedarnos en casa cuando fue necesario y ni siquiera de usar cubre bocas y lavarnos las manos. Que no fuimos capaces de suspender las actividades colectivas, especialmente las fiestas y las convivencias. Y que les dejamos a los científicos toda la responsabilidad y a los gobiernos el compromiso económico de adquirir, administrar y aplicar los tratamientos para los enfermos y las vacunas para los sanos.

Nos llegan noticias de que el gobierno mexicano, a través del funcionario más sobresaliente, Marcelo Ebrard, tiene tratos con los diversos gobiernos, empresas y laboratorios para que nuestro país sea de los primeros en tener a su disposición las dosis necesarias para todos los habitantes.

Se dice que iniciarán con el personal de salud, luego las fuerzas armadas y policías, y aunque no lo hayan dicho, la clase política.

Si en los primeros meses del año se aplica masivamente la vacuna podremos reiniciar nuestra vida, lo más parecido posible a como la llevábamos antes de la pandemia.

He visto lo grotesco de las acusaciones de la derecha y sus partidos, acusando de ineficacia e indolencia al gobierno que hizo un guardadito para la adquisición de la vacuna. Los muertos de España, Italia, Reino Unido y Asia, que son muchos, también (dicen) son culpa de los López:  Obrador y Gatel.

No tienen el mínimo decoro, solidaridad ni vergüenza. Ni con todos los medios que tienen a su control han logrado que el pueblo les crea sus absurdas acusaciones; antes bien, el pueblo de México se vistió color de esperanza. Se ve la luz al final del túnel.

 

rcalzadav@gmail.com


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