CLAUDIO MONTES DE OCA / NTRZACATECAS.COM
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Los efectos de la erosión y pérdida de fertilidad de la tierra persisten, pese a los esfuerzos gubernamentales y de organizaciones para mitigarlos mediante programas y proyectos, reconoció José Rodríguez Elías, subsecretario de Suelos de la Secretaría del Campo (Secampo).

Explicó que 80 por ciento del suelo zacatecano está en estas condiciones, principalmente a consecuencia de las actividades agrícolas no planificadas, el crecimiento poblacional y la industria, según la Organización de la Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés).

Sin embargo, el porcentaje aumenta en comparación con estudios de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el Instituto Politécnico Nacional (IPN) y el Colegio de Postgraduados (Colpos), según los cuales “la afectación es de hasta 85 por ciento”.

El subsecretario de la Secampo explicó que los casos de desertificación más graves en Zacatecas están en los agostaderos ejidales y en las áreas de monocultivo, al ejemplificar con la zona frijolera de Río Grande, Sombrerete, Chalchihuites, Miguel Auza y Juan Aldama.

“Los suelos son aptos para el frijol, pero se van desgastando porque todos los años son los mismos requerimientos de la misma planta y no dejas que se recuperen porque enseguida de que levantan la cosecha mandan a los animales y todo el esquilmo lo levanta el animal. No le devolvemos al suelo un poquito de lo que nos da”.

Recordó que el estado promueve la reconversión de cultivos para la agricultura de conservación; sin embargo, son los mismos campesinos quienes en ocasiones se niegan a cambiar, por lo que “en el sureste hay problemas de suelos ácidos donde ya no se produce ni la mitad del maíz que se solía producir”.

Expuso que la Secampo tiene un programa para implementar la ganadería para recuperar los nutrientes de la tierra, pues el especialista aseguró que “los suelos del estado más que agrícolas son ganaderos, sobre todo de ganado menor”.

Rodríguez Elías cuestionó el trabajo de las instancias que manejan investigaciones, como las de universidades y del Instituto Nacional de Investigación Forestal Agrícola y Pecuaria (INIFAP), pues “no han contribuido a orientar mejor a los productores”.

“Todas las instituciones tienen investigaciones que no sirven de nada. No se da conocer lo que realmente nuestros suelos necesitan para su conservación y un mejor aprovechamiento que se refleje en el rendimiento de nuestras cosechas”, reconoció.

Además, detalló que conforme crecen las manchas urbanas se contaminan los ríos debido a la falta de planeación, lo que lleva a una afectación “tremenda al suelo, al no tener una planeación para aprovechar las aguas que utilizamos y hacerlas que nuevamente sean de uso humano y agrícola”.

Problema grave

De acuerdo con un artículo publicado en la Gaceta de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la contaminación, la salinización y la eutrofización se presentan en el país sobre todo en Tamaulipas, San Luis Potosí, Chiapas, Nuevo León, Guanajuato, Sonora, Sinaloa y Zacatecas.

Cerca de 92 por ciento del suelo afectado en el país tiene pérdida de fertilidad, por lo que desde 2016 se emprendió una iniciativa de Promoción del Manejo Sostenible de la Tierra, en la que también participan las secretarías de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader), del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), la Comisión Nacional Forestal (Conafor), la FAO y sociedad civil.

De esta manera, se impulsó un modelo de desarrollo rural territorial en más de 8 mil hectáreas en zonas semiáridas en Hidalgo, Oaxaca y Zacatecas. José Rodríguez aceptó que “se han tenido buenas intenciones”, pero consideró que no se tienen los resultados deseados para revertir el problema.

“Hay algunos estudios y buenas intenciones de los gobiernos que han establecido algunas buenas prácticas, sobre todo en los crecimientos urbanos y en el manejo de su agricultura, pero no han sido suficientes: la desertificación sigue creciendo desde las comunidades, es un problema grave”.

El funcionario de la Secampo lamentó que las actividades agrícolas, pecuarias, industriales, de vivienda y los hábitos diarios de los humanos contribuyen poco a poco a la degradación de los suelos: “la basura, el mal uso del agua, la toxicidad que le estamos dando con tanto insumo agrícola, sobre todo pesticidas y la fertilización”.


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