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Los mariachis no callaron. Sonaron con más fuerza para despedir al ex Alcalde de Guadalajara, Aristóteles Sandoval.

El féretro arribó al Ayuntamiento tapatío en medio de gritos, aplausos y música.

Es el último homenaje antes de llegar al PRI, ese partido que lo llevó a la diputación, la Alcaldía y al Gobierno del Estado.

Durante su discurso, el Alcalde de Guadalajara, Ismael del Toro, lo recordó no como adversario político sino como ese amigo con quien convivió en la secundaria, la prepa, la universidad y sí, en el PRI.

Con la voz entrecortada, el Presidente Municipal señaló que las autoridades tienen un reto: trabajar para que la paz y seguridad regresen a Jalisco.

Los Alcaldes metropolitanos, familiares y amigos montaron guardias de honor. El cuerpo dejó el recinto. Afuera, los mariachis tocaron.

La música y letra de esa canción de Carlos Coral, «Un puño de tierra» acompañó al ex Gobernador hasta la carroza fúnebre que lo trasladó al PRI.

Y justo cuando la puerta se cerró y el vehículo arrancó, Las Golondrinas y el llanto de la gente que lo quiso porque le ayudó.

Sus amigos y familiares tratan de no romper en llanto. Hacen una mueca que emula una sonrisa y agradecen las muestras de afecto.

Francisco Ayón, su fiel e intratable amigo, no puede. Sus ojos están inundados y su mirada desencajada.

Aristóteles llega al PRI para recibir el último adiós.

Fernanda Carapia
Agencia Reforma


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