STAFF/NTRZACATECAS.COM
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Zacatecas.- Los cambios que trajo la pandemia de COVID-19 impactaron con nuevas circunstancias en distintos ámbitos para las mujeres, quienes se han destacado en múltiples roles, desde investigadoras, médicas y enfermeras, cuidadoras, proveedoras, obreras, administradoras hasta gobernantes; sin embargo, también han debido enfrentar, aún con brechas, problemas agravados, como la crisis económica y la violencia.

De acuerdo con la ONU Mujeres y organismos como el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres), las afectaciones de la emergencia sanitaria han implicado graves retrocesos en los derechos de este sector, con otras epidemias: la precariedad laboral, la inequitativa distribución de las tareas del hogar y, sobre todo, las agresiones detonadas dentro y fuera del hogar.

Mujeres que combaten el virus desde la investigación, que cuidan de pacientes y que rescatan, que gestionan apoyos para sus comunidades y también las que tuvieron que huir de sus propias casas. Mujeres que vieron la caída de sus negocios, que se mantienen en sus centros y actividades de trabajo, que enfrentan dificultades de la escuela en casa, que sufrieron pérdidas familiares y deben seguir por los suyos.

En estos contextos, Margarita, Susana, Eva, Enriqueta, Silvia, Anacleta, Aracely, Selene, Ayerim, Rita y Elena son parte de las historias de contribuciones, desafíos e injusticias que vive este sector, que representa 51 por ciento de población en México.

Margarita Martínez: romper barreras

Margarita de la Luz Martínez Fierro es una de las mujeres más reconocidas en el ámbito científico en el estado y recientemente se convirtió en la primera en acreditar el nivel 3 en el Sistema Nacional de Investigadores (SNI), la primera y hasta ahora única en Zacatecas con esta distinción.

Ella es doctora en Ciencias, trabaja como docente en la Unidad Académica de Medicina Humana y Ciencias de la Salud (UAMHCS), de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), también se desenvuelve como docente investigadora Titular C.

La también responsable del Doctorado en Ciencias con Orientación en Medicina Molecular es presidenta del Comité de Investigación de la UAMHCS, responsable del Laboratorio de Medicina Molecular UAZ, así como líder del cuerpo académico UAZ 207 Medicina y Epidemiología molecular.

Aunque los cargos que ahora ostenta Martínez Fierro se resumen en estas líneas, la investigadora aceptó que fue difícil obtener cada uno de ellos, no solo por el trabajo y la responsabilidad que implican, sino por la desigualdad que existe en las oportunidades para las mujeres.

A pesar de demostrar la capacidad con la que ellas cuentan para desarrollarse en el ámbito científico, la doctora consideró que es lamentable que en Zacatecas, en términos de la carrera en investigación, “ni un nivel 2 (en SNI) vuelve visible a una mujer”.

“Es interesante porque, en el caso de los hombres, incluso alcanzar una candidatura les hace merecedores a un reconocimiento espectacular, comparado con el que se le hace institucionalmente a una mujer”, argumentó.

Hasta el año pasado, en la máxima casa de estudios del estado solo se tenía a tres mujeres docentes con SNI 2; por ello, con avanzar al siguiente nivel, Margarita no solo cumple una satisfacción personal, sino el deseo de que más jóvenes se involucren y exploten todo lo que pueden brindar por sus capacidades.

“Es una meta personal cubierta, pero también expresa el romper con muchos paradigmas establecidos en el estado”, afirmó. Explicó que, más allá de intentar ser un ejemplo, su estandarte para empoderar a más mujeres, principalmente a sus alumnas, ha sido el trabajo arduo y la divulgación científica.

“Algo que me inspira es que mis publicaciones y proyectos sean leídos por investigadoras de la universidad y otros lugares. Me da gusto que incluso los varones nos consideran como un referente, pero más gusto me da que las jóvenes quieran continuar generando investigación. […] A veces, el empoderamiento se obtiene sin buscarlo, a través del ejemplo, con el trabajo”.

Arduo trabajo

Margarita Martínez detalló que, para ser reconocida en este nivel, donde destacan solo investigadores que generan conocimiento científico a nivel nacional, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) tomó en cuenta sus 73 artículos de investigación publicados en revistas indexadas y específicas, ya que son las consideradas de prestigio para el SNI; todo éstos se publicaron en inglés.

