Sergio Sarmiento
Sergio Sarmiento

“En mi país primero vamos a prisión y luego nos hacemos presidentes”.

Nelson Mandela

Más pronto que tarde se confirmó que sí había una intención de encarcelar a Ricardo Anaya. El periódico Reforma adelantó ayer la existencia de un citatorio al excandidato presidencial para declarar en el Reclusorio Norte sobre acusaciones en su contra por cohecho, operaciones con recursos de procedencia ilícita y asociación delictuosa. Ayer Anaya señaló en Twitter: “López Obrador negó quererme encarcelar, pero resulta que me acaba de llegar el citatorio para una audiencia en el reclusorio norte. Los delitos que me imputan ‘solo’ suman 30 años de prisión. ¡Menos mal que su fuerte no es la venganza!”

El presidente negó ayer nuevamente estar detrás de la denuncia. Ha afirmado que esta proviene de acusaciones de Emilio Lozoya y de panistas. Inmediatamente después, sin embargo, dedicó un buen rato de su mañanera a atacar a Anaya, presentando incluso un video en el que Javier Lozano, secretario de trabajo con Felipe Calderón, cuestionaba la honestidad del hoy aspirante a la Presidencia para 2024. “El que nada debe nada teme -dijo ayer AMLO–, pero que no me eche la culpa a mí, que no sea marrullero”.

La acusación contra Anaya procede de las declaraciones de Lozoya tras su extradición a México, una vez que se convirtió en “testigo colaborador”, y de Rafael Caraveo, exsecretario particular del entonces senador Jorge Luis Lavalle, hoy en prisión preventiva. Caraveo también es testigo protegido.

Lozoya afirma que entregó dinero para sobornar a legisladores panistas para apoyar la reforma energética impulsada por Enrique Peña Nieto. No se entiende, sin embargo, por qué los legisladores del PAN, que siempre habían buscado una reforma que permitiera la inversión privada en energía, que intentaron hacerla en los sexenios de Vicente Fox y de Felipe Calderón solo para ser rechazados por los priistas y la izquierda, necesitarían ser sobornados para seguir apoyándola.

Una y otra vez el presidente López Obrador ha afirmado que él no tiene nada que ver con las decisiones de la Fiscalía General de la República, la Unidad de Inteligencia Financiera o los jueces. Sin embargo, las decisiones de las instituciones judiciales se dirigen siempre contra sus rivales políticos y críticos. En el caso de Lozoya, el único encarcelado es el panista Lavalle; ni siquiera el exdirector de Pemex ha pisado la cárcel. Lo mismo ha ocurrido en la Estafa Maestra: únicamente Rosario Robles, a quien solo se acusa de omisión en sus funciones, no de haber desviado recursos, está en prisión.

El presidente considera que estar en la cárcel por una acusación falsa es timbre de orgullo: “Incluso, no afecta ir a la cárcel cuando uno es inocente, porque cuando uno es luchador social, cuando se lucha por una causa, se puede ir a la cárcel y, al contrario de sentirse mal, se fortalece un dirigente”. Afirma que la cárcel hizo crecer a Nelson Mandela y tiene razón. Las acusaciones podrían fortalecer a Anaya. una vez que salga de la cárcel después de 30 años.

Las virtudes del martirio, sin embargo, no deberían ser justificación para que un régimen meta en la cárcel a sus rivales políticos. López Obrador afirmó en 2005 que esto trataba de hacer Vicente Fox con él, pero al final Fox impidió a la PGR que presentara acusaciones, lo que llevó a la renuncia del entonces procurador Rafael Macedo de la Concha. Mal haría ahora el presidente en avalar una acusación que tiene más de político que de jurídico. Quizá debería recordar unas palabras del propio Mandela: “Cuando salí por la puerta supe que si continuaba odiando a esta gente todavía estaba en prisión”.

 

Ante la OEA

Es absurdo que la oposición denuncie ante la OEA la injerencia del narco en las elecciones del pasado junio. El narco lleva décadas metido en los procesos electorales. Politizar el tema no es solución.

 

Twitter: @SergioSarmiento


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