ALEJANDRO CASTAÑEDA/NTRZACATECAS.COM
ALEJANDRO CASTAÑEDA/NTRZACATECAS.COM

Éste será el cuarto año que Elena Castor pasara el Día de las Madres sin recibir la llamada telefónica de su hijo Jazheel, quien desapareció en Río Grande. Como él, en el estado se estima hay mil 845 personas desaparecidas o no localizadas, de las que 70 por ciento fueron reportadas durante los cinco años recientes.

La falta de oportunidades obligó a Elena Castor a migrar a Estados Unidos, desde donde se comunicaba con el menor de sus hijos para reiterarle la promesa de miles de familias separadas por la migración: que pronto se volverían a ver; sin embargo, esto no se pudo cumplir.

Jazheel desapareció el 28 de septiembre de 2016 en la comunidad Loreto, de Río Grande. “Apenas tenía 17 años, estudiaba en el Cecytez”, recordó la madre, quien reconoció que en ese momento no denunció por temor.

En el camino por investigar qué pasó con su hijo, Elena encontró a otras personas, otras madres, que atravesaban por la misma situación y formaron el colectivo Familias Unidas en Búsqueda de Una Esperanza Zacatecas.

Actualmente, más de 50 mamás de desaparecidos integran la organización, quienes participan en la búsqueda y exigen a las autoridades que encuentren a los suyos. “Morimos a medias, vivimos a medias y todo para que nos digan dónde están nuestros hijos”.

Desde Estados Unidos, Elena forma parte del colectivo y alienta a las familias a no desistir. “No conozco físicamente a ninguna de las más de 50 madres, llevamos 4 años 6 meses caminando y luchando a la distancia con ellas, porque tenemos un mismo dolor: perder un hijo y no saber dónde está”.

Recalcó que ésa es la pregunta constante: “¿dónde están?”, tanto para las autoridades como para las personas que aún viven, cumplen una condena en la cárcel y saben dónde podrían buscar. “No queremos venganza, sólo les pedimos eso: que nos digan dónde nos los dejaron, porque nuestros desaparecidos tienen un rostro y un nombre que no deben ser olvidados”.

 

Revictimizados

Según el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (Rnpdno), Río Grande −donde desapareció Jazheel− se ubica como el cuarto lugar de los municipios con más reportes en Zacatecas, con 93, después de la capital (274), Fresnillo (272) y Guadalupe (208).

La mayoría de las víctimas tenían de 20 a 24 años cuando se les perdió el rastro, seguida de los de edades de 15 a 19, entre ellos el hijo de Elena. También destaca que los últimos años aumentó la cifra de casos en los que la hipótesis de no localización se clasifica como “se desconoce”.

Elena Castor lamentó que la sociedad haga prejuicios sobre la desaparición de los hijos de las madres del colectivo, ya que constantemente tienen que lidiar con insinuaciones de que las víctimas “andaban en malos pasos”.

“Si ellos andaban mal, como dicen, nosotros los familiares no tenemos la culpa, estamos pagando algo que hicieron o quizás no pero, si ya nos los mataron, ¿porque nos los siguen escondiendo?”, reviró.

Con lágrimas, Elena lamentó el reciente fallecimiento de una de las madres de la organización: Antonia Domínguez Juárez, quien los últimos años de su vida fueron de lucha por encontrar a su hijo Marco Antonio Domínguez y no lo volvió a ver.

“Nuestra compañera se fue sin poder saber dónde está su hijo y, como ella, ha habido muchas madres que ya no están, quienes murieron buscando, aunque nosotras, desde que perdemos a un hijo, estamos muertas en vida”, expuso.

A pesar de que ya serán cinco años que desapareció Jazheel, Elena Castor rechaza creer que el tiempo lo cure todo. “Yo sigo sintiendo todos los días el mismo dolor de cuando se llevaron a mi hijo aquel miércoles, a las 2 de la tarde”, recordó con precisión.

Describió cómo sintió que “el mundo se vino abajo” cuando le dieron la noticia y que la impotencia se multiplicó al no poder estar cerca para buscarlo; desde entonces, vive en constante sufrimiento.

Compasión

Madres de desaparecidos en Zacatecas convocaron a la Jornada por la Dignidad y la Justicia, que será este lunes 10 de mayo; las actividades iniciarán con la acción simbólica de cambio de nombre de las calles por el de buscadores y familiares víctimas, una misa en Catedral y una marcha a la par que se realizará en otros estados del país.

“Les pido a aquellos hijos que están en la cárcel que agradezcan que ellos están vivos, que pueden hablar con su mamá, la pueden ver al menos una vez al mes, pero a nosotros nos quitaron ese derecho”, reprochó Elena.

La madre activista insistió en pedir a quienes sepan de lugares con cuerpos o restos de personas que revelen la ubicación para que más familias tengan el consuelo de saber dónde están los suyos. “No solo soy yo, somos más de 50 madres en el colectivo, en el estado muchas más y en el país es incalculable el número de mujeres que estamos destrozadas”, enfatizó.

Reiteró que no buscan una venganza contra quienes cometieron los delitos contra las víctimas ni contra las autoridades, sino que solo quieren encontrar a sus familiares. “Hay madres de quienes se llevaron a nuestros hijos y nosotros ya no tenemos nada, ni un lugar digno a donde rezarles o llevarles una rosa”.

Para ella, el regalo sería saber el paradero de Jazheel, aunque fuera una notificación de ADN que confirmara que uno de los tantos hallazgos se trata de su hijo. “Con eso, yo me sentiría más tranquila”, finalizó.

 

 


Los comentarios están cerrados.