Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento

“Antes le llamaban sensacionalismo. ahora es amarillismo”.

Andrés Manuel López Obrador

 

A seis días de la jornada electoral se han registrado 782 agresiones contra actores políticos, ya arriba de las 774 de 2018. Lo que más inquieta es que hasta el 30 de mayo se acumulan 89 asesinatos de actores políticos, de los cuales 35 son de candidatos o aspirantes a candidaturas.

Al presidente López Obrador no le preocupa. Como suele hacer con tantos problemas, ha culpado a los medios. El 27 de mayo declaró: “Hay circunstancias especiales, como ahora que hay una elección, que se complica porque se trata de una contienda política, hay intereses. Y también los medios de información -no todos, desde luego-con el afán de enrarecer el ambiente. antes le llamaban sensacionalismo, así se le llamaba, ahora es amarillismo. Entonces, como hay ahora una polarización política obvia, porque se agrupó todo el conservadurismo en contra de nuestro proyecto y los medios han tomado partido, pues todo esto se magnifica. Es normal, es un asunto de la temporada”.

Yo no pienso que deba ser normal o un simple asunto de la temporada. Son 89 los participantes de la vida política, incluyendo 35 candidatos o aspirantes a candidaturas, los que han perdido la vida en el intento de participar en la vida política (todas las cifras son de Etellekt al 30 de mayo). Es una tragedia enorme.

El 75 por ciento de los políticos asesinados eran opositores a los gobiernos estatales. De los 35 candidatos o aspirantes muertos, 30 competían por cargos municipales: 22 por alcaldías, siete por regidurías y uno por una sindicatura.

Muchos piensan que este ha sido el proceso electoral más violento de la historia reciente, pero no es así. El de 2018 lo fue todavía más, por lo menos en homicidios. Si hacemos a un lado las agresiones y los delitos, estamos todavía a cierta distancia de alcanzar los niveles de asesinatos de 2018. En el proceso de aquel año fueron asesinados 152 políticos, de los cuales 48 eran candidatos o aspirantes a candidaturas. Aun así, es moralmente inaceptable menospreciar estas muertes, considerarlas un simple fenómeno de temporada o, peor aún, atribuir los actos de violencia a los medios que no hacen más que reportarlos.

Además de los políticos asesinados, han perdido la vida 11 colaboradores de políticos y 35 familiares. Han sido asesinados, de igual forma, 99 servidores públicos de todos los niveles y los tres poderes, la mayoría mandos de las fuerzas de seguridad estatales y municipales. Quizá sean policías, pero también son seres humanos con familias.

Es demasiado fácil echarle la culpa al crimen organizado, como se hace siempre. La verdad es que no hay claridad en el tema. Para empezar, no conozco ningún caso resuelto que nos permita conocer las motivaciones. Muchos de los ataques podrían deberse a disputas locales y no necesariamente al crimen organizado. No se entiende, por otra parte, por qué alguien querría matar a candidatos, con todo el riesgo que esto implica, que están muy lejos de conseguir un triunfo electoral. Es el caso de Alma Barragán, la abanderada de Movimiento Ciudadano en Moroleón, Guanajuato, pero de muchos otros también.

Ni el conservadurismo ni los medios son los responsables. La característica que más distingue a los asesinados no es ser de izquierda ni de derecha, sino de oposición a los partidos de gobierno. Lo único que han hecho los medios, por otra parte, es reportar estas tragedias personales y familiares. No es normal, ni tampoco un asunto de temporada.

 

Cruz Azul

Álvaro Dávila, el romántico compositor metido a dirigente de futbol, fue nombrado presidente del Cruz Azul apenas el 7 de enero en un momento muy complicado: por la pandemia, pero también por los problemas internos de la cooperativa Cruz Azul. Sin recursos, Dávila hizo campeón al equipo por primera vez en 23 años. ¡Es un enorme logro!

 

Twitter: @SergioSarmiento


Los comentarios están cerrados.