También se consideraron los 23 trabajos de investigación que dirigió de tesis, su participación en la formación de cuatro grupos de investigación, además de su contribución para obtener a través de proyectos, recursos para la generación y el equipamiento de 15 laboratorios y espacios destinados investigación creación científica en la UAZ.

Otros de los requisitos para alcanzar el nivel 3 fueron sus más de 200 congresos nacionales e internacionales, 31 reportes de investigación derivados de 11 proyectos de investigación financiados, así como todo lo que tiene que ver con la generación de propiedad intelectual y calidad gestión académica dentro y fuera de la universidad.

En lo que va de la pandemia, el trabajo de Martínez Fierro ha tomado gran relevancia, ya que logró que la máxima casa de estudios del estado iniciara investigaciones específicas, con las cuales llegaron otros beneficios como poder hacer pruebas del coronavirus y otras investigaciones.

Acumula cuatro artículos publicados, orientados a las líneas de detección de SARS-CoV-2, así como colaboraciones para el tratamiento incluidas en guías para la COVID-19, mismas que la Organización Mundial de la Salud (OMS) retomó. Otro más fue un estudio de los pacientes contagiados de poblaciones vulnerables, considerando a los adultos de la tercera edad, migrantes y personal de salud.

“Ésos son los tópicos que hemos abordado en la parte de COVID. Hemos estado encargados del área de extensión, pero no hemos dejado la parte de investigación, para que esa generación de conocimiento realmente sirva como base para su aplicación inmediata”, puntualizó la científica.

Precisó que el mejor consejo que puede brindar a las mujeres para lograr sus metas parte del compromiso propio: “siempre hay que creer realmente que vamos a conseguir todo lo que nos propongamos”.

La investigadora agregó que el esfuerzo, el trabajo, la dedicación y la responsabilidad son necesarios para adquirir puestos o títulos, aunque las mujeres pueden enfrentarse a más barreras por prejuicios. “Hay que picar piedra y escalar, porque la mujer puede romper ese tipo de barreras y alcanzar sus metas”, concluyó.

Nota: ALBERTO MORONES

María Enriqueta, abrirse el paso

María Enriqueta Rodríguez Escobedo es otro gran ejemplo de las mujeres que se desempeñan en la atención a la pandemia. Ella es una doctora zacatecana que desde abril de 2020 fue nombrada supervisora estatal de los hospitales de los servicios de salud, en reconocimiento a sus capacidades en esta área.

Rodríguez Escobedo resaltó que la emergencia sanitaria representó cambios radicales para el personal de salud, por lo que cada día se levanta con mejor actitud para desempeñar su labor, una que -resaltó- años atrás no se hubiera pensado en destinar para una mujer.

Resaltó que, frente la exclusión que ha padecido el sector, las mujeres han logrado abrir puertas para acceder a espacios públicos de relevancia y consideró que el puesto que ocupa representa una oportunidad para empoderar a más compañeras y que se les volteé a verlas en el área de la salud, no sólo como ayudantes, sino como protagonistas.

“Trato de darles apoyo, animarlas a que se preparen, que hagan sus trabajos con responsabilidad y se refleje en sus acciones; porque la perseverancia, el amor por el trabajo que hacemos, tratando de dar lo mejor, es la clave para encontrar esas posibilidades”, afirmó.

Sin embargo, reconoció que “es cierto que hace falta mucho camino por recorrer para que los avances de equidad en la ley sean realidad”.

Enfatizó que en los hospitales se puede encontrar con médicas que se desempeñan en la consulta, como en el ingreso, o en especialidades, algo que no se veía hace 20 años, porque estos espacios eran limitados. “Ahora hay estatus más elevados, también remuneración mejor”, expresó.

Nota: ALBERTO MORONES

Anacleta y las triples labores

Desde hace nueve años Anacleta González de Alba forma parte del equipo de limpia de la capital, en el área de barrido manual. Ésta es una actividad que no se ha detenido y, con la pandemia, narró cómo sus labores como madre y ama de casa se complicaron.

Compartió que desde el inicio de la emergencia sanitaria el trabajo ha sido más pesado, pues resaltó que, pese al confinamiento, las calles del Centro Histórico de Zacatecas, su área de trabajo, están más sucias que antes de la contingencia.

“Nos encontramos muchos cubrebocas tirados, guantes, la gente no tiene consciencia de que estos materiales son un foco de infección, ya que no sabemos si quien lo estaba usando esta contagiado”, lamentó.

