Miguel Moctezuma L.
Miguel Moctezuma L.

Necesaria, una política de Estado para Zacatecas

 

El diseño de las políticas públicas se formula poniendo por delante los objetivos estratégicos; es decir, se prioriza sólo aquellos objetivos sobre los cuales se pretende intervenir. Con frecuencia, la falta de experiencia conduce a diagnósticos pormenorizados, donde todo adquiere el mismo nivel de importancia y no permite intervenir con eficacia en ningún aspecto, sobre todo, cuando a partir de ello es posible desencadenar distintas sinergias. Esto forma parte del ABCD de la política pública y de un gobierno que pondrá en el centro la política de la planeación y la intervención social. El slogan dice: démosle rumbo a Zacatecas a través de una política de estado.

Reflexionemos sobre un ejemplo histórico de Zacatecas, en donde se deja claro, que el éxito de una política de estado condujo en aquel entonces con una ruptura del tradicionalismo y hoy, a partir de la 4T se requiere otra ruptura, pero en este caso con la visión dominante de los grupos dominantes y particularmente con la clase política que caracteriza a la entidad.

El General Enrique Estrada nació en Moyahua el 18 de febrero de 1890. Su presencia antes y después de la Revolución Mexicana fue tan intensa como la de su hermano Roque Estada, ambos estuvieron vinculados a Francisco I. Madero y defendieron su legado. Enrique Estrada fue un federalista destacado, su aporte al federalismo no ha sido reconocido. Su grandeza radica en que siendo gobernador de Zacatecas (1916-1920) fue capaz de diseñar un proyecto de desarrollo agrario propio para la entidad, mismo que tuvo tanto éxito que aún sobrevive y cuya vigencia está viva en lo que hace tiempo llamé La Otra Reforma Agraria. En las líneas que siguen, y, a diferencia de la inercia que caracteriza a la clase política de la entidad, me propongo mostrar la necesidad de recuperar y reemprender iniciativas de desarrollo en donde lo primero que debemos de reconocer es la necesidad liberarnos del pensamiento reiterativo y de aldea.

Siendo gobernador del estado, Enrique Estrada logró diseñar y poner en marcha una iniciativa de Ley Agraria que figuró como modelo a seguir por otras entidades. Su proyecto tomó forma en lo que fueron las Leyes Agrarias locales de 1917 y 1919, en ellas se esboza un enfoque distante respecto del Ejido.

Mi acercamiento a Enrique Estrada surgió inesperadamente en 1986 al indagar la estructura económica de Zacatecas de la década de los años veinte del siglo pasado. Al revisar el Archivo de la Legislatura del Estado, aún sin su clasificación, sobre la evolución de la agricultura me encontré con el fraccionamiento de las grandes haciendas. No era la versión del ejido, sino una nueva modalidad cuya propiedad no era completamente privada, pero tampoco social; en efecto había dado con una forma de propiedad mixta. Recuerdo que años después presenté una ponencia en II Encuentro de Historia Económica del Norte de México, 2 y 3 de abril de 1992 en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Nuevo León cuya convocatoria estuvo a cargo de el Dr. Mario Cerutti P. Cuando exponía, el Dr. Cerutti llamó la atención de sus alumnos cuando dije: “buscando la reforma agraria que dio origen a los ejidos fui a dar con la otra reforma agraria y tuve que volver a revisar nuevamente todo ese periodo: había dado con la otra reforma agraria…” En efecto, entre 1917 y 1932 YA SE HABÍAN FRACCIONADO Y ENTREGADO A CASI 8 MIL “FRACCIONISTAS” CERCA DE UN MILLÓN DE HECTÁREAS, CUYO PROMEDIO ERA DE 84.5 HECTÁREAS POR FRACCIONISTA. Aquí lo interesante es que se trataba de tierras de buena calidad para la explotación de agricultura, cuyo éxito hizo que Zacatecas se transformara desde entonces en el principal productor del frijol del país.

Estrada declaró: “En el Artículo 27 se señalan dos caminos para la resolución del problema agrario: uno, restringido, anticuado, casi reaccionario, como herencia de la época colonial, en desacuerdo con las necesidades del progreso moderno y por tal motivo sólo debe ser usado en casos de excepción: el sistema de ejidos… “El otro camino, el que va al fondo del problema, teniendo en cuenta las necesidades modernas y los nuevos conceptos de justicia social, el netamente revolucionario, es el fraccionamiento de los latifundios. Este camino consagra la fijación de un límite legal a la propiedad de la tierra. Para poder satisfacer con el excedente las necesidades de los campesinos que deseen convertirse en propietarios”.

 


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