ALEJANDRO CASTAÑEDA / NTRZACATECAS.COM
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La violencia de las pandillas y la crisis política por la que atraviesa Honduras orillaron a Julio a salir de su país, junto con su novia Wilma, para llegar a México e intentar cruzar a Estados Unidos, tuvieron un intento fallido y desde hace cinco meses los acompaña su bebé Jasli.

“La situación es complicada, se vive violencia de las pandillas, la situación económica no es buena y lo mejor es salir de ahí”.

En plena contingencia decidieron aventurarse en camino hacia el norte, con la intención de estar del otro lado de la frontera, con la esperanza de que su vida mejore.

Hace semanas llegaron por fin a la frontera de Piedras Negras con la intención de cruzar, pero fueron regresados hasta el sur de México y decidieron ir por una segunda oportunidad, fue así que llegaron a Zacatecas.

Julio aseguró que en comparación con los estados del sur y de la Ciudad de México, en Zacatecas la gente los ha apoyado, no han sido discriminados por no ser mexicanos y las autoridades no los han hostigado.

Fue apenas hace cinco meses que nació su hija Jasli, quien es mexicana pero con raíces “catrachas”.

La familia se instaló en un tope que no es de una vialidad concurrida en los límites de Zacatecas con Guadalupe, donde desde temprano piden el apoyo de los automovilistas, quienes les dan dinero y en ocasiones víveres.

Julio carga a la pequeña y la cubre con una manta del intenso sol, mientras se turna con Wilma para poner la gorra y agradecer a quienes les dan una moneda o algo de comida.

Recordó que en Honduras tuvo varios trabajos, pero el último fue en la construcción, sin embargo, el “laburo era mucho y la paga casi nada”.

Aseguró que en Zacatecas solo durarán algunos días más, pues pretenden seguir su camino hacia la frontera.

En esta ocasión será una diferente a la de Coahuila, pero aún no deciden cuál ciudad, es algo que resolverán sobre el camino.


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