Resaltó que hasta el momento no se ha presentado un contagio en el departamento del que forma parte, debido a que es obligatorio el uso de cubrebocas, así como el lavado de manos constante después de tener contacto con desechos.

Otro de los aspectos que han hecho más difícil la contingencia son las modalidades virtuales de la escuela, pues su hijo de 13 años de edad debe seguir en clases y se acumulan las tareas, que ella debe supervisar.

Para completar el gasto del hogar, Anacleta también ofrece servicio de limpia en una casa, cada fin de semana, lo que le dificulta pasar tiempo con su familia.

“Este año ha sido muy difícil, nos sentimos ya cansadas, el trabajo aumentó, la falta de actividad con los hijos cada día es más complicada, porque ellos también se empiezan a desesperar”, expresó como trabajadora y madre.

Nota: Karen Calderón

Aracely y Selene, fuerza en industria

En Zacatecas son 40.7 por ciento de las mujeres que contribuyen en la participación económica del estado. Muchas pertenecen a sectores laborales catalogados como esenciales, que no pararon a pesar de la pandemia. En la minería, Aracely Martínez y Selene Gutiérrez destacan.

Aracely Martínez Salazar tiene 26 años y opera un camión de 20 toneladas al interior de una mina en Fresnillo. La joven relató que anteriormente trabajaba en una tienda de videojuegos y vio con interés ingresar a la industria extractiva. Ahora es una de las mejores.

“Cuando me dijeron que iba para operadora nunca me imaginé que iba a hacer eso, porque yo ni manejar ni nada, aquí me enseñé”, recordó. Detalló que para ingresar a trabajar en esta industria duró cerca de seis meses en espera hasta que tuvo la oportunidad, con la que ha logrado sacar adelante a su hijo.

Aracely reconoció que su ingreso fue complicado. Al inicio recibía comentarios acerca de que lo que hacía no era un trabajo para una mujer. “Muchos hombres dicen: no, es que las mujeres no pueden, pero sí, sí podemos y aquí demostré que sí pude”, sentenció.

Selene Gutiérrez se desempeña como malacatera. Ella estudió psicología educativa y ejerció más de 10 años como maestra de prescolar y primaria. Su motivación para llegar a la minería fue observar a una mujer encargada de transportar a los hombres a la mina.

“A mí me sorprendía porque era una chica chaparrita que a lo mejor ni siquiera alcanzaba el pedal del camión, pero yo veía o sea que fortaleza, o sea como mujer”, resaltó. Decidió solicitar un empleo en el sector y pasaron cuatro años y medio antes de que la contrataran; durante dos años, se ha desempeñado en distintas áreas.

Aracely y Selene compartieron que, cuando comenzaron a trabajar, había muchos estereotipos hacia ellas y sus compañeras, basados en que la industria es “un trabajo rudo, sucio y no asociado a la feminidad”. Con orgullo, ahora afirman: “hemos roto completamente este paradigma y no importa absolutamente nada el sexo”.

Coincidieron también en que su trabajo ha logrado influir no solo en compañeros, sino también en compañeras, para crear un espacio de trabajo conjunto. Selene consideró que donde falta hacerlas más notorias es en la “difusión del trabajo que realmente desempeñamos”.

Contó que otra de sus satisfacciones es ser ejemplo para su hija, quien dice que quiere crecer para ser minera. “Nos hemos desempeñado bien; creo que ése ha sido el ejemplo para otras mujeres y nos ven como lo que somos, como fuertes”, resaltó.

“Creo que el trabajo lo hemos hecho nosotras mismas, nos hemos recomendado con las actividades respecto al tiempo, a que somos cumplidas, somos puntuales, no faltamos; tenemos responsabilidades en casa, pero también cumplimos a 100 por ciento con las del trabajo, sabemos trabajar en equipo… creo que venimos con otra idea y con otra perspectiva muy diferente a los hombres”, concluyó Selene.

Nota: Abril Solís

Violencia, la peor pandemia

María Luisa Sosa de la Torre, representante de la organización Olimpia de Gouges, afirmó que la peor pandemia que afecta directamente a las mujeres es la violencia, la cual dijo es mucho más grave que la causada por la COVID-19.

Agregó que otro de los problemas es el retiro de recursos económicos asignado a programas de atención a los derechos del sector por el gobierno federal que se ejecutaban desde el Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres).

Además, se tiene la misma situación con la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia Contra las Mujeres (Conavim) con el apoyo que se otorgaba para atender las alertas de género. Sosa de la Torre explicó que esto les ha obligado a innovar en las formas de lucha y estar presentes desde las diversas visiones del feminismo.

Agregó que la preocupación colectiva de buscar soluciones a los recortes presupuestales, “porque de manera sistemática e históricamente es algo que ha venido ocurriendo a nivel federal, estatal y evidentemente de los gobiernos municipales”.

La representante de la organización mencionó que las mujeres también padecen “de manera sistemática” el desacato de normas constitucionales en detrimento del sector. “Enfrentamos desde hace muchos esta pandemia que es la violencia y deja la vida de 11 mujeres al día en nuestro país, que son asesinadas porque no se observa, no se atiende, no se considera importante que vayamos en ese número de víctimas”.

Añadió que, en el caso de Zacatecas, “en 10 años pasamos de ser un estado tranquilo a ser un estado donde está en duda y cuestionamiento que podamos transitar a cualquier hora del día, de ser libres y no víctimas. Las mujeres en nuestro estado, sólo en 2020, tuvimos 104 asesinadas, 12 casos clasificados como feminicidios y 92 como homicidios dolosos”.

A decir de la también integrante de la Red Plural de Mujeres, esto da un conteo de nueve asesinadas mensualmente en la entidad. “Tenemos una doble pandemia y, como mujeres, se nos ha incrementado la carga laboral, porque no sólo hacen trabajo de cuidado, doméstico, son las maestras y tienen que asumir ese papel por el confinamiento”.

Además, María Luisa Sosa dijo contar con el registro de que muchas “han sido confinadas con hombres que han sido agresores y, de acuerdo a las cifras de la Secretaría de la Mujer (Semujer), en el momento más álgido de la contingencia se tuvieron que atender más de 50 mil pidiendo apoyo por vivir violencia al interior de su casa”.

Recordó que, de cada 100 delitos que se cometen, sólo cinco se denuncian y “del total de casos denunciados, sólo cinco por ciento se resuelven”. Esto lleva a que el número de mujeres violentadas que lograron realizar una llamada para pedir ayuda está muy por debajo del total de quienes sufren algún tipo de violencia a consecuencia de vivir en confinamiento.

La activista llamó la atención en que las cifras oficiales no han considerado, al menos en Zacatecas, “el tema de trata de personas, conocemos algunos datos porque se reportan en el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), al igual que el de personas desaparecidas”.

Finalmente, recordó que mantendrán el dedo en el renglón de la lucha feminista y, en el proceso electoral, buscan acercamientos con todos los candidatos, no sólo a gobernador, sino a cada cargo de elección popular, para fincar las bases de hacer visibles los problemas de las mujeres y sean atendidos estos problemas.

Nota: Saúl Ortega

Susana, en la primera línea

Susana María Raudel Romero Hernández, paramédico de Protección Civil, tiene 16 años en esta labor, 10 de ellos en la coordinación estatal. Su trabajo cambió con la llegada de la pandemia y, al inicio, recordó, lo que más pesó fue “la ignorancia o falta de comunicación y de datos a la población”.

Criticó que, pese a enfrentarse a un agresivo virus, “la gente pensaba que era un invento y eso complicó las cosas”. Ahora, dice, todo el personal está cansado, algunos se infectaron, otros se recuperaron y “muchas personas se quedaron en el camino”.

Añadió que otra de las dificultades en su trabajo de combatir la pandemia es seguir con la atención: en accidentes, ataques de la delincuencia, víctimas de violencia familiar, enfermos crónicos. “Quisiera decirle a la gente: neta, pónganse las pilas, ya basta, cuídense, si no es por ustedes, que sea por los demás”, expresó.

Susana relató que hace más de un año que no convive con su familia porque sigue trabajando con pacientes contagiados y se considera a sí misma “un foco de infección”. Pese a las medidas que implementó, ella resultó positiva a COVID y, tras el aislamiento de quince días que vivió, sigue con secuelas.

Al desempeñarse en una corporación en su mayoría integrada por hombres, Susana narró que el principal aprendizaje de la pandemia fue consolidar el trabajo en equipo, que “todos valen” y pueden desempeñar las mismas actividades.

“A ellos no les pesa tomar una escoba y barrer y a mí no me pesa cargar un paciente, manejar las mangueras o alguna herramienta. Aquí en la corporación no hay distinción por sexos, no hay privilegios pero sí equipo. Se siente bien trabajar sabiendo que tienes apoyo y no hay discriminación”, resaltó.

Para la paramédico, lo más importante para las mujeres es ser independientes, por lo que afirmó que en Protección Civil siempre habrá puertas abiertas para voluntarias. “Ámate a ti misma, valora lo que tienes, hay mujeres en instituciones trabajando para ti, somos fuerte y eres más, no menos”, fue su mensaje.

Nota: EMMANUEL LLAGUNO

Silvia Quiñones, llevar las riendas

La responsabilidad de mujeres en cargos públicos se vive en estos momentos más fuerte que nunca. La alcaldesa de Tepechitlán, Silvia Quiñones Leyva, explicó que fue todo un reto estar al frente de un gobierno durante la emergencia sanitaria, para la que “nadie estaba preparado”.

Quiñones Leyva dio de qué hablar al inicio de la contingencia. Apenas a meses de llegar los primeros casos a Zacatecas, en mayo, Tepechitlán estuvo en la mira al registrar uno de los primeros decesos y ser uno de los municipios que pronto acumuló varios contagios.

“Ya nos cansamos como autoridades municipales, y lo digo con mucho respeto, de estar insistiendo para que todos atiendan los protocolos sugeridos”, declaró en su momento y advirtió que tomaría las riendas de manera firme: “las estrategias y acciones de higiene a aplicar serán más radicales”.

Advertía así el inicio de un “toque de queda” que inconstitucionalmente estaba prohibido, por lo que de inmediato saltó a los titulares incluso nacionales. Sin embargo, defendió que se aplicó con un acuerdo avalado por el cabildo para lograr el confinamiento, además de extremar vigilancia en espacios públicos.

De esa medida no se arrepiente, dice. Se trató de lograr “un aislamiento responsable y tomar esa decisión fue muy atinada”, ya que hasta ahora ha sido una lucha permanente con la población que de por sí no ha entendido que es la que puede erradicar la pandemia con su actuar, explicó.

La alcaldesa consideró que la contingencia sanitaria no es más que otro reto que tuvo que afrontar, “por fortuna pudimos salir avante con esa situación”. “Las mujeres demostramos que estamos preparadas totalmente para afrontar retos, más entre quienes tenemos ese ánimo de perseverancia”, argumentó.

Agregó que la crisis sanitaria la motivó, como gobernante, a ampliar sus gestiones como la de la adquisición de una ambulancia, para un municipio que nunca tuvo una. En ese momento, la demanda de la ciudadanía era reparar calles, pero ella optó por priorizar la salud: “lo más atinado que pude hacer”.

Adquisiciones de despensas por personas vulnerables en confinamiento, más equipo para Protección Civil, modificaciones al presupuesto, entre otras medidas fueron las que decidió en Tepechitlán.

“Cuando llegas a la presidencia, llegas con grandes sueños, con muchas expectativas de poder hacer, cambiar, modificar y nos encontramos ante una gran realidad: la falta de recursos; aunado a eso, la pandemia”, lamentó.

Nota: Cuquis Hernández

Yolitzi: de la necesidad al negocio

Con la llegada de la pandemia, hubo mujeres que se enfrentaron a complicaciones económicas sobre todo para aquellas con sus negocios propios, éste fue el caso de Ayerim Cásarez, quien elabora artesanías y macetas para la venta en bazares y redes sociales.

Fue hace tres años que fundó Yolitzi, un proyecto del que ella es la mente creativa y que comenzó como un autoempleo para ofrecer sus productos, ganar dinero y ser su propia jefa. “Todo nació de la necesidad, cuando tuve a mi hija trabajé para otras personas, después perdí el apoyo que tenía de la guardería de mi segundo hijo, me quedé sin trabajo y decidí comenzar a crear de lleno dese casa y cuidar a mis hijos”.

Todos los artículos los realiza ella misma de manera artesanal, para después venderlos a través de pedidos en redes sociales o en el bazar sabatino que se instala en la Alameda Trinidad García de la Cadena.

La emprendedora afirmó que, antes de la contingencia, la venta de las macetas y artesanías era buena, pero hace un año se dificultó el negocio, sus pedidos escasearon y duró hasta tres meses sin tener uno solo. “Tuve que vender comida con todas las medidas sanitarias, después también bajaron las ventas y regresé de lleno a las macetas y plantas”, precisó.

Expuso que con el encierro hubo cierta desconfianza para las entregas y, mientras otros podían resguardarse, ella debió salir para recuperar sus ventas. “El mismo aislamiento hizo que más personas se interesaran por tener plantas en sus espacios, tuve más confianza de interactuar, de salir con las medidas de precaución y mejoró”.

Sin embargo, la emergencia sanitaria ocasionó jornadas de trabajo más extensas, en las que tiene que combinar el cuidado y la fabricación de productos, además de la entrega en puntos acordados y exhibición en el Bazar Alameda.

“Como a todas las mujeres, ahora son cuádruples jornadas de trabajo las que estamos teniendo las 24 horas a raíz de la contingencia: tenemos que quebrarnos todo el día para sacar para la comida, sino estar en las labores de las escuelas, asear, dar de comer y genera crisis psicológicas que tratamos de sobrellevar”.

Yoliztli ha sido un gran apoyo para ella como jefa de familia que tiene un hijo y una hija que sacar adelante, en una época complicada.

Nota: Alejandro Castañeda

Elena, escapar de su propia casa

Según los registros del Banco Estatal de Datos de Violencia contra las Mujeres (Banevim), en 2020 este problema creció 62 por ciento en comparación con 2019. El tipo de agresiones que sufrieron más las zacatecanas fueron las psicológicas, que representaron 46.1 por ciento de los casos.

Pero también se incrementaron los ataques físicos, correspondientes a 25.2 por ciento del total; la violencia económica, con 17.8 por ciento; la sexual, 5.5 por ciento, y la patrimonial, con 3 por ciento.

En las cifras de víctimas se incluye a Elena (nombre cambiado por seguridad), quien padeció distintos tipos de agresiones de su pareja sentimental, durante el confinamiento por la pandemia.

Elena, madre de dos menores, platicó que al comienzo del encierro pensó que tener a su pareja en casa sería un apoyo para ella, como ayuda en las labores domésticas o en el cuidado de los hijos; sin embargo, esto no ocurrió y, al contrario, se convirtió en una carga más durante el encierro.

Narró que, durante las primeras semanas, la violencia era psicológica, con comentarios que la hacían sentirse mal por labores de la casa y cuidados de los niños. “Luego fue cuando comenzaron las palabras más fuertes, diciéndome que era una inútil y, cuando no tenía la comida a la hora que se acostumbraba antes de la pandemia, tiraba el plato donde le servía y se salía de la casa a comer con su mamá”.

Después, su pareja aumentó el consumo de alcohol y empezaron las agresiones físicas. “Al principio solo me arrinconaba en la cocina y me apretaba fuerte la quijada, diciéndome que no servía para nada, porque no podía atender mi casa, a mi hijos ni a él”.

“Un día que llegó tomado y enojado, fue cuando me golpeó por primera vez. Pensé que solo estaba estresado, pero como no dije nada, le di pauta para que continuara golpeándome al menos un día a la semana. Eso no pude aguantarlo, porque ya cuando me pegaba era frente a los niños y por eso decidí escapar”.

Elena relató que contactó a un grupo de mujeres que le aconsejaron ir a un albergue, pero no pudieron darle asilo debido al número de víctimas, por lo que acudió a otro colectivo que le dio techo a ella y a sus hijos para que su agresor no los encontrara.

Tras la situación de violencia, se enteró por conocidos que su ex pareja la estaba buscando, situación que le causó ansiedad y decidió mudarse de municipio, donde inició su negocio con un puesto de comida y hasta el momento con esto se mantienen ella y sus hijos.

Elena resaltó que experiencias de este tipo le hicieron reforzar la ayuda entre mujeres y las redes de apoyo. “Después me enteré de otra muchacha que vivía los mismos maltratos que yo. Recordé todo lo que me paso y empaticé mucho con la muchacha pues también tiene dos niños pequeños y le ayudé primero dándole comida y ahorita entre las dos mantenemos el puestito de comida”.

Nota: Franzely Reyna

Eva Hernández, cuidar a otros

Eva Hernández Ruíz, enfermera del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y quien ha estado en área COVID durante al menos seis meses, no se siente una heroína por su trabajo, como se ha dicho del personal de salud, pues solo piensa en su mayor deseo: ayudar a que los pacientes se recuperen.

En una profesión históricamente asociada a las mujeres, el mayor conflicto emocional de Eva, de acuerdo con su propia experiencia, es ver cómo hay enfermos que presentan muestras francas de recuperación y de pronto su sistema inmunológico comienza a decaer y repentinamente pierden la batalla ante la enfermedad.

“Verlos fallecer es muy deprimente, queremos que se recuperen y, aunque les demos mucho apoyo, no podemos salvarles”, relató. Para la enfermera, el día a día laboral inicia con una oración mientras se pone el equipo necesario para ingresar al área COVID. “Pido a Dios no contagiarme, pues al ver a los pacientes es muy difícil no sentir miedo a contraer la enfermedad”, explicó.

En la primera línea de batalla la faena diaria es dura, porque es necesario estar al pendiente de cada uno de los enfermos, cambiarlos constantemente porque en su mayoría sufren de diarrea, estar al pendiente de remplazar el oxígeno que, “afortunadamente ahora ya no hacen tanta falta porque hay menos enfermos”.

En las ocho horas de estar en el área de pacientes que contrajeron el virus SARS-Cov2 sólo cuenta con una hora para hidratarse, comer, ir al baño y darse un respiro del estrés que produce estar bajo la careta, lo visores y varias mascarillas, además del traje sofocante que cubre todo su cuerpo.

Hacia el final del día y el anhelo de estar con su familia se diluye: “estoy aislada por el temor de contagiarlos”. Así que cuando llega a su hogar sube directo a su recámara, se cambia la ropa y desinfecta todo lo que pueda tocar en el camino para asegurar que los suyos estén a salvo de la enfermedad.

“Me compran charolitas desechables y me llevan la comida al cuarto. Cuando me baño desinfecto todo porque sabemos de compañeros a quienes se les ha muerto un familiar porque se enfermaron”, lamentó durante su relato.

Pese a estos esfuerzos y ser consciente de que su labor llega a salvar vidas, Eva reiteró: “creo que ninguno de nosotros nos vemos como héroes. En mi caso no lo veo así, como una heroína, porque sólo quiero que el paciente salga adelante”.

Nota:  SAÚL ORTEGA

Rita, perder lo más querido

Para Rita, de 57 años, la contingencia la ha dejado sin dos de las personas que más ama: su madre y el hombre con el que compartió 35 años de vida y con quien tuvo dos hijas. Fue en diciembre cuando su familia se contagió a pesar de ser restrictivos con sus salidas y con quien recibían en casa.

Su esposo y ella resultaron positivos, ella asintomática, pero él presentó complicaciones cada vez mayores por lo que un día marcó al 911 y tuvo que ser trasladado al Hospital General de Fresnillo. Todo parecía mejorar, estaban en comunicación y, de un día para otro, fue trasladado a la Unidad de Especialidades Médicas (Uneme) de Guadalupe, donde falleció a los 15 días.

Antes de que lo intubaran se comunicaron, le informó a Rita que dejaría el celular y la cartera con tarjetas y algo de efectivo en trabajo social, al igual que su ropa. Cuando ella fue al hospital a reclamar las cosas, le dijeron que no había ningún registro y, tras una guardia de dos días que hizo una de sus hijas, decidieron abandonar, para evitar más desgaste.

Aún estaban en el novenario de su esposo cuando su madre falleció apenas una semana después y la vida de Rita cambió por completo. Se desdibujó esa sonrisa que siempre la caracterizaba, se volvió más pensativa y se presentó un llanto interno, sin lágrimas en los ojos, así lo definió.

Expuso que de joven no quiso seguir con los estudios de enfermería porque contrajo matrimonio, tuvo a su primera hija, tres años después a la segunda y decidió dedicarse al hogar. Su esposo tenía su propio negocio, al igual que su mamá, la venta de ropa y zapatos, tiendas que deberá atender junto con sus hijas, quienes estudian en la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ).

Reconoció que aún no asimila las dos pérdidas, por lo que considera acudir a terapia psicológica como se lo recomendaron sus hijas. A pesar de los momentos difíciles, afirmó que de vez en cuando sonríe y se motiva a seguir con el negocio familiar, gracias a sus hijas, quienes celebró podrán cumplir un sueño que ella frenó: tener una carrera universitaria.

Aseguró que no se arrepiente de nada, pues disfrutó de su madre a lado de sus hermanos, de su esposo con sus hijas y ahora será por ellas que siga adelante.

Nota : ALEJANDRO CASTAÑEDA